Jueves, 09 Junio 2016 00:00

Muhammad Ali, eterno

 
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El legado de Ali trasciende con creces al cuadrilátero. Su memoria encuentra asilo en todos los luchadores por la paz y la libertad de los afrodescendientes El legado de Ali trasciende con creces al cuadrilátero. Su memoria encuentra asilo en todos los luchadores por la paz y la libertad de los afrodescendientes Foto Archivo

Puede que no le guste el deporte, que el boxeo no sea de su agrado, pero estoy seguro que usted sabe quién es Muhammad Ali porque el legado que este hombre dejó trasciende todas las barreras posibles. Su lucha dentro y fuera de los cuadriláteros hizo que no pasara desapercibido en este mundo y ganara así la vida eterna mucho antes de su último adiós.

Cassius Clay, nombre con el cual fue registrado ante las autoridades luego de su nacimiento el 17 de enero de 1942, fue un rebelde con causa que nunca se amilanó ante ningún reto que enfrentó; con esa característica primordial, con sus puños y su verbo mortífero, el originario de Lousville, Kentucky, logró su sitial en el mundo.

Sin embargo, la primera vez que se escuchó hablar con fuerza a Clay fue en 1960, cuando ganó en los Juegos Olímpicos de Roma la medalla de oro y luego iniciar su carrera en el boxeo rentado con el aval que da haber obtenido una presea universal en la máxima cita del deporte mundial.

     
 

Sus frases
más famosas

ComillasNEGRASgrandesSoy el más grande. Ya lo decía antes siquiera de saber que lo era. Si lo digo lo suficiente convenceré al mundo de que realmente yo soy el más grande”.

ComillasNEGRASgrandesFloto como una mariposa y pico como una abeja. No puedes golpear lo que tus ojos no pueden ver”.

ComillasNEGRASgrandesCuando tienes razón nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado nadie lo olvida”.

ComillasNEGRASgrandesTenía que demostrar que se podía ser negro de otra manera, y hacérselo ver a todo el mundo”.

ComillasNEGRASgrandesDios me dio la enfermedad de Parkinson para mostrarme que era un hombre como los demás, que tenía debilidades como todo el mundo. Es todo lo que soy: un hombre”.

 
     

Ya en el boxeo profesional su carrera no desentonó comparado con los logros obtenidos en el amateur. En 1964, con 19 careos acuestas, vence en 6 rounds a Sonny Liston para lograr su primer título mundial y un año más tarde lo noquea en el primer asalto. Pero para esa revancha, del 25 de mayo de 1965, ya no era Cassius Clay, era Muhammad Ali.

Para ese entonces era un muchacho popular que mostraba en el ring su frase célebre “moverse como mariposa y picar como abeja”, pero sin duda sus tres grandes batallas contra Joe Fraizer, entre ellas, el combate del siglo, o su contienda de regreso al ring para recuperar su título en Kinshasa, Zaira, al noquear en 8 asaltos a un joven George Foreman luego de la ausencia forzosa por negarse a ir a la guerra de Vietnam, hicieron mucho más grande su legado.

Ese legado aumentó tras convertirse en el primer hombre en ser tres veces campeón del mundo de los pesos pesados para años después, en 1981, poner fin a su carrera como pugilista ante Trevor Brewick, quien lo venció por decisión unánime en 10 asaltos, después de una fuerte controversia por las pruebas médicas que se realizó y que según afirmaban eran suficientes para no llevar a cabo el combate. Esto, claro está, tomando en cuenta que había vuelto al ring a finales de los años 80 tras una inactividad de dos años.

Fuera del ring aumentó su legado

Pero fueron sus acciones fuera del ring, las cuales pegaron como rocas y noquearon a más de uno, las que lo hicieron trascender a la eternidad. Pues su férrea lucha por los derechos de las personas de color en Estados Unidos lo acercó a personajes como Malcom X, y convertirse al islam para cambiar su nombre a Muhammad Ali para dejar en el pasado a Cassius Clay, que para él era un nombre de esclavo.

Sin embargo, su mayor lucha fue ante el gobierno de John F. Kennedy en 1967, cuando dijo “ningún vietnamita me ha llamado nigger”, para rehusarse a ir a la guerra de Vietnam. Esto le costó su título, su licencia para boxear, condena que lo alejó de los tinglados.

No obstante, dio una gran muestra de su valor y de ser un hombre con ideales inquebrantables que estaban por encima del dinero y los bienes materiales.

Así con sus dos grandes hazañas dentro y fuera del ring fue llamado a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 para ser el último en llevar la antorcha y encender el pebetero, casi 10 años después que le diagnosticaran Parkinson enfermedad que lo fue deteriorando progresivamente.

Aunque su recuerdo, su fortaleza y su legado no lo deterioró ni lo deteriorará nada, porque el deportista del siglo XX para la prensa especializada en deportes forjó su leyenda con tinta indeleble y hoy el mundo lo llora y lo reconoce, aunque muchos siquiera hayan visto un combate de boxeo.

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