Jueves, 04 Abril 2013 00:00

Un circo no tan lejano

 
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“Se puede comer menos o vestir peor, pero no se puede dejar de soñar”, sentencia el escritor José García Escudero, uno de los principales impulsores del cine español, en su libro Vamos a hablar de cine, el cual confieso he tenido que leer varias veces por pura fascinación, pues es eso, es hablar de cine.

La premisa inicial de García Escudero responde al porqué de la industria cinematográfica, que a lo largo de existencia, poco más de cien años, se ha reafirmado como el lugar en donde los sueños se hacen realidad. Esa innegable alternativa de ver en el cine los anhelos más profundos, la búsqueda de la felicidad, el viaje a lugares inexplorados...

Y esa misma sensación invade al presenciar algún espectáculo de Cirque du Soleil. Esta semana, el show Dralion está de gira en Venezuela. Las entradas ya están agotadas.

Pero para complacer a menor costo, durante algunos días se proyectó en las salas de cine el filme Cirque du Soleil: Mundos lejanos
Lamentablemente, el paso del filme por la cartelera fue fugaz. Quizás no vende lo suficiente, ante una cartelera abarrotada de películas infantiles y de acción, con una versión sangrienta de Hansel y Gretel liderando la lista.

Pero el espectáculo de Mundos lejanos es simplemente magnifico. Me aproximé a él como un niño que comienza a descubrir el mundo, ya había asistido a uno de los espectáculos del famoso circo, pero no sabía que iba a ofrecer la innovación en 3D respaldada por James Cameron entre los productores.

La intención, como siempre, es acercar al espectador a la magia del circo, en esta ocasión a través del cine, contando la historia de amor entre Mía y un trapecista, bajo la dirección de Andrew Adamson, responsable, entre otras cosas, de Las Crónicas de Narnia y Shrek.

Adamson, sin darle muchas vueltas, proyecta la magia que se respira sobre el escenario, intentando que la cámara vaya más allá de lo que el espectador puede ver desde su butaca, pero en esto último se queda corto, pues el gran reto era grabar en tiempo real bajo las condiciones permitidas.

El guión, por su parte, comienza con un objetivo claro: los protagonistas se conocen, quedan flechados y durante la presentación del trapecista ocurre la transición hacia el “mundo lejano”, en el cual ambos luchan contras las adversidades para encontrarse mutuamente.

A partir de allí comienza una secuencia de piezas de distintos espectáculos del circo, como: O, Mystère, Kà, Love, Zumanity, Viva Elvis y Criss Angel Believe, organizadas con la intención de darle sentido a la búsqueda que emprenden los protagonistas.

Canciones de The Beatles, Elvis Presley y escritas para el propio circo nos pasean por ese mundo lejano, que no aburre, no pretenden engañar, aun cuando está lleno de magia circense.

Para mí, trasladar el circo de la carpa al cine funciona. Un circo tan universal como este, que ya ha sido televisado, debía llegar tarde o temprano a la tecnología 3D, por supuesto con alguien como James Cameron pendiente.

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