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Alma de pregonero solidario
 Uno de los tantos agasajos decembrinos para sus muchachos pregoneros Casi al inicio de Correo del Caroní Ricardo Vizcaíno se asomó a la puerta de esta Casa de las Ideas y vio el dinamismo de una redacción vibrante que coordinaba la relación diaria del acontecer de Guayana, Venezuela y el mundo para entregarla impresa a los lectores. Se paró frente a la rotativa más grande y moderna en sistema offset que para el momento existía en el país, observó la estructura tecnológica y la velocidad de los sistemas de edición y sacó sus propias conclusiones. El pregonero apodado "Pata fresca" por sus compañeros en San Félix, en reconocimiento a su agilidad para la oferta y vocería de periódicos (El Bolivarense, El Universal) y bajo el estímulo del periodista Tomás Matos, ya tenía la experiencia como para aspirar a trabajar en la exigente tarea de distribuir un producto periodístico como Correo del Caroní, con extraordinario potencial de penetración, aunque su estilo y estructura ética jamás ha permitido que, por ejemplo, sus páginas de sucesos aparezcan bañadas de sangre para llamar la atención y facilitar las ventas. Pero tenía un grave problema: estaba "limpio". Quería la oportunidad, lo que hacía evidente con su esfuerzo y perseverancia. El periódico lo puso en posesión de dos camionetas Pick-Up que entregó a crédito un apreciado amigo de la casa, Nuda Abussaid, dueño de Tigre Motors en Ciudad Bolívar. De allí en adelante Vizcaíno se desplazó con gran destreza a la cabeza de la distribución del periódico líder, hasta que murió prematuramente en el año 2000. El pregonero "Pata fresca" devino en empresario de la distribución afincado en el conocimiento y la experiencia del trabajo de calle, aunque siempre manejó humildemente su éxito y nunca cambió su estructura espiritual de hombre de bien, amigo incondicional con alma de pregonero solidario. Siempre se ocupó de la situación personal, estudios y condiciones familiares de los pregoneros de Correo del Caroní. Con el total apoyo del periódico se organizaban agasajos decembrinos para los muchachos y sus madres, entregándoles regalos y útiles para sus hogares, destinados a mejorar la calidad de vida. Vizcaíno, a varios años de su desaparición, nunca ha sido olvidado por la gente del periódico. Igualmente quienes con él compartieron el trabajo de calle. Tampoco por los muchos a quienes, en todos los niveles, ayudó de alguna manera. En los ámbitos de los talleres mucha gente siente su tradicional presencia, asegurando que su espíritu ronda permanente en mística tarea protectora del Correo y de su gente. De hecho, su foto sonriente cuelga en la pared cerca del sitio donde aguardaba el tiraje del diario, justo frente a la rotativa. Ricardo Vizcaíno está en el ambiente de los ruidos madrugadores de la máquina, en la brillante estela blanquecina del papel a su paso veloz entre cilindros impresores de imágenes y textos... y en el fuerte olor a tinta. Ricardo Vizcaíno, a los treinta años de Correo del Caroní dice: ¡PRESENTE! |