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Quien fue testigo del levantamiento de todo aquello con lo que cuenta esta urbe hoy en día, ve con mucha tristeza el hecho de que la ciudad haya sido muy bien planificada y esté siendo muy mal mantenida.
Paola M. Lessey P. Foto Luis Vallenilla  Sergio Ceppi: Si me botan por la puerta, yo entro por la ventana Corría el año 1936, cuando Livorno, ciudad de la región de la Toscana, vio nacer a Sergio Ceppi, un italiano que quedó absolutamente maravillado con la libertad que representaba estar en una urbe que apenas daba sus primeros pasos y que trabajó incansablemente en función del desarrollo de Puerto Ordaz. Pasó los primeros años de su vida en Roma, pero poco después su padre, preocupado por los horrores de la guerra, las contrariedades de la posguerra, así como por la situación política y económica en Europa y el temor ante una posible Tercera Guerra Mundial, decidió trasladarse a Venezuela, país que sigue y seguirá siendo el hogar de Ceppi. La familia se residenció en Caracas, en donde el joven Sergio continuó con sus estudios para luego ingresar a la Universidad Católica Andrés Bello, graduándose de Ingeniero Civil. A pesar de que su padre también ejercía la misma profesión, Ceppi asegura nunca haber sido forzado para seguir el mismo camino. Dice que sencillamente no se imaginaba haciendo otra cosa. Primeras experiencias No había transcurrió mucho tiempo antes de que fuera contratado por la Empresa Constructora Barsanti, fundada en 1957 por el ingeniero Benvenuto Barsanti, para la construcción del muelle de San Félix. Con 24 años y recién graduado, Ceppi llegó a una ciudad naciente, que apenas contaba con unos campamentos que servían para alojar a los que se encontraban construyendo la Siderúrgica del Orinoco, el Centro Cívico y algunas viviendas de la Orinoco Mining Company. Una vez que culminó con el proyecto del muelle, Ceppi comenzó a trabajar con la empresa Dell'Acqua, participando en la construcción del tramo de la avenida Guayana, que va desde Alta Vista hasta el puente Caroní, de la avenida Monseñor Zabaleta, los brocales y la base de la avenida Las Américas, el movimiento de tierra para los edificios Los Peregrinos. Para ese entonces, apenas cuatro empresas se encontraban trabajando en la incipiente zona, de manera que la vida para los trabajadores era un poco complicada, considerando la falta de alojamiento y de lugares para comer y distraerse. La primera morada de Ceppi fue el campamento de la Empresa Constructora Barsanti, posteriormente se mudó al sector de Matanzas, donde permaneció durante 10 años en el campamento de la empresa Dell'Acqua. Labor propia El reloj siguió corriendo y en el año 1971, Ceppi tomó la determinación de trabajar por su cuenta y fundar Construcciones Tonoro C.A., cuya trayectoria incluye el movimiento de tierra y los servicios de la urbanización Los Saltos, la Represa de Guri en consorcio con otras dos empresas, la autopista San Félix-Upata en sociedad con Angelo de la Torre, trabajos en la Represa de Macagua y el movimiento de tierra de la Represa de Caruachi. Actualmente Construcciones Tonoro C.A. trabaja en la Represa de Tocoma. Cuando Ceppi recuerda qué fue lo que lo motivó a quedarse en Puerto Ordaz, lo primero que le viene a la mente es, "la libertad, aquí éramos libres". En algún momento de todo este recorrido, formó una familia con cuatro hijos, tres varones y una hembra. Los mayores, un arquitecto y un artista, fueron a estudiar a Nueva York y allí fijaron residencia. Mientras que los menores se encuentran estudiando, Diseño e Ingeniería en Computación. Han compartido el amor por su profesión con el interés que siente hacia la ganadería, que se hace evidente al observar la colección de adornos en forma de vacas que mantiene en su oficina. Para distraerse un poco del trabajo, viaja todos los fines de semana a su finca, ubicada cerca de Maturín. La vida de aquel entonces Durante un breve período de tiempo estuvo involucrado en un proyecto para la construcción de una carretera en Italia. Se suponía que debía estar en su país de origen durante un año, pero transcurridos ocho meses, no aguantó más y se regresó a Ciudad Guayana, "extrañaba la libertad de vida, no la libertad política ni mucho menos". Según Ceppi, en el mundo muy organizado hay que entrar en los parámetros ya establecidos, mientras que estando en una de las ciudades más jóvenes de Venezuela, los parámetros los establecían quienes iban llegando. De aquellos primeros años en la zona, extraña esa libertad que tanto encantaba a los primeros pobladores, pues considera que ya la ciudad está organizada y que se han establecido los límites. Rememora que el entusiasmo y el optimismo eran los motores que impulsaban a la gente y que les hacía olvidar las incomodidades. No tiene sino cosas buenas que decir de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), a la que le agradece el haber colaborado con todos en aquellos tiempos y el haber contribuido enormemente al desarrollo de la zona. Un enamorado de la ciudad Aquellos que como Ceppi, tuvieron la suerte de presenciar el nacimiento y desarrollo de la ciudad, sentían que estaban construyendo el porvenir de sus hijos, "pero cuando ya ese algo se hizo, la meta se diluye en el horizonte". A pesar de esta frase, Ceppi se confiesa un enamorado de la ciudad y asegura que no se irá nunca, "si me botan por la puerta, yo entro por la ventana, no me voy a ir de aquí. Me voy a morir aquí". Ahora, algunos años más tarde, quien fue testigo del levantamiento de todo aquello con lo que cuenta esta urbe hoy en día, ve con mucha tristeza el hecho de que la ciudad haya sido muy bien planificada y esté siendo muy mal mantenida, refiriéndose a la falta de alumbrado público, al mal estado de las calles y a las fallas en el servicio de suministro de agua potable. Un lugar especial Para Sergio Ceppi, Puerto Ordaz es sinónimo de tierra de sueños, de tierra de futuro, "lo único que mantiene a las personas en la vida y que justifica cualquier sacrificio, es el futuro que se pueda llegar a alcanzar. La felicidad no es alcanzar las cosas, sino la esperanza de querer lograr algo mejor, la felicidad es ver cómo poco a poco se van alcanzando las metas". |