Sábado, 30 Abril 2016 00:00

Inseguridad y racionamiento eléctrico radical atemorizan a comerciantes de Unare

 
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Comprar una planta eléctrica no es una opción adecuada para algunos por los altos costos Comprar una planta eléctrica no es una opción adecuada para algunos por los altos costos Wilmer González
 

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No es solo la inseguridad que abunda en las calles de Ciudad Guayana lo que mantiene en alerta a los que hacen vida comercial en la famosa Esquina Caliente de Unare, sino que también es la falta de previsiones del Poder Ejecutivo sobre la energía eléctrica lo que pone en tela de juicio el futuro de estos establecimientos y de los que se sustentan de ellos.

Cuando se va la luz hay un temor que ataca el pensamiento de varios empleados y dueños de locales que readaptaron su vida ante la nueva amenaza del racionamiento: el temor a pérdidas significativas de cualquier tipo.

Pero estas pérdidas, también aunadas a la falta de actividad comercial, se detonan por la avería de equipos ˗cuyas reparaciones son sinónimos de precios elevados- y la baja en ingresos, consecuencia de la ausencia de los puntos de venta, que son indispensables para el consumidor que es víctima de la hiperinflación que arropa a Ciudad Guayana.

Hay miedo

El extenso plan de racionamiento de 4 horas diarias, impuesto hace una semana y que corresponderá a 40 días, según lo anunció el Ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, no bajó las ansias ni proporcionó a los comerciantes certeza alguna de que su actividad laboral no se vería afectada de forma radical.

“Se nos fue la luz a las ocho de la mañana, nos están obligando a trabajar mal (…) la verdad es que ni estamos trabajando. Y así le pasa a todos los negocios”, comenta Mary Castillo.

Ella vende desayunos en Unare y ve con preocupación la escasa actividad, detonante de un fallo gigante en la producción de sus vecinos en el área de comercio, entre los que destacan supermercados, ferreterías y ventas de repuestos.

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La falta de puntos de venta aleja a los clientes sin dinero en efectivo/ Fotos Wilmer González 

Buscando alternativas

Algunos propietarios de los negocios del sector acuden a una planta eléctrica personal para abrir sus puertas. Otros no corren con la misma ventaja, porque no tienen el poder adquisitivo suficiente para comprar una.

Entre los que se sientan y esperan que pasen las 4 horas en la penumbra de sus negocios, con tan solo la luz del sol de la mañana como aliado, están los empleados de la ferretería Exclusiva Ferroeléctrica Caroní.

“Trabajar cuatro horas sin luz es difícil, lo que tenemos como fuente de poder acá solo nos dura dos horas (…) una planta eléctrica ahorita es algo costoso”, indica Aysamid Brito, la encargada, quien añade: “nosotros no teníamos un plan B ante este racionamiento de 4 horas”.

La falta de luz equivale a bajar las ventas y “si bajan las ventas también baja el material que tenemos”, se queja Brito.

Pero hay otra incomodidad que genera más preocupación para estos empleados: las protestas y saqueos como los ocurridos el pasado martes en la noche en varias ciudades, consecuencia de la inconformidad ciudadana ante los cortes prolongados de energía eléctrica y al desarreglo en los horarios de los bloques de racionamiento.

“Hay un temor grande después de esas manifestaciones”, expresa Brito. Asimismo, alega que esa noche, en la que no solo hubo cacerolazos sino quemas de cauchos y trancas de calles fueron protagonistas, intentaron entrar a la fuerza en su negocio. “¿Mi temor? Mi temor es que empiecen los saqueos. Yo puedo aguantar cuatro horas sin luz pero no que me abran a la fuerza el local”.

Costumbre

En el abasto chino La Oriental aseguran algo: las ventas han bajado más del cincuenta por ciento. La poca luz natural que penetra en el establecimiento demuestra la falta de energía eléctrica, y la soledad reitera que hay pocos clientes.

Los ingresos han sido menos pero los gastos han sido los mismos. Así lo asegura uno de sus encargados. Por otro lado, tienen la visión de comprar una planta eléctrica grande, un gasto que está dispuesto a asumir ante la urgencia de seguir produciendo ingresos.

“Tengo entendido que viene un racionamiento más largo”, continúa uno de los encargados. “No sé si es verdad o es mentira”. El desasosiego también crece en él, según se queja, por la posibilidad de que se cree la costumbre en el ciudadano de vivir en un perenne racionamiento eléctrico por falta de previsiones: “Ese es el detalle, nos podemos acostumbrar a una cosa que no debería ser”.

Pero Brito no comparte esta pesadumbre: “No creo que el venezolano se acostumbre a esto. Hacerlo sería un fracaso, nadie se acostumbra a lo malo, no creo que el venezolano deba estar destinado a fracasar”.

Sin luz, sin seguridad

“Yo lo único que digo es que quiero salir de esta pesadilla tan horrible que tenemos”, es una queja anónima a causa de otro temor: la inseguridad. Una de las encargadas de otro local, esta vez dedicado a la refrigeración, no revela su identidad por miedo. El hampa no se detiene. Haya luz o no.

Comenta que hay malandros que “tienen pillados los locales” y que pueden tomar como excusa los racionamientos nocturnos para saquear, crear disturbios y destruir la actividad económica.

La computadora se les ha dañado dos veces, igual que la planta eléctrica y el punto de venta: todo, debido a la irregularidad de los cortes energéticos.

Tan solo los gastos de la computadora, según continúa la encargada del local, se acercan a los 25 mil bolívares cada vez que se daña. Los puntos de venta averiados son otro factor que aleja a clientes que no pueden cargar tanto dinero en efectivo por culpa de la inseguridad: “La gente no carga efectivo porque los choros les roban”, agrega.

Ella le teme más al hampa que a la fuerza del Ejecutivo, y sin temor a represalias por parte de este suelta que su gran temor como ciudadana es “que siga este Gobierno, tenemos una pesadilla montada porque este racionamiento no creo que sea por El Niño sino por falta de mantenimiento. Si fuera por El Niño ¿por qué otros países no están como nosotros?”

Mary Castillo continúa su mañana del sábado sin muchos clientes. Es un día lento para ella. Los cortes de luz la preocupan como ciudadana y como vendedora de empanadas. Aún no ha sido víctima del hampa, afirma, pero le da miedo porque “aquí roban todos los días”. Y, además de la lista de incomodidades, por los siguientes 32 días seguirá yéndose la luz.  

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Visto 4400 veces Modificado por última vez en Domingo, 01 Mayo 2016 10:45

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