Lunes, 12 Septiembre 2016 00:00

El arte venezolano clama por el revocatorio con la fuerza de las ideas

 
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“Queremos colaborar en la organización de un país de gente tenaz, creadora, trabajadora. Para esto pensamos que la cultura está vinculada con nuestra actual intemperie y nos ayudará a pensar el país venidero” “Queremos colaborar en la organización de un país de gente tenaz, creadora, trabajadora. Para esto pensamos que la cultura está vinculada con nuestra actual intemperie y nos ayudará a pensar el país venidero” Archivo
 

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Nosotros, venezolanos, escritores, profesores universitarios y artistas de diversas procedencias sociales y posiciones estéticas y políticas, dedicados a las expresiones de la sensibilidad y el pensamiento, movidos por la franca indignación frente al estado actual de cosas, rechazamos las maneras sectarias, groseras y arrogantes con las que el actual gobierno conduce los destinos del país, en tanto movimiento militarista capaz de utilizar las posibilidades de la democracia e invocar al poder popular solamente cuando le conviene.

Guiado por un proyecto de ingeniería social que equipara al actual gobierno con las peores experiencias autoritarias, no es muy difícil concluir –esto no es solo una idea, es un padecimiento que comienza en el cuerpo– que solo pretenden instalar un “pensamiento” único y servil en la sociedad venezolana; sí, quieren instituir a la fuerza una sociedad de cabezas agachadas, mansas, sometidas y conformes con la repartición de la miseria que deliberadamente han orquestado; una sociedad llena de carencias, enferma y hambrienta, deprimida en todos los sentidos posibles, desprovista de los bienes más elementales para el buen desarrollo y formación de la vida. Todo esto con el único fin de perpetuarse en el poder a través de la propaganda en los medios de comunicación públicos, la manipulación más perversa de las consciencias, la persecución política, la coacción, el control de los alimentos, el hostigamiento sistemático, la persecución, la difamación, la calumnia, el chantaje, el insulto, la amenaza, el control absoluto del Poder Judicial, el desconocimiento de la Asamblea Nacional y sus funciones de legislación, investigación, interpelación, discusión y control.

No es secreto para nadie que vivimos la destrucción sistemática de la República, entendida en su mejor sentido, como lugar de convivencia entre los que piensan distinto. En las últimas décadas –desde 1999 hasta hoy, puntualmente– hemos sido testigos y víctimas de medidas políticas, legales, económicas y sociales que buscan reprimir y suprimir al individuo, con todas sus potencias creadoras, convertirlo en una maleable masa acrítica, obediente, empobrecida, hincada al ciego culto a la personalidad caudillesca y pendenciera de Hugo Chávez, el gran autor de esta tragedia que ahora se encarga de prolongar el actual presidente. Luego de acabar con los sectores productivos del país, distribuir regalías a los países vecinos, a cambio de complicidades, silencios estratégicos y asesoramientos doctrinarios, ¿debemos recordar todavía que el chavismo despilfarró una de las rentas petroleras más grandes de la historia? Sí, debemos recordarlo y ver cómo las consecuencias de esto se expresan en cada detalle de la vida cotidiana. A la hora de las interpelaciones, no hay respuestas, solo justificaciones y agresiones. Algunos funcionarios hacen silencio. Otros piden fe y sacrificios, mientras niegan el ingreso de la ayuda humanitaria al país en los bienes más esenciales para la salud y la alimentación. En cambio, otros más son expulsados de sus puestos de trabajo, por sumarse a la urgente causa del Referéndum Revocatorio. ¿Qué otra cosa puede pedirse ante la diaria escena de personas revolviendo bolsas de basura en las calles para procurarse la mínima alimentación? ¿Es posible, a partir de algún subterfugio ideológico, pretendidamente socialista, darle la espalda a la realidad de la gente que muere en los hospitales por falta de medicinas, tratamientos, equipos médicos?

El actual gobierno, no está de más recordarlo, desconoce la misma Constitución que propuso en el año 1999; torpedea por todas las vías el cumplimiento del Referéndum Revocatorio para este año; boicotea, prohíbe y reprime las protestas cívicas y pacíficas de los venezolanos (ante las puertas del CNE, por ejemplo); persigue, tortura, encarcela a estudiantes. No es casual que también se haya dedicado a la asfixia presupuestaria de las universidades autónomas, por el solo hecho de no estar alineadas con su posición unilateral y sectaria. Ahora ese gobierno pretende repartir bolsas de comida, pero en realidad quiere saber quiénes son, cuántos los adversan (¡qué faena!). ¿No es aberrante, alarmante, la creación de un “sistema” que en lugar de atacar los problemas va multiplicándolos? ¿Qué gobierno “humanitario” puede vanagloriarse de repartir pequeñas dosis de harina, margarina, leche y azúcar? Esta, entre otras tantas cuestiones –una de ellas, la más gruesa, sin duda, está en la utilización del hambre como arma de chantaje político– hace hoy más que nunca pertinente la urgencia del Referéndum. Lo que debería ser un mea culpa, una revisión y corrección de políticas económicas, el gobierno lo toma como “logros revolucionarios” y “victorias” de sus tediosas batallas imaginarias.

Cada uno de nosotros, dentro de sí, guarda un memorial de todos los agravios y horrores que ha perpetrado el chavismo en los últimos años. No es descabellado pensar que con ellos podrá hacerse una Exposición Universal. Citas, fotos, videos, estadísticas, testimonios, discursos, cadenas, torturas, vejámenes. Sería una alegoría andante de lo que no queremos ser como país. Esta exposición –asúmala el lector como una forma de no olvidar nunca más estos años– deberá tener sala permanente en todos los países de la Región que han sido cómplices en el modelaje de nuestras desgracias, comenzando por la dictadura de los hermanos Castro, que hoy, al contrario de lo que pasa aquí, parece buscar otro camino.

Queremos colaborar en la organización de un país de gente tenaz, creadora, trabajadora. Para esto pensamos que la cultura está vinculada con nuestra actual intemperie y nos ayudará a pensar el país venidero, más consciente, más tolerante, más social, más político –en el sentido más humano de la palabra: saber estar con los otros, saber estar en las diferencias– y así poder defender el derecho a ser libres, capaces de llevar adelante nuestros deseos y proyectos, lejos de los apartamientos, los elogios de la pobreza, el culto desmedido a la personalidad y la militarización de la vida. Las relaciones de los ciudadanos con el Estado, bajo ningún gobierno, pueden estar basadas en la sumisión, la humillación. Al contrario, tienen que ser críticas: construir, organizar, proponer, crear, expandir en lugar de profanar, pulverizar, expropiar, secuestrar, manipular, chantajear.

Desde el espíritu deliberativo, la libertad y el deseo de una vida mejor, más justa, más igualitaria, reclamamos ya mismo un país más amplio, plural, cuyas instituciones y vida cívica –sustentada sobre las bases de una democracia robusta– sean capaces de sintonizarse con las más inmediatas demandas populares, así como dirimir los intensos conflictos sociales, económicos y culturales que ahora mismo asedian nuestras vidas cotidianas.

La cultura –la literatura, la poesía, las artes visuales, el teatro, el cine, la danza, la cultura popular tradicional, la memoria; en fin, el pensamiento independiente, las ideas, la sensibilidad y la creatividad– no puede ser en lo sucesivo un mero adorno en la vida social venezolana, ni mucho menos un instrumento de dominación de las clases enraizadas en el muy complaciente y acomodaticio poder cultural chavista.

La más noble función de la cultura –entre otras– es interpelativa, interpretativa, cuestionadora. Implica un conjunto de identidades y visiones de mundo que lejos de estorbarse conversan.  Se trata además del punto de partida para pensarnos a nosotros mismos y hacer germinar en las consciencias un pensamiento crítico, autónomo, fértil, lleno de imaginación, impermeable a la voluntad de dominación y adoctrinamiento, es decir, impermeable a las pretensiones del proyecto personalista, regresivo y anacrónico que representa el chavismo,  corriente política llena de antagonismos y contradicciones internas, tal vez aún por estallar con toda su magnitud en el ámbito público.

Súmense a estas discusiones los que se sientan identificados, aprovechando que en este momento de inminente peligro aún quedan espacios para la expresión disidente, ante el desastre imparable que abruma a nuestro país. Es la urgencia cívica que nos convoca ante la máquina de control que representa el chavismo en el poder. Que estas palabras se discutan, repliquen y multipliquen, bajo las más variadas formas, por cada persona, en cada rincón del país, en cada caserío, en cada barrio, en cada calle, en cada urbanización, en los cafetines, los colegios, los quioscos, los liceos, los cuarteles, los abastos, las colas, las universidades, los hospitales, en todos los lugares donde el actual gobierno –capaz de perseguir hasta a sus propias corrientes disidentes, no hay que olvidarlo– concreta sus estragos. Hay que recordarlo: la naturaleza íntima de este gobierno está vinculada con la intolerancia, el fanatismo. Estas pulsiones son contrarias a todo proyecto elaborado desde el bien común, la paz, la concordia, la mesura, el diálogo, el entendimiento crítico.

Nosotros hoy también resistimos el sometimiento y la humillación de una camarilla prepotente que tiene secuestrada las instituciones venezolanas. Con nuestro nombre propio y ciudadanía, acaso nuestros bienes más preciados, estamos dispuestos a levantar nuestras voces críticas y participar en todas las discusiones posibles por una democracia profunda, cuyas instituciones puedan conducir las diferencias existentes. Se sabe: estos anhelos no podrán lograrse sin la causa del Referéndum. O en otras palabras: la causa del Referéndum es el principio de otro país, menos sometido. Por eso, este es el grito frente a cualquier intento de retardar –o prohibir– el inminente proceso revocatorio. Esta opción hoy representa nuestro derecho a la justicia, la libertad, la civilidad, la democracia, en suma, al siglo XXI. Que así sea.

FIRMAN:

Guillermo Sucre

Alfredo Chacón

Ana Teresa Torres

Elisa Lerner

Rowena Hill

María Fernanda Palacios

José Balza

Rafael Cadenas

Armando Rojas Guardia

Igor Barreto

Yolanda Pantin

Edda Armas

Gabriela Kizer

Santos López

Carmen Verde Arocha

Alfredo Herrera

Alexis Romero

María Antonieta Flores

Luis Gerardo Mármol Bosch

Patricia Guzmán

Sonia González

Carmen Leonor Ferro

Julieta León

Luis Pérez-Oramas

Vasco Szinetar

Nelson Rivera

Elías Pino Iturrieta

Fernando Rodríguez

Joaquín Marta Sosa

Arturo Gutiérrez Plaza

Antonio López Ortega

Miguel Ángel Campos Torres

Ednodio Quintero

Marina Gasparini

Violeta Rojo

Gisela Kozak

Sandra Caula

Luna Benítez

Luisa de la Ville

Marcelino Bisbal

Tulio Hernández

Jaime Bello León

Raquel Gamus

Víctor Bravo

Miguel Szinetar

Ricardo Jiménez

Diómedes Cordero

Francisco Arévalo

Mario Amengual

Alejandro Padrón

Ramón Ordaz

Luis Miguel Isava

Carlos Sandoval

Bernardino Herrera León

Humberto Ortiz B.

Juan Cristóbal Castro

Nela Ochoa

Kataliñ Alava

Ángela Bonadies

Roberto Martínez Bachrich

Luis Moreno Villamediana

Guillermo Parra

Diego Arroyo Gil

Lorena González

Julio Bolívar

Patricia Velasco

Xiomara Jiménez

Aixa Sánchez

Sebastián de la Nuez

Vince De Benedittis

Norberto José Olivar

Juan Carlos Chirinos

Sonia Chocrón

Juan Carlos Méndez Guédez

Gustavo Valle

Fedosy Santaella

Lena Yau

Rafael Sánchez

Carlos Enrique Guzmán Cárdenas

Alberto Hernández

Miguel Ortiz

Keila Vall

Florencio Quintero

Samuel González-Seijas

Ricardo Ramírez Requena

Santiago Acosta

Alejandro Sebastiani Verlezza

Cesar Segovia

Néstor Mendoza

Rubén Darío Carrero

Blanca Rivero

Graciela Yáñez Vicentini

Franklin Hurtado

Luis Perozo Cervantes

Alejandro Castro

Zakarias Zafra Fernandez

Kaury Ramos

Claudia Márquez O.

Lucía Jiménez Perozo

Luis Yslas

Willy McKey

Mario Morenza

Álvaro Rafael

Georges Galo

Víctor García Ramírez

Kelly Martínez

Diosce Martínez

Ramelis Velásquez

Kira Kariakin

Flavia Pesci-Felitri

Sandy Juhasz

Ana Cristina Henríquez

Daniel García P.

Carlos Paris

Michelle Roche Rodríguez

Yoyiana Ahumada L.

Patricia Heredia Pelaca

Anaira Vásquez

 

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