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Hace muchos años, aunque algunos no puedan verlo ahora, Ciudad Guayana era considerada la más limpia de Venezuela. Hoy, Roberto Caravallo, director de Aseo Urbano durante esos gloriosos años, relata cómo se transformó un distrito sucio en uno impecable, y da algunos consejos al actual alcalde, Clemente Scotto.
 A pesar que cientos de personas viven de Cambalache, ya este terreno no está apto para seguir siendo utilizado como vertedero La basura se ha constituido en la piedra en el zapato de todas las gestiones municipales de Ciudad Guayana. Con empresas básicas y comercios que generan grandes ingresos para el Estado, aún no existe una política eficiente por parte de la Alcaldía de Caroní ni de la Gobernación del estado Bolívar. Simplemente, no saben qué hacer con los desechos. Como dirían muchos, la basura se los está comiendo. Sin embargo, hubo una época en que nuestra ciudad gozaba del calificativo de ser una de las más limpias de Venezuela, y fue durante esos años que Roberto Caravallo, ahora retirado y manteniendo con su familia un negocio propio, vivió la experiencia de ser el director de Aseo Municipal de la Cámara, cuando no existían como tal la figura del alcalde sino del Consejo Municipal. Este hombre relató a Correo del Caroní cómo fue que durante el lapso comprendido entre 1974 y 1979 sí se sabía que hacer con los desechos. "Para hablar de la basura en la ciudad, tenemos que hablar de la Compañía Anónima Municipal de Limpieza Urbana Guayana (Camluga). Para finales de la década de 1970, el problema era tan grave como lo es ahora, por dos motivos fundamentales. Primero, existían dos grandes botes de basura a cielo abierto, uno en Toro Muerto y otro en donde hoy en día está La Victoria, en San Félix. Las personas residentes de las adyacencias de estos vertederos tenían una vida insoportable, tal y como sucede ahora con los de Cambalache, todos los días se quejaban por los medios de comunicación". Caravallo explicó que, en segundo lugar, el servicio de aseo urbano era deficiente, porque sólo había nueve camiones que estaban prácticamente fuera de servicio dado que tenían más de 20 años trabajando. "Afortunadamente, en 1979, llega a la presidencia del Consejo Municipal, Jesús González, y en virtud de la gravedad de la basura en el distrito, consiguió que la Cámara le aprobara la contratación de dos ingenieros sanitaristas de Caracas, uno de apellido Peralta y Raymond Briceño. Éste último considerado uno de los mejores basurólogos de esos tiempos". Inicio y fin de un sueño Tan pronto Ciudad Guayana recibió a estos expertos, se comenzaron a realizar estudios y evaluaciones sobre la marcha, y presentaron un informe a la Cámara. Fueron actividades "violentas", como las describió Caravallo, porque de un día a otro se aprobó el documento y se nombró una comisión que viajaría a la ciudad de Los Angeles en Estados Unidos, y se adquirieron 38 modernos camiones recolectores automáticos. Tan pronto llegaron esos equipos, la Cámara procedió a sellar los dos botes de basura, y de inmediato se abrió, previo estudio que identificaba el terreno como apto, el vertedero de Cambalache. "Las evaluaciones indicaban que allí se podía hacer un relleno, pero con una duración máxima de 12 años. Pero nosotros lo íbamos a utilizar máximo por tres años, porque, y aquí viene lo grande de este proyecto que tuvo resonancia a nivel nacional e internacional, se había establecido que el terreno que reunía las condiciones ideales para ser el relleno definitivo era en San Jacinto". Con esto, se proyectaba también una solución para la basura de Ciudad Bolívar. Con todos los camiones que se recolectaron, Caravallo los repartió entre todas las urbanizaciones de la ciudad, "y salió un decreto que se hizo famoso donde se aplicaban 72 horas de cárcel a aquellas personas que fueran vistas botando basura en las calles o avenidas. Obviamente, esto lo hacíamos porque ofrecíamos un buen servicio, porque si no es así no puedes exigir". Pero de acuerdo a lo explicado por este señor que vivió la mejor época de la limpieza en Guayana, la clave del proyecto se encontraba en la construcción de estaciones de transferencia. "Esto es fundamental para el problema de la basura, tanto aquí como en el mundo. La basura es el problema más grave que puede tener un alcalde en cualquier país, y si esto sigue así, los desechos se van a comer a Clemente Scotto y no extrañará a nadie que a los dos años sea revocado". Como era de esperarse, y tomando en consideración la costumbre del Estado venezolano de no dar continuidad a los planes y proyectos que quedaron vigentes con el gobierno anterior, la estrategia de Camluga quedó "engavetada". "Desgraciadamente, la gente vive de la política. Los copeyanos ganaron y el proyecto pasó a ser guardado. Sin embargo, por dos años, 1979 y 1980, con el sistema que habíamos implantado y Cambalache, el distrito Caroní era el más aseado y limpio del país. Mientras Camluga estuvo, el relleno se ejecutaba a la perfección, y cuando José Luis Pastrano asumió la presidencia municipal, encontró un equipo nuevo y un servicio planificado. A su salida, vinieron otros que no les preocupaba mucho el problema de la basura, y se le dejó de hacer mantenimiento a los camiones. Todo se fue deteriorando". Solución de un "basurólogo autodidacta" Los años pasaron, Camluga desapareció, las unidades se volvieron obsoletas y Cambalache siguió recibiendo basura por más de dos décadas, esperando aún la apertura del relleno de San Jacinto. Hoy, Caravallo ve con desilusión como ese sueño de tener una ciudad limpia se fue por la alcantarilla, y no ha llegado a la gestión municipal un burgomaestre que sepa que hacer con este problema. Para él, los centros de transferencia significarían la solución para la basura. "Los desechos se acumulan porque los camiones se tardan mucho en ir desde San Félix hasta Cambalache. Si hacen dos viajes es mucho, y si por fin abren el relleno de San Jacinto se tardarán más. Por esto, si se abre, por ejemplo, un centro de transferencia en San Félix, uno en Puerto Ordaz y uno en Ciudad Bolívar, el trabajo mejoraría en un 50 por ciento, porque los camiones recolectores llevarían la basura a estos puntos, y de allí saldrían furgones de 60 toneladas que sólo se dedicarían a pasar la basura del centro de transferencia hasta el relleno". Caravallo explicó que esto tendría un costo, pero que para eso está la voluntad del gobierno y del financiamiento de sus entidades. "El sanitarista Briceño muy inteligentemente dijo una vez el servicio de aseo tendrá pérdidas, porque esto es algo que se tiene que hacer no con vistas a generar ganancias sino a tener una ciudad limpia. Pero para esto tenemos a Fides, al Fondo Guayana, a todos esos organismos que dan dinero para toda clase de proyectos". En cuanto al vertedero de Cambalache, aseguró que también tiene su solución, como convertirse en un campo de golf, o en área de construcción de viviendas livianas, o en un gran parque, como se hace con estos terrenos en otros países. Políticas erradas Para Caravallo, uno de los obstáculos principales para resolver el problema actual de la basura es la gestión que lleva a cabo Scotto. "Este señor se la pasa diciendo que hay que hacer conciencia entre los ciudadanos. Cuando yo era el director de Aseo Urbano, realizaba charlas educativas en los colegios, y es que si él habla de conciencia ciudadana él es el que la tiene que formar, no esperar que se forme sola". En cuanto al costo del relleno, especialmente el de San Jacinto, Caravallo indicó que si el terreno ya está allí, se debe invertir en una buena cerca, para que se elimine la proliferación de personas que escarban en la basura. "Por esto San Jacinto es bueno, porque no es tan cercano a la ciudad y a muchos se le hará difícil llegar hasta allá. Finalmente, realizó un llamado a Scotto a que lleve a cabo foros sobre la basura, en los que escuche las propuestas de los ciudadanos y de las personas que, como él, han trabajado directamente con este problema. "Yo les digo a todos, especialmente a los comerciantes que dejan sus desechos en las calles, que la ciudad más aseada no es la que se limpia más sino la que se ensucia menos, y es que no importa dónde se nace sino dónde se vive. Hace falta buena voluntad. Por ejemplo, los trabajadores del aseo domiciliario tienen el deber de llevarse las bolsas de basura, pero no tienen por qué recoger la basura que echan en el piso porque las personas no les da la gana de meterla en una bolsa". Cuentas claras Roberto Caravallo, ex director de Aseo Urbano entre 1974 y 1979, indicó que el alcalde Clemente Scotto debe dar a conocer a la ciudadanía cuántas toneladas de basura se producen a diario, así como también el costo que esto significa para la municipalidad. "A mí me parece demasiado las deudas que se tienen con Sabenpe, aparte de la millonada que ya le deben a las cooperativas. Tal parece que la basura se está tragando el presupuesto de la Alcaldía, y ya no va a quedar nada para atender los otros problemas de Ciudad Guayana como los huecos en las calles, el alumbrado o el agua". Aileen Nieto Ramírez
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