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La mayor herencia que puede tener un ser humano es la educación. La "maestra Juanita" cumplió su labor con gran disposición al educar a los niños de Ciudad Guayana.
Ainara Fernández R.  Siempre enseñó a sus alumnos disciplina y buenos principios para ser hombres de bien Admiración, orgullo y constancia son sólo algunas de las características que resaltan al nombrar a Juanita León. "La maestra caramelos" como también era conocida, realizó una labor invaluable al educar a más de cinco mil niños que habitaban en la "Zona del Hierro". Juanita era "la maestra caramelo" porque siempre tenía en su cartera un dulce para regalar a sus alumnos y sobrinos. La educadora que tenía un carácter fuerte, porque se hacía respetar entre quienes la conocían, se ganó la admiración y devoción de sus alumnos y representantes, porque les enseñó disciplina, educación y capacitación a los jóvenes de la tierra del Orinoco. A pesar de que Juanita nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, se consideraba una guayanesa, pues llegó a Ciudad Guayana en 1952 a vivir en casa de su hermana Arminda Velásquez. Una vez en la "Zona del Hierro" se preocupó por la cantidad de niños que había para aquella época y que no asistían al colegio. Juanita era la segunda hija de 7 hermanos. Su carácter independiente la hizo irse a estudiar a Caracas desde muy joven, para luego radicarse en Ciudad Guayana. Sus primeros alumnos fueron los hijos de los ejecutivos de la Iron Mines Company of Venezuela, que recibían clases en el patio de la casa de Arminda en el Campo A-1 bajo una planta de celedonia, donde colocaba bancos para que se sentaran los niños. Comenzó alfabetizando a unos pocos pequeños, pero producto de que los infantes aprendieron a leer y escribir, se sumaban cada vez más que tenían la curiosidad y el deseo de cultivarse. Entre los alumnos de Juanita hay reconocidos doctores, abogados y demás profesionales de la nación, que iniciaron su proceso educativo con la "maestra caramelo". Una vida por la educación Juanita León dedicó 49 años de su vida a impartir educación y disciplina a los niños de Ciudad Guayana. Llegó a la "Zona del Hierro" con 21 años para comenzar la Escuela Privada Delta, que albergó en sus aulas más de 5 mil alumnos durante toda su vida. Arminda Velásquez recordó que cuando su hermana compró su casa en Villa Brasil y se mudó, lo primero que hizo fue ordenar la vivienda para que funcionara como escuela. Sus hermanas Arminda y Lérida de Echeverría, comentaron que "a Juanita no le importaba el dinero, porque para ella no tenía gran valor. Ella prefería dárselo al más necesitado, era muy bondadosa". La escuela de Villa Brasil siempre fue "muy humilde", pues estaba hecha de tabiques, sus techos de láminas de tejalí, y tenía ventiladores. Pero ese fue el secreto y la esencia de la "maestra caramelo", la sencillez. Aunque en los inicios de la Escuela Privada Delta se impartió clases a alumnos desde primer grado hasta tercero, la maestra Juanita amplió su escuela para dictar clases desde kinder hasta sexto grado. La unidad educativa dejó de funcionar una vez que la educadora se retiró en el 2001. Todo un personaje Más allá de su vida como docente, estaba su vida privada, la cual protegía con mucho recelo. Nunca se casó ni tuvo hijos naturales, pero consideró a cada estudiante que conoció como un hijo y "los quería como tal". Lérida de Echeverría recordó que "la maestra" también era una gran deportista, pues ganó premios nacionales de basketball, así como también contribuyó a la formación del equipo Farmacia Ríos. Además de tener un carácter fuerte, "era muy mandona y dominante, pero también auténtica e intensa", dijo su sobrina Anabel Echeverría. A la maestra Juanita le gustaba la fiesta, bailar calipso, vals y paso doble. De la misma forma le gustaba jugar a las cartas y dominó. Entre otras de las tantas cualidades que tenía, es que le gustaba cocinar "y lo hacía muy bien. Sabía hacer platos rusos, criollos, sopas, de todo", comentó Lérida. Venezuela también ocupó un espacio muy grande en el corazón de la maestra, para ella el país "era todo". Sus trajes de gala para las ocasiones especiales eran liqui-liqui, "los tenía de todos colores", recordó su sobrina. Juanita siempre fue muy sencilla, hasta el punto que no le gustaba asistir a los reconocimientos que le hacían, porque "aceptándolos perdía su esencia que era educar", dijo Anabel. También fue una mujer muy coqueta, no en maquillaje, pero sí en tener muy bien arreglada las uñas y un buen peinado. Juanita era una persona muy culta, aprendió inglés en Trinidad, y también hablaba árabe. "Le encantaba escuchar y cantar ópera, leer libros, escribir poemas, lírica, diarios, y un poco de todo", dijo su sobrina. Para sus hermanas Juanita era "una heroína" por todo lo que hizo a lo largo de su vida, desde educar a los niños guayaneses hasta donar "lo que tuviera por ayudar a los demás". Recordándola aunque no esté Juanita dejó la Escuela Privada Delta en el 2001. Pero un año más tarde le diagnosticaron un cáncer de seno, que fue operado en el Hospital de Ferrominera por sus antiguos alumnos. A pesar de que fue una persona deportista, que gozaba de buena salud, le gustaba la fiesta, y era recordada por ser la batutera de todas las comparsas de Puerto Ordaz. Luego de que le diagnosticaron el cáncer y con el pasar de los años su salud fue desmejorando, hasta el punto de sentir gran dolor al caminar. Su espíritu guerrero no la dejó "tumbada" en una cama, y siempre luchó por seguir siendo la misma hermana y mujer independiente que fue. Lamentablemente el 12 de diciembre del 2006 murió producto de un infarto cerebral, que dejó un inmenso espacio en el corazón de quienes la conocieron y del pueblo guayanés. Aunque ya "la maestra de los caramelos" no está con nosotros, su legado es una huella imborrable en la cultura guayanesa, pues dejó el regalo más preciado que puede recibir una persona, la educación. |