El comienzo del nuevo año escolar para las escuelas que fungen como refugio para los afectados por las lluvias fue pospuesto para el 1 de octubre. Sin embargo, los refugiados manifestaron su preocupación, ya que hasta ahora no se les ha informado sobre dónde serán albergados, pues sus casas siguen inhabitables debido al alto nivel del agua, producto de la crecida del río Caroní. “No he escuchado ninguna noticia. El que sabe es Dios si el agua baja y podemos volver”, lamentó Casie Otto, refugiada en la Escuela Wenceslao Monserratte, de Puerto Ordaz.

El Grupo Ricardo Zuluoga explica que Corpoelec repite el patrón de manejo del embalse que aplicó en 2017, cuando al inicio de la época de lluvias de 2017, cuando se abrieron las compuertas de alivio del embalse, pero lo dejó sin margen de almacenamiento, lo que provocó que después se tuvieran que aliviar montos superiores a los 10.000 mts3/seg, que se sumaron a los máximos caudales del Orinoco y potenciaron las inundaciones. 

Más de 3.350 personas se han visto afectadas durante la temporada de lluvias en Ciudad Guayana, la mayoría por la crecida del río Caroní, que se mantiene en alerta roja: diferencia del nivel del Orinoco en Ciudad Bolívar, su cota ha ido en aumento. El lunes llegó a los 13.11 metros sobre el nivel del mar. Mientras tanto, los que han padecido se quejan: “La mayoría de la gente se ha tenido que salir de las casas. Todos los días tenemos que ir a nuestras viviendas a estar pendientes porque los malandros se llegan por atrás en curiaras a robar”. 

Más del 60% de las áreas del parque La Llovizna, en Ciudad Guayana, tienen el paso a visitantes restringido por medidas de seguridad, debido a las inundaciones que han tomado gran parte de las caminerías, y la fuerte corriente de las riberas del río. Mientras tanto, en Puerto Ordaz y San Félix como en Ciudad Bolívar hay temor por las crecidas del Caroní y del Orinoco, todo en medio de un bloqueo informativo por parte del régimen acerca de las cifras de afectados por esta temporada de lluvias.

Visitantes y pescadores del Paseo Orinoco, en el municipio Heres, tuvieron que ser desalojados por la crecida del río, cuyo nivel casi sobrepasa la Piedra del Medio, popularmente conocida como el “Orinocometro”.

Comunidades como las del barrio José Gregorio Hernández y Los Oleandros manifestaron su preocupación por el nivel de las aguas que ha obligado a varias familias a desalojar. Otras esperan a que el río no tome más terreno o, de lo contrario, acudir a un refugio. La esperanza de una reubicación se ha desvanecido, pues aseguran que es la promesa sin cumplir de todos los años. Esta temporada de lluvias ha afectado a más de 200 familias: la mayoría, por la crecida de los ríos. El resto, por obstrucción de drenajes.

El Comité de Riesgo en Caroní ofreció un balance sobre las afectaciones por la temporada de lluvia en el municipio. Para la mañana de este viernes, el río Caroní se mantenía en alerta amarilla con una cota de 11.08 msnm, mientras que el Orinoco estaba en alerta verde con 10.53 msnm. 

Familias de las zonas más vulnerables empezaron a tomar sus previsiones ante la inminente inundación en sus viviendas. El equipo de Seguridad Ciudadana y Protección Civil ha realizado los recorridos por los sectores afectados para identificar los posibles refugios. Reiteraron que hasta ahora se han registrado afectaciones menores, sin ningún caso de damnificados. La crecida del Orinoco se ubica entre 9 y 28 centímetros diarios aproximadamente.

Hace 23 años, la Alcaldía planteó el Plan Especial Castillito como la alternativa para reorganizar las barriadas que crecieron sin orden a orillas del embalse de la represa Macagua, en el río Caroní, y que todos los años son susceptibles a inundaciones por la crecida del caudal. La más fuerte en 41 años fue el año pasado, y afectó a poco más de 2 mil personas. Con este trabajo de Oriana Faoro, producido en alianza con Lincoln Institute of Land Policy y el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS), inauguramos esta serie sobre el descalabro de la planificación de lo que alguna vez se proyectó como la ciudad más planificada de Venezuela.

Ante la falta de autobuses, un grupo de trabajadores trató de resolver el regreso a casa pidiéndole el aventón al chofer de un camión volteo. El afán de llegar a encontrarse con sus familias se diluyó en un choque en plena represa de Macagua que mató a cuatro de ellos y dejó más de diez heridos. Fue una  muestra de la culpa de un gobierno indolente que condena a los ciudadanos a una vida miserable y, en los peores casos, a la muerte. Este hecho fue una muestra de ello.

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