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Su mayor sueño es poder dar conferencias gratis en el Cachamay, donde la gente aprenda a mejorar su calidad de vida, mediante la respiración, la meditación y la energía. Si alguna vez se ha tropezado con una danza de leones chinos en algún evento público, por allí anda Argimiro Núñez.
Alba Ysabel Perdomo Foto Luis Vallenilla  Núñez es reconocido nacional e internacionalmente por su labor en la difusión de la cultura oriental En Argimiro Núñez se mezclan la fuerza física y la búsqueda espiritual de una manera muy llamativa. Es moreno, espigado, con una enorme sonrisa. Sus grandes amores, aparte de su esposa y su hijo, son las artes marciales, la velocidad y el yoga. Este guayanés posee un currículo deportivo muy variado: ha tenido destacada participación en competencias de motociclismo, todo lo que tiene que ver con la tradición marcial oriental incluyendo kung-ku, taichi, yoga y deportes de agua como canotaje y windsurf. Su gimnasio Lo Han es un espacio donde se pueden practicar técnicas de relajación hasta llegar a las más sofisticadas demostraciones de agilidad y habilidad marcial. Tiene 18 años ubicado en los campos de Ferrominera y asegura con orgullo haber construido su propio local, contando sobre todo con el apoyo de sus padres y hermanos. La ley de vida de Argimiro Núñez es que todo lo que vivimos es nuestra elección, hacemos nuestra propia película y nos metemos en ella, en el papel que creemos adecuado. Sus planes contemplan siempre mejoras, no sólo de sí mismo como educador o como médico tradicional chino, sino de todo ese conglomerado de alumnos que lo siguen desde hace muchos años en las diversas disciplinas que imparte. Por ejemplo, acaricia la idea de traer a Ciudad Guayana al único lama occidental del mundo, Ole Nydhal, quien es reconocido por su carisma y la prédica que hace de una variante de la meditación budista llamada El Camino de Diamante. Todos vuelven Nació en Valencia, estado Carabobo en el año 68, llegó a Ciudad Guayana a los siete años de la mano de sus padres. De allí en adelante se entrelazó al macizo guayanés de tal modo que ha visitado muchos países del mundo, pero como los buenos hijos, siempre vuelve al hogar. "Me siento universal, donde he estado me he mezclado", dice entre carcajadas el sifu Argimiro Núñez. Relata que tuvo una infancia plena de vivencias junto a sus cinco hermanos, todos hombres. "Andábamos por allí en caballo, desde chiquito visité los ríos para nadar, estas eran tierras vírgenes". Otro pilar para Núñez fue la bella relación entre su padre y su madre de los que cuenta que "No pelean como pareja, son una belleza, un ejemplo para nosotros. Nos dieron permiso para escoger nuestra religión y nuestro propio camino". Rememora que su padre les decía claramente que lo único que deseaba era que fuesen profesionales y que amaran lo que hicieran siempre. El periplo de Núñez por el mundo comienza bien temprano, porque decide aventurarse a los 17 años, rumbo a la Argentina, en un viaje tipo mochilero. Allí toma contacto con un grupo de yoga llamado Ananda Marga, y estudió con esos monjes durante año y medio. Luego prosigue camino a Brasil y luego a Perú. "Antes había menos población, menos comunicación y más ignorancia", destaca Núñez. Al volver, quería volcar en esta tierra el conocimiento recogido en otros lados, y comenzó con tres alumnos, en un momento en el que muy pocos conocían la disciplina del Tai Chi. "Hice mi taller yo solo, pegaba bloques, hacia la mezcla del cemento, porque mi hermano me consiguió el terreno a ver si lograba que me quedara aquí". En su escuela quiso divulgar el Tantra Yoga, que es una filosofía de auto-realización y de servicio a los demás, primero siguiendo la vertiente hindú y luego la tibetana, con la que se identifica más en la actualidad. Realmente parece estar motivado por su búsqueda religiosa, ya que sus ojos brillan al hablar de sus vivencias. También ha querido traer la cultura china a la ciudad, y para ello tiene una metodología propia. A puro pulso Destaca Núñez que en sus 18 años trabajando en el gimnasio Lo Han, toda su labor ha sido por iniciativa propia, sin recibir ningún tipo de subsidios. Está consciente de sus múltiples facetas, porque con sus 200 alumnos puede ser sobreprotector, regañón, confesor, amigo entre otras cosas. Considera que lo ata a la ciudad la ley de afinidad, pero resiente que en muchos guayaneses no haya continuidad en los planes de vida, es decir entrenan con furia durante seis meses, pero luego se distraen con otras actividades y abandonan lo que hacen. "El venezolano sabe mucho, y domina poco, no profundiza, no tiene identidad, ni respeta sus raíces étnicas, carece de principios", argumenta ácidamente. En su opinión, es muy importante combatir la indisciplina, leer, culturizarse, tener sentido de por qué luchar en la vida. "Ciudad Guayana es una Mesopotamia entre dos ríos, tiene mucha energía, pero la hemos descuidado, hay contaminación en las plantas y en el agua". Breve historia de un inicio Al llegar a Guayana Argimiro toma contacto con las artes marciales en la escuela de Judo Yaguara de Puerto Ordaz. Comenzó de siete años y permaneció allí hasta los 10 años. Llega al grado de cinturón marrón, y se inscribe en la Escuela Superior de Kung Fu, Gimnasio Sing Lung de Puerto Ordaz, donde practica el estilo de la grulla blanca (Pak Hok Pai) con el profesor Germán Pérez. Ya de adolescente viaja a Argentina, allí cursa un año de Tantra Yoga y se acerca a los fundamentos del kung-fu y el tai chi. Sigue viajando por Sur América y Estados Unidos. En Nueva York, hace contacto con la filosofía espiritual tántrica y decide viajar a la India. Allí conoció a su gran maestro espiritual Shrii Shrii Ananda Murti, quien lo orienta hacia las bases y fundamentos espirituales que guiarán su vida. Desde ese punto de su vida, Núñez no ha dejado de viajar por el mundo, buscando nuevas técnicas tanto deportivas como espirituales. Ha recibido clases y ha enseñado en lugares distantes a Guayana, pero siempre recala de nuevo en este puerto. (Con información de la página Web www.lo-han.net) |