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“Nosotras empezamos dando clases, ayudamos a construir el edificio, limpiábamos los baños y fuimos las obreras de nuestra escuela”.
Lucía Mendoza Foto Aníbal Barreto .jpg) El nombre del colegio encierra un espíritu de grandeza Con la concepción de implantar una escuela diferente que ofreciera orientación escolar a los estudiantes de Ciudad Guayana, nace en 1981 el Colegio Los Próceres. Es una institución privada que ofrece educación integral, y funciona en la urbanización Los Olivos de Puerto Ordaz. Esta moderna edificación abre sus puertas todas las mañanas para recibir aproximadamente 1267 alumnos, que van desde primaria hasta bachillerato. Los estudiantes toman al colegio como su segundo hogar, ya que es el sitio donde conviven y aprenden, disfrutando en sus amplios pasillos, en los patios, en las canchas deportivas, y en la concurrida cantina. Las fundadoras de este sueño fueron Nancy Gómez, licenciada en Educación mención Física y Matemáticas, e Irene de Sanabria, hermana de Nancy y también educadora. “Cuando iniciamos abrimos el colegio con primaria, y comenzamos con 80 alumnos, para nosotras fue todo un éxito por la fuerte publicidad que se le hizo”, destacó Gómez. ¿Cómo surgió la idea de construir un colegio? Teniendo a una de mis hijas en un preescolar llamado “Blanca Nieves”, en Ferrominera, visitaba y colaboraba mucho en el lugar. Recuerdo que un día la señora de la institución, quien me tuvo mucho cariño, vio que yo aportaba a la escuela y tenía posibilidad económica y pedagógica de quedarme con ella, me la ofreció, nos sentamos hablar y fue cuando me entusiasmé. - Siempre comentan que los inicios de cualquier proyecto son difíciles, ¿cómo fue el comienzo de Los Próceres? - Ciertamente fue de muchos sacrificios. Comenzó en una casa alquilada en el campo A2 de la Ferrominera, en el preescolar que te había dicho, ahí sólo estuvimos un año, pues con el crecimiento de la matrícula teníamos que cambiar de sitio. Mi hermana y yo les dábamos nuestro sueldo a otras maestras para poder seguir avanzando. Gómez en un viaje que realizó a Caracas recorrió varias escuelas y vio muchas ubicadas en edificios, y decidió buscar uno en Puerto Ordaz para continuar con su sueño. Fue así como paró en una construcción en la avenida Monseñor Zabaleta, y allí llegó atender a más de 600 alumnos. En esta segunda sede las cosas tampoco fueron fáciles, al inicio la demanda era muy poca y la renta del edificio era 20 mil bolívares, bastante dinero para aquel tiempo, y esta educadora tenía que asegurar el dinero del alquiler para poder arrancar. ¿Qué hizo para captar más estudiantes? Fui hasta la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y estaba el Plan IV en marcha, para construir escuelas. Entonces presenté un proyecto a la compañía donde yo les daba clase a los hijos de los trabajadores y la empresa me aseguró 200 cupos, de esta manera fue creciendo. El tercer cambio ya sería el último cuando estas hermanas compraron un terreno a la Corporación Venezolana de Guayana en la urbanización Los Olivos, convirtiéndose en su mejor inversión luego de tantos trajines. “Aquí nosotras empezamos dando clase, ayudamos a construir el edificio, limpiábamos los baños y fuimos las obreras de nuestra escuela”. En esta sede sus fundadoras han logrado prestigio y excelencia académica. ¿Por qué escogieron el nombre Los Próceres? Surgió cuando fui a firmar el documento de registro, entonces pensé que debía ser algo grandioso, que siempre se recuerde en la historia; se me vinieron varios nombres a la mente, como Los Libertadores, Los Emancipadores, y cuando llegué a Los Próceres ahí me decidí. Es que ciertamente este colegio ha quedado para la historia de las instituciones académicas privadas del estado Bolívar, a través de su proyección educativa y comunitaria se han dado a conocer en toda la zona. ¡Presente! en la comunidad Tanto el colegio como sus alumnos siempre están presentes en las comunidades guayanesas, puesto que han probado la sensibilidad de la institución que cada vez aporta más hacia el entorno. ¿Cuál ha sido la labor del colegio con la gente de Guayana? El trabajo que hemos realizado para los sectores más necesitados lo hemos hecho desde nuestros inicios, anualmente construimos la sonrisa de un niño en Navidad y nos unimos con otros colegios para efectuar una fiesta, donde regalamos a los niños de las otras escuelas, ropa, juguetes, libros y todo lo que podamos dar. Esto es junto con los representantes de los muchachos. Mas su labor no queda ahí, el esperado día del kilo es algo muy beneficioso para las fundaciones. “En este día recogemos alimentos y lo llevamos al Hogar Madre Emilia, al ancianato Madre Teresa de Calcuta, así como al hogar La Cigüeña”, comentó Gómez, directora del plantel. Además, los alumnos de Los Próceres no sólo han participado en la Misión Robinson y Ribas en los planes de alfabetización, sino que remodelaron el área donde trabajan las damas voluntarias del Hospital Uyapar, pintando todo el edificio, cambiando las cerámicas y arborizamos parte del sitio. Esta parte humanitaria no pretende ser cambiada mientras la institución siga viva. Como directora, ¿cree usted que el colegio va a seguir creciendo? Claro que podemos seguir creciendo, pero en estos momentos no lo tenemos planificado, pienso que el país está en una situación difícil. Nosotros no tenemos ningún inconveniente en seguir ampliando los caminos, pues estamos reconocidos como un colegio prestigioso por el gran personal que aquí labora y creo que la gente nos apoyaría. Como su dueña profesa Los Próceres está cargado de éxitos, y su meta será seguir siendo un referente en la educación venezolana. Formando ciudadanos integrales y con calidad humana. |