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La empresa ha incorporado nuevos aviones que le permitirá abrir más rutas internacionales.
Marcos David Valverde Foto Armando Rivas  Molina: "En los comienzos hicimos un trabajo social" Resulta imposible desde todo punto de vista hablar sobre el desarrollo del turismo en el estado Bolívar y en Venezuela, sin hacer referencia a una empresa que ha impulsado esta área desde sus inicios en los tempranos años 70: Rutaca Airlines. Paralelamente resulta inadmisible desconocer a esta compañía, que con el paso de los años ha adquirido un prestigio que la hizo merecedora de un lugar privilegiado entre las preferencias de los viajeros en el ámbito nacional. El merito de la empresa se basa justamente en la etapa de su génesis. "La idea de la empresa era cubrir los aspectos de salud hacia la Gran Sabana y hacia las confluencias de los ríos Caura y Caroní, principalmente con los programas de vacunación", explica uno de los artífices de esta firma impulsada en Ciudad Bolívar, el capitán Eugenio Molina. Rutaca es fundada en 1972 por Evard Mares Bianchi; César Obdulio Iriarte; José Rosalindo Flores, quien sirvió a la compañía como contador, y el mismo Molina, que para aquel entonces era el piloto más joven de la zona. La línea aérea comienza con una flota de aviones pequeños, como el Cessna 206 y 207, que con el paso de los años y gracias a la labor de estas personas fue incrementándose, hasta alcanzar 16 aparatos que estarían al servicio de las comunidades de los sectores ubicados al sur del estado Bolívar. Los fundadores ven la necesidad de expandir las funciones de los aviones, razón por la cual comienza a desarrollarse el vuelo de las aeronaves sobre las zonas mineras de la región guayanesa, como la manera de contribuir con una de las actividades más productivas de la región. "Nos vimos en la obligación de llevar más volúmenes de carga sobre la zona de Canaima, y de ampliar el desarrollo y el mantenimiento de esa zona turística, así que compramos el primer DC-3 a la línea Avensa, y adquirimos tres más de la línea Aeropostal hacia el año 1977", señala Molina en relación con el incremento y la variedad de la flota de aeronaves. Cubrir necesidades Con la adquisición de los DC-3, Rutaca se mueve por nuevos senderos, y la Gran Sabana se convierte en uno de los destinos fijos que tuvieron estos equipos aéreos. "Pensamos en el desarrollo de las comunidades indígenas, sobre todo de Kamarata. Manteníamos la logística de alimentación de las escuelas indígenas que estaban en esa población, además de Kavanayén, Wonkén, Canaima y otras poblaciones. Todos estos insumos eran donados por el Estado o adquiridos por los mismos centros educativos (...) hicimos un trabajo espectacular, porque realmente fue un trabajo social", relata Molina. Con la penetración de Rutaca hacia estos sectores, se desarrolló de manera inmediata el turismo, y durante esa época la empresa logra movilizar 500 personas al día provenientes de todas partes, cuyo anhelo era conocer la majestuosidad de los recursos naturales de Bolívar. Con la credibilidad que obtuvo la aerolínea con base en su trabajo, ésta logra participar en la instalación del sistema hidrometeorológico de la Gran Sabana, iniciativa llevada a cabo por la CVG Electrificación del Caroní C. A. (Edelca), con el cual se logra complementar el campamento de Hoturvensa, especialmente en Canaima. Para tales fines, Rutaca tuvo una participación especial en el "abastecimiento diario de combustible para mantener ese sistema eléctrico. Se llevaban, como mínimo, 42 tambores de gasoil al día para mantener funcionando esa red y se hacían tres vuelos diarios para esa tarea". Durante esa época se hace la adquisición de aviones Convair 340 y 440 para desarrollar el turismo, a pesar de las restricciones aeronáuticas de esos años que impidió que la compañía desarrollara rutas diferentes de las que venía realizando, como Ciudad Bolívar-San Tomé-Margarita. Llegan los gigantes Con la idea de ampliar sus horizontes dentro del difícil mercado de las líneas aéreas en Venezuela, Rutaca compra equipos Embraer 110, aviones para 19 pasajeros de gran versatilidad con los cuales se cubren rutas de interés turístico. "Comenzamos con la ruta de Margarita-Ciudad Bolívar por la deficiencia que tenían otras aerolíneas más grandes. Además, nos metimos hacia Barcelona y mantuvimos las rutas para Canaima. Así comenzamos con los full day, con el fin de llevar a los pasajeros todo el día para Canaima y regresarlos en la noche", relata. Además de los Embraer, para esa misma época se compran los Caravan, monomotores muy recomendados para las rutas turísticas y comerciales, que se abrían con mayor insistencia con el paso del tiempo. Pero no sería hasta el año 2001 cuando llegarían los verdaderos gigantes que terminarían de convertir a Rutaca en una de las empresas más consolidadas del país: los Boeing 737. "El Boeing lo adquirimos de la misma empresa que nos había dado el crédito de los Bandeirantes, pero 14 años después. Ese avión estaba rentado a Lan Chile, y decidimos hacer ese negocio bien complicado, con toda su logística", señala. Hoy, Rutaca cuenta con 4 Boeing 737, y desde ya se está haciendo trámites para adquirir 4 equipos más. Hoy más que nunca se encuentra en el camino para convertirse en una referencia mundial para las líneas aéreas, todo gracias al trabajo y sacrificio de esa gran familia. Con el paso de los años se fueron reclutando mecánicos, pilotos y aeromozas que, por alguna u otra circunstancia, quedaron fuera del mercado laboral, y estos han sido, por supuesto, el motor principal de la línea aérea, que ha llegado a donde está con constancia, pasión y, sobre todo, un inmenso amor por esta tierra. Momentos de angustia Eugenio Molina, uno de los fundadores de Rutaca, recuerda con un claro reflejo de alivio y satisfacción en su rostro, uno de los momentos más difíciles de la empresa, materializado el 15 de junio de 1992, cuando uno de los aviones fue secuestrado. "Un Bandeirante con 14 personas fue secuestrado mientras cubría la ruta entre Anaco y Maiquetía, debido a que ese tramo contribuía especialmente con el fortalecimiento de la industria petrolera. Los pasajeros aparecieron a los seis días en las cercanías de Villa Vicencio, Colombia. Comenzamos a buscar el avión, y en ese intento no descansábamos. Resulta que apareció a los 22 días cerca de una quebrada y con una hélice doblada, pero la enderezamos con una piedra y nos lo trajimos así mismo", relata entre risas. Luego de esto los pilotos del avión fueron reconocidos por la Organización Internacional de Pilotos en Europa, por lograr aterrizar el avión dos veces sin combustible. Una anécdota digna de recordar. |