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Recientemente la artista Mirna Salamanqués estuvo de visita en Guayana. No perdió la oportunidad para conversar con Correo del Caroní sobre su trabajo, su ideología y la relación entre su trabajo y la espiritualidad.
Marcos David Valverde Foto Aníbal Barreto  “El ateísmo no es bueno, porque toda esta maravilla la creó un ser superior” Dicen que los artistas tienen una fuente de inspiración para crear, de una manera armoniosa y perfecta, aquellas obras que son recordadas permanentemente para la posteridad. Paisajes, mujeres, un recuerdo, un sueño, un momento e incluso un trauma, pueden ser la fuente de inspiración para cualquiera de esas personas sumamente especiales que suelen ser los artistas. En el caso de Mirna Salamanqués, no hay un brote de inspiración más perfecto que la espiritualidad, como una manera de mostrar esa armonía que existe en su interior por años y años de contacto entre su ser y la pureza de sus creencias. Recientemente, esta artista estuvo de visita en tierras guayanesas, y no dejó pasar la oportunidad para conversar con Correo del Caroní sobre su vida, sus proyectos y, muy especialmente, sobre sus fuentes de inspiración: la naturaleza y la espiritualidad. Un sacrificio por la vocación Desde pequeña, Mirna Salamanqués sintió el gusanito de ser artista, deseo que no le costó mucho cumplir debido a las ganas con las que comenzó su carrera y el apoyo que siempre encontró en su hogar. “Yo estaba niña (…) desde muy joven decidí que quería ser artista. Comencé a observar la naturaleza y los fondos marinos, además de las cosas poéticas y románticas”, comenta en relación con sus inicios como mujer de arte. Admite Mirna que el hecho de ser artista implica bastante sacrificio, puesto que un profesional consumado del arte invierte gran parte de su tiempo en su carrera, aspecto que jamás la frenó en lo absoluto. “El ser artista es algo sumamente sacrificado. No es algo externo, sino de vocación, y al preguntarme si lo tenía, la respuesta fue que sí, a pesar de que era sumamente joven”, relata. Dos personas influyeron de manera determinante en la vida de Mirna: el siempre recordado Aquiles Nazoa y el director del Museo de Bellas Artes (ubicado en Caracas) durante su génesis como artista: Miguel Arroyo. “Quería mostrar mis cosas. Me movía en un cosmos muy gráfico, y Miguel Arroyo me aseguró que tenía talento”, agrega. Del Pez Dorado para el mundo El salto de la artista ocurriría en el círculo Pez Dorado, donde haría su primera exposición en julio de 1962, y después de la cual comenzaría el éxito de Mirna dentro del ámbito artístico. Dentro del mundo en el que vivimos, muchos sueños, anhelos y talentos quizá son desperdiciados por las aspiraciones monetarias, especialmente de las personas más jóvenes. Este aspecto estuvo siempre presente en Mirna, quien asegura que “nunca pensé en el dinero, además de que mi mamá me dijo que estaba bien el camino que había elegido. Recomiendo que quienes tengan la vocación de ser artistas, elijan ese rumbo. Es una carrera envolvente, porque todo es muy absorbente y se requiere de muchas cosas”. Durante esa misma época contrae matrimonio, y tiene dos hijos a los 20 y a los 21 años, respectivamente. Recuerda especialmente el hecho de que no le resultó fácil el tener que lidiar con esa gran carga, y esta decidida mujer, “ni corta ni perezosa”, decide divorciarse a los 25 años. “Uno se quiere rebelar a las cosas. Yo quería viajar y conocer, porque aquella época no era como ahora que tienes internet, así que me fui con los dos niños para Europa”, comenta con un gran brillo de satisfacción en el rostro. Mística y política Salamanqués considera que para ser artista se necesita de una gran mística, con el fin de poder trascender en el tiempo y dejar una huella imborrable por el paso de los años. De acuerdo con la artista, para tener mística hay que ser auténtico, y eso lo tuvo muy claro durante su juventud, cuando los movimientos de la famosa contracultura estaban en pleno auge, especialmente por el surgimiento del movimiento hippie en Estados Unidos y la propagación de la izquierda en América Latina. “No soy política. Hay artistas que no son políticos, las circunstancias te obligan a pronunciarte, pero ese no era el caso mío; no veía la necesidad de hacerlo”, asegura. Sí considera, en cambio, que cada persona debe desarrollar su vocación, pero no aprovechar las circunstancias políticas para tratar de surgir en un entorno. “Me he dado cuenta de que todo el mundo quiere que uno tome partido. Yo sé lo que quiero para mi país, pero no puedo usar eso como una bandera. Lo más importante es el desarrollo espiritual”, explica. Espiritualidad: aspecto fundamental En lugar de la política y otros aspectos un tanto mundanos, Mirna aboga por la espiritualidad como un aspecto fundamental en el crecimiento de la persona y su integridad como ser humano. “Es con eso cuando aprendes a cuidar el país, el lugar donde vives, el planeta, los animales, la ciudad y a los niños. Es el aspecto más importante de la vida; y si no fuera por el desarrollo espiritual, estaría bajo tierra”, asevera. Se proclama como una mujer católica y seguidora de Dios, pero a la vez estudia las partes más interesantes de las religiones budistas y taoístas, de las cuales ha logrado reunir un compendio que se resume en una sola frase: ayudar y cuidar a todos. “El ateísmo no es nada bueno. Me da mucha pena pensar en los ateos, porque toda esta maravilla la creó un ser superior, y de allí aprendes a cuidar, pintar, educar; en fin, todos los verbos más útiles”, expone. Libertad, relieve y música Tres aspectos son característicos en la obra de Mirna Salamanqués. En primer lugar, el relieve, técnica cuya utilización ha hecho llegar a Mirna a la conclusión de que “hago cuadros para ciegos”. Otro aspecto son las “alas de la libertad”, símbolo de su relación tan profunda con la espiritualidad y el amor por las cosas sencillas. Por último, en las creaciones de la artista destacan los grafismos musicales, creados a través de la musicalización del proceso creativo y canalizada a través de la inspiración que el sonido puede transmitir a Mirna. Todo un espectáculo. |