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Según los datos que manejan, por su institución han pasado unos 49 mil guayaneses desde el 15 de marzo de 1977.
Luis Antonio Anselmo P.
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Foto Julacci Brito La pasión por el deporte la lleva en la sangre. No es para menos. Su padre, Teo Carriles, es uno de los más reconocidos ciclistas venezolanos, fundador de la Federación Venezolana de Ciclismo y cabeza de una familia que en otras disciplinas siguió sus pasos como un proyecto de vida.
Tras una exitosa trayectoria como nadadora y con unos 7 años dando clases de natación en el Liceo Gustavo Herrera, Esther Capriles llegó a Guayana en el año 1973 por culpa del amor. Su esposo, Guillermo Jiménez Armas, consiguió un empleo en Sidor y así ambos decidieron abrirse paso en medio de esta tierra de oportunidades. Es precisamente él quien comenta la historia de su compañera de vida, recordando que llegaron a una ciudad en construcción, sin las grandes avenidas y edificios que caracterizan a la Ciudad Guayana de hoy. "Ella estuvo dando clases en el Caronoco, en el Hotel Intercontinental y después en el Club Náutico, siempre con la idea de tener nuestra academia". Con una narración que es imposible de separar de la historia de la ciudad, Jiménez Armas contó que el primer intento fue cuando se fundó la "Cooperativa Otto Rivero Suárez, lo que ahora se conoce como La Cornisa. Tiene ese nombre por un ingeniero de Sidor que murió en un accidente aéreo y propusimos ese nombre". "Pero bueno, necesitábamos dos parcelas y el equipo promotor consideró que no era bueno. Luego conseguimos las parcelas aquí en Los Olivos, en el año 1977 y por fin se cumplió el sueño de Esther. Abrimos el 15 de marzo de ese año". En pareja Con un semblante envidiable, tal vez por su desempeño en las piscinas desde los 5 años de edad y compitiendo hasta los 21, Esther Capriles asegura que desde su mudanza a Ciudad Guayana siempre tuvo claro que su meta era hacer como sus hermanos en Caracas, tener una escuela de natación de la que ella misma se encargara. "Cuando pudimos comprar el terreno me concentré en hacer esto. Yo comencé dando clases en esa piscina, cuando tenía treinta y pico de años. Cuando la edad fue avanzando -y sonríe-, me dediqué sólo a la dirección dándole paso a la gente joven". La deportista aseguró que la natación es uno de los ejercicios más completos que pueden hacerse, pues además del esfuerzo físico que implica, es una herramienta de seguridad para cualquier persona. "Es un deporte bastante completo, tanto que no sólo sirve para ejercitarse sino para uno recuperarse de lesiones, y ahora hasta a las mujeres embarazadas las están metiendo en la piscina. Pero además y aunque parezca irrelevante, está la parte social. Una persona que sabe nadar tiene más oportunidades de compartir actividades con otras personas cuando van de viaje o están en un sitio de agua". Y de inmediato vuelve la vista a su esposo y le dice "yo creo que hicimos una pareja muy buena para esto. Él como ingeniero y yo como nadadora, aportamos nuestras condiciones para esto. Él solo no hubiese podido y yo tampoco. Al menos que él se hubiese buscado otra nadadora que le trabajara y yo otro ingeniero", y sonríen los dos. Ofreciendo oportunidades Gracias a la Escuela de Natación Esther Capriles, una gran cantidad de niños guayaneses han tenido la oportunidad de aprender a nadar, durante 30 años ininterrumpidos de actividad en favor del deporte y la educación de la región. Con tres décadas viendo la ciudad desde el mismo lugar, Esther Capriles comenta que una de las cosas más sorprendentes es la cantidad de personas que han llegado a Ciudad Guayana, algunos sólo a trabajar, y otros a echar raíces. "Muchos han pasado por la escuela de natación, porque cuando no había muchos clubes y ningún colegio tenía piscina, venían para acá. Desde aquí hemos podido vivir como ha crecido esta ciudad". "Desde sus inicios ésta fue una ciudad muy cosmopolita. Por ser nueva, casi nadie era de aquí, confluimos personas de muchas partes y ni siquiera hay un casco colonial, una iglesia antigua. Pero a la gente eso le gustaba, una ciudad bellísima rodeada por dos ríos imponentes y atractivos enormes. Yo me enamoré de esto y aquí tuve a mi familia, me quedé". A pesar de las dificultades políticas y económicas que afronta el país, Esther Capriles está segura que continuará ofreciendo sus conocimientos y pasión en Ciudad Guayana. "Es verdad, nosotros vivimos de esto, pero aquí vienen las personas que no son socias de un club, que no tienen acceso a otras alternativas. Tenemos tres tipos de cursos, los vacacionales, los particulares y los escolares, con algunos colegios que aceptan este programa. En treinta años hemos atendido más o menos a 49 mil personas, niños y adultos". Hacer ciudad La historia de esta familia con la ciudad va más allá de las clases de natación, pues tal y como recordaran Esther Capriles y Guillermo Jiménez Armas, el trabajo en la escuela siempre dejaba tiempo para ocuparse de asuntos comunitarios. "El papel de Correo del Caroní fue maravilloso para las luchas de la ciudad. Aquí mismo en Los Olivos, donde está la Plaza Chipia, nos iban a hacer unos súper bloques, y evidentemente no estuvimos de acuerdo porque eso rompía con el concepto que se tenía para este sector". "Encontramos apoyo en el Correo, que era muy impactante porque los otros periódicos tenían unos sistemas en blanco y negro y el Correo era bonito, con fotos a color. Así comenzamos un movimiento muy bonito, eso fue a la prensa nacional y ganamos", comentó Jiménez. "Pero además vinieron otras actividades. Formamos la primera asociación de vecinos de Ciudad Guayana, la de Los Olivos, y así cuando el tema del urbanismo surgió como un problema, promovimos la creación de otras asociaciones de vecinos para participar". |