Jueves, 16 Mayo 2013 00:00

Un grito en el cine nacional

 
Valora este artículo
(0 votos)

“Caótica. Neurótica. Estresante. Fantástica. Poética. Prodigiosa. Así fue.”

Juliana Cuervos no pone reparo para hablar sobre su experiencia bajo la dirección de los hermanos Luis y Andrés Rodríguez en Brecha en el silencio.

Curiosamente, esas mismas palabras de la actriz se pueden utilizar para describir el filme, un thriller psicológico que no deja a nadie indiferente. El espectador se incomoda ante lo que ve, pero sabe que está ante un filme especial.

La ópera prima de los hermanos Rodríguez se centra en la violencia doméstica. La protagonista es Ana, interpretada por Vanessa Di Quattro, una joven sordomuda. Su discapacidad en el filme no es al azar, pues además de poner sobre la mesa todas las dificultades que conlleva, también sirve como metáfora para resaltar su situación, una chica que no puede expresarse, ni puede valerse por sus propios medios para defenderse.

Ana se encarga de los roles del hogar, mientras que también trabaja con su mamá en una empresa textil. Su hermanito es sonámbulo, y su hermana está en plena adolescencia, preocupada por sus dramas amorosos.

Antonio (Rubén León) es el verdadero villano de la película. Es el padrastro que ataca a los hijos, mientras que Julia, la madre, interpretada por Juliana Cuervos, se sume completamente ante la necesidad de tener a un hombre en su vida. La sola idea de perderlo la convierte en una mujer fría, que se hace la vista gorda ante los abusos a los que son sometidos sus hijos.

Sin querer caer en lugares comunes, pero sin poder evitarlos, es necesario decir que el filme está lleno de actuaciones magistrales.

Di Quattro retrata a Ana desde la óptica de la inocencia, de la compasión. León nos muestra a un Antonio desagradable, repulsivo y manipulador, capaz de conseguir lo que quiera, cuando quiera.

Y Cuervos muestra de Julia la incomprensión ante su situación como madre de una niña con discapacidad auditiva, la frialdad y la dureza con la que trata a sus hijos, y sus carencias afectivas al anteponer a su pareja ante todo.

Los directores, con experiencia en cortometrajes, crearon atmosferas de incertidumbre, acompañadas con un manejo estupendo de la estética y el sonido.

El amarillo, el naranja y el marrón se entremezclan a lo largo del metraje para crear sensaciones de abandono y desesperación. El ritmo del montaje también se convierte en un aliado ante el cúmulo de emociones que desean imprimir los cineastas en los espectadores.

Veo el filme como una maravillosa propuesta que se sale de los esquemas en los que el cine venezolano se encasilló. En los últimos años no es la primera que lo hace, eso sí, pero es una muestra de que el futuro de la producción nacional está tomando un rumbo nuevo, uno en donde la calidad de los guiones tienen en el mismo valor que la estética visual, y en donde los directores comienzan a dejar sus marcas para construir historias.

Visto 2269 veces

El escritor Francisco Arévalo analiza, más desde la mirada del doliente que del observador aséptico, la debacle del arte en Venezu...

La leyenda del rock que insufló de personalidad al género musical estadounidense murió el sábado en el estado de Missouri, Estados...

“Estamos investigando cómo pudo ocurrir y lamentamos profundamente que sucediera”, informó la firma responsable de contar los voto...

Con la estatuilla en la mano, los artistas ganadores de los Oscar  comparecieron ante más de 400 periodistas y responder a pr...

Barry Jenkins conquista con su segunda película el corazón de Hollywood con un presupuesto mínimo, actores desconocidos y apenas 2...