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Durante más de 50 años, Eddy Salazar le ha dado vida con materiales de desecho a todo tipo de personajes en la Fundación Tienda de Muñecos. Hoy en la sección Gente, Eddy Salazar cuenta su historia y habla sobre su labor de cultor popular en Guayana.
 Salazar está convencido del valor cultural y pedagógico de los títeres, las marionetas y los muñecos y por eso sigue trabajando para mantenerlos vivos Era miércoles en la tarde, el taller estaba lleno de niños que empleaban sus manos para darle vida al cartón, al papel, a la espuma y convertir esos materiales en marionetas y títeres con vida propia. En la Fundación Tienda de Muñecos, Eddy Salazar tiene más de 50 años enseñándole a los niños de Ciudad Guayana esta antigua tradición. Al entrar al taller hay títeres por todas partes, son de todos los tamaños, con ojos grandes, larguísimas pestañas, hay madamas de El Callao y también hay otros personajes, que Salazar va presentando poco a poco, mostró por ejemplo, la representación que hizo hace unos cuantos años de Blanca Ibáñez, y la del popular personaje decembrino San Nicolás. No hay un personaje que no haya sido representado por este afanoso promotor cultural adoptado por Guayana. Hay un momento en que se puede llegar a pensar que esos muñecos van a hablar y lo van a acompañar en el recorrido, y es que ese es el encanto de estos muñecos de trapo y madera, son y hacen lo que nosotros queremos. Eddy Salazar es margariteño de nacimiento, pero confiesa entre risas que se comió una sapoara "con todo y cabeza" y por eso nunca más se fue de esta región. De antemano aclara que la Fundación que ha levantado a fuerza de trabajo y constancia colabora todo el año con las escuelas, asesorando a los estudiantes de las universidades, institutos universitarios y maestras y estudiantes de las diferentes etapas de educación media y básica. "Tenemos una experiencia amplia y no la secuestramos, sino que la queremos compartir, porque eso es lo que queremos al final". Salazar cuenta que la inspiración para realizar este trabajo le surgió desde muy joven cuando vivía todavía en Margarita. "Yo nací en el año 1941, en plena II Guerra Mundial en Margarita, pero en el año 48 se dio el proyecto del Zeppelín que era un experimento, era como un avión pero sin alas, una especie de globo y ese experimento fue quizás el primer intento del hombre por hacer un avión, y yo creo que cuando vi eso volando me transformé y al día siguiente tuve unos sueños bien bonitos y empecé a hacer figuras con la fruta de los cardones y las tunas". Recuerda que en esos años empezó con figuras de animales, "en ese tiempo no existían los sistemas de comunicación que existen hoy en día, ni televisores, ni radio, mucho menos Internet, entonces las figuras que hacía eran vacas y chivos. Creo que fue a partir de allí de donde nació este sueño, esta pasión, esta ilusión mía por los títeres, las marionetas y los muñecos". Su barba blanca contrasta con la braga roja de trabajo que tiene puesta y la gorra del mismo color, que intenta mantener oculta su blanca cabellera. Preocupado porque le habían "acomodado" el área de depósito del taller y no encontraba unos muñecos, Eddy Salazar comenzó a hurgar dentro de bolsas y maletas viejísimas que contenían telas, trapos, esponjas, botones. Este es el cuarto donde se le da vida a los muñecos. Él hurga por todos lados hasta que consigue entre todas las marionetas un San Nicolás que en sus manos baila, salta, se expresa... lo que le falta es hablar, y es que en eso consiste precisamente la magia del títere y de la marioneta, es la persona que lo maneja la que se encarga de darle una voz y una vida nueva. "Yo tengo 63 años de edad y le he dedicado más de 50 años a este trabajo, y bueno, he estado en muchos países del mundo y los únicos que no he podido visitar -porque no me han gustado nunca- son los países árabes, y que me perdonen los árabes, pero nunca me llamó la atención. Siempre he trabajado con niños, también con niños excepcionales. He participado en innumerables festivales nacionales e internacionales y de allí viene todo este trabajo". En tamaño natural Explicó que en Venezuela, y en general en América Latina, los títeres son los muñecos de guante, es decir, son muñecos pequeñitos que se manejan con una sola mano. Sin embargo, los títeres de Eddy Salazar crecieron para alcanzar la estatura de los niños y de los jóvenes, por lo que su trato con los pequeños es casi de tú a tú. "En Venezuela yo rompí de manera violenta con ese esquema que uno tiene del títere guiñol que se maneja con una sola mano y que se conoce también como muñeco de guante. Entonces, aquí se conocía el muñeco de varillas, los marotes, los muppets y los muñecos gigantes. Y nosotros proyectamos la marioneta a toda Venezuela, hoy es bien difícil que tu vayas a un estado venezolano y que no consigas a alguien que haya vivido la experiencia de la marioneta, es muy difícil". Cuenta que las primeras marionetas que hicieron eran pequeñitas, pero esas generaban reacciones agresivas en los niños, y discutiendo la situación con algunos psicólogos, llegaron a la conclusión de que el niño se siente ofendido por un muñequito que lo reta a bailar y él en vez de bailar hace todo para apartarlo. Fue así como probaron con hacer marionetas grandes, del mismo tamaño de los niños, y en este caso la reacción de los pequeños era diferente, los utilizaban para bailar. Aprender para enseñar - ¿Quién le enseñó a hacer las marionetas y los títeres? - Yo fui a muchos talleres en Europa, y eso fue lo que me hizo ponerme en función de este trabajo cultural. - Recuerda ¿cuál fue la primera marioneta que hizo? - Síííííí, esas marionetas no pudieron entrar a Venezuela, porque cuando viajé en un barco muy viejo -porque era el transporte más económico- que pasó por Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y llegaba hasta Colombia, por cuestiones de la vida se me quedaron en Perú. - ¿Y cómo llega a Guayana? - De Margarita me fui a Puerto La Cruz y de ahí me fui en un periplo de muchos años y me desaparecí de Venezuela. En principio mi centro de operaciones estaba en Puerto La Cruz, en una sala que se llamaba Fantoches, el grupo se llamaba Fantoches, y ¡yo era Fantoche! Jajajaja. Vine a Guayana en el año 73 cuando me invitaron a participar en un proyecto educativo que se llamaba Centro de Formación y Asistencia Técnica, que funcionaba donde está el Colegio Idea, que era para educación de adultos y después fue ideado por un señor llamado Jesús Marrero, que fue viceministro de Educación cuando Caldera, y yo me encargaría del proyecto de cultura de ese centro, y yo acepté porque me dieron la oportunidad de desarrollar un trabajo bien bonito. En ese primer proyecto de cultura Salazar estuvo trabajando 6 años, luego se abrió un concurso nacional en el Colegio Universitario de Carúpano, para las áreas de recursos del aprendizaje y cultura, él concursó y lo aceptaron, entonces se fue a Carúpano por 6 años. Luego estuvo radicado unos años en México, Chile... pero a la vuelta de unos pocos años volvió a Venezuela y a Guayana. Asegura que con el tiempo "no he podido salir más de esta tierra, creo que me comí la sapoara con todo y cabeza, jajajaja, y la sapoara no me dejó salir más nunca". Proyecto para la comunidad Salazar no puede ocultar el entusiasmo y el orgullo que siente por este proyecto cultural que está desarrollando hoy desde la Tienda de Muñecos hacia la comunidad de Villa Brasil -donde está asentada la sede- y de toda Guayana. Sin embargo, esta fundación que tiene 27 años trabajando, funcionó hace unos años atrás con los nombres de Ñapita y Espacio 5. Pero en todas sus etapas la intención ha sido la misma: promover nuestros valores culturales. Salazar advierte que su intención es tratar de servir de vía de escape ante la influencia -a veces no tan buena- de la televisión en los más pequeños. Él sueña con que los niños en lugar de pasar toda una tarde sentados en la sala de su casa viendo televisión, se incorporen a esta actividad creadora y se conviertan en los hacedores de sus propios muñecos, pues con ello se promueve en los más pequeños la creatividad y el arraigo de algunos valores esenciales como la socialización, compartir, incentivar la creatividad y fomentar el compañerismo, la solidaridad y la disciplina Mientras se desarrollaba la entrevista en toda la entrada de la fundación, teníamos que abrir continuamente el paso a los muchachos que entraban y salían, y a los padres que, apurados entraban y le preguntaban a Eddy si estaban a tiempo de dejar a sus hijos para que el taller de esa tarde. Tela, madera y sueños - ¿Nunca ha sentido el temor de que los juguetes nuevos y las computadoras sustituyan al títere, los muñecos y a la marioneta como juguetes tradicionales de los niños? - Es tan fuerte la expresión del títere que no he visto todavía en algún lugar una Barbie guardada, si existe es porque la mamá se empeñó en guardarla por lo que costó, y los carritos y los camioncitos cuando perdieron el primer bichito, se fueron directo a Cambalache... el títere sigue vivo por su fuerza expresiva que es permanente y esa fuerza es la que mantiene al niño entretenido. Yo he ido a casas de niños que tienen guardados esos títeres que hicieron por primera vez. - ¿Cómo se siente usted en esos casos? - Bueno, esas cosas me hacen muy feliz, porque siempre creí en el títere. A mí me dijo un filósofo amigo que un día el hombre hará correr un tren sobre un rayo de luz, y nos vamos acercando a eso, porque cuando voy a una estación del Metro veo esa cosa que hace fuiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnn, y ya vamos cerca. - Mientras usted viva el títere no muere. - No, no... y acuérdate que delante de los títeres están los niños y detrás de los títeres están los hombres. La fuerza que tú le des es la que va a expresar el muñeco, si tú estás triste el muñeco será triste y es mejor que no lo hagas. Pero mientras que haya frescura, felicidad, sueños, fantasías creadoras, el títere tendrá vida por siempre. El títere está hecho para vivir por siempre. Salazar está convencido de que en la elaboración de los títeres están concentradas todas las artes, el diseño, la pintura, la escultura, el modelaje, el vestuario. - ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo? - En este trabajo hay tanto amor que a uno como que se le hace difícil hacer una discriminación de lo que tú más quieres. Todo este trabajo te conduce al amor, a la fraternidad, a la unión, a la paz espiritual de los niños, para que sean en un mañana hombres íntegros e integrales. En este trabajo hay una gran ternura. - ¿Y qué es lo más difícil? - Lo más difícil, te voy a decir con franqueza, es que los padres entiendan que este tipo de actividades son para ellos una herramienta para mejorar la formación de los muchachos. Ivonne M. Rincón Moreno
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Foto Antonio García Jr. |