Miércoles, 28 Agosto 2013 22:38

Una oda a la adolescencia

 
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En el transcurso de nuestras vidas ciertas películas nos marcan, en especial durante nuestra adolescencia, ese momento en que intentamos entender qué nos mueve, qué nos impacta y ante qué cosas somos vulnerables.

Traumática para algunos, maravillosa para otros, la adolescencia es una etapa de descubrimiento, nosotros comenzamos a explorar el mundo y el mundo comienza a dejar huellas profundas en nosotros. Es así como llego a Las ventajas de ser invisible, en inglés: The perks of being a wallflower.

En 1999, el escritor Stephen Chbosky publicó una novela sobre la adolescencia, y casi una década después decidió llevarla al cine con él al mando, por supuesto.

Con un elenco conformado por Emma Watson (Hermione en Harry Potter), Logan Lerman (Percy Jackson y el ladrón del rayo) y Ezra Miller (Tenemos que hablar de Kevin), Chbosky cuenta la historia de un grupo de chicos no populares en la escuela cuyas conductas están marcadas por traumas de su infancia.

Traumas, inseguridades, el primer beso, la primera cita… El filme muestra lo valioso y lo difícil de la adolescencia, remarcando un mensaje central: “Aceptamos el amor que creemos merecer”.

Chbosky, dejando su marca en su ópera prima, lo hace de la forma más personal posible, desde la profundidad de los pensamientos de Charlie (Lerman), quien ve y entiende, pero no interfiere, de allí que el “being a wallflower”, se traduzca como “ser invisible”.

Siendo el narrador, el personaje va contando la historia a través de cartas dirigidas a alguien que no conocemos, y poco a poco va revelando tanto detalles personales como las características de sus dos nuevos mejores amigos: Patrick (Miller) y Sam (Watson).

Lerman le da a Charlie los matices perfectos. Es comedido y comprensivo, tanto que es capaz de poner la felicidad de los demás por encima de la suya, como sucede con Sam (Watson) y su atracción hacia ella, sumando también el miedo al rechazo.

Tanto Watson como Miller sobresalen. Sus personajes, bastante excéntricos y con secretos que los hacen indefensos, incluyen a Charlie en la pandilla rápidamente.

Patrick, el personaje de Miller (un actor del que hay que estar pendiente porque poco a poco va desplegándose), es homosexual, mientras que Sam, el de Watson, es una chica que, aunque no se revelan por completo sus traumas, demuestra que tiene muchísimas carencias afectivas, por lo tanto todos sus novios cumplen con un patrón: son mayores que ella y son abusivos.

Ese trío de inadaptados va buscándole sentido a la vida, se apoyan entre sí y los une, precisamente, el sentimiento de no encajar. Parte de esas emociones están impresas en el soundtrack. Partiendo de Asleep de The Smiths, una oda al suicidio, pensamiento que pasa por la cabeza de Charlie en varias ocasiones; o cuando suena Come on Eileen de Dexys Midnight Runners en el baile de graduación y Charlie se arma de coraje para ir a bailar con Sam; o Heroes de David Bowie que suena en el momento en que se revela la magia de estar vivos y de tener todo el tiempo del mundo por delante.

El filme está lleno de melancolía por la adolescencia, por la libertad, por la necesidad de ser infinitos; es de esos filmes que no dejan indiferente y que, sin duda, nos hacen mirar hacia atrás en el tiempo y valorar de forma distinta esa etapa tan compleja pero tan rica como lo es la adolescencia.

@karollyon

Visto 2838 veces Modificado por última vez en Martes, 03 Septiembre 2013 23:23
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