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De Argentina a Guayana hay enormes distancias, que el destino quiso entrecruzar en la vida de Oscar Giménez, quien comenzó como ingeniero, luego fue industrial y terminó en el sector bancario.
Alicia Estaba Era el año 69 cuando Oscar Giménez (este Giménez se escribe con G y cuesta un mundo que lo reconozca el corrector del computador y más aún que la gente común lo escriba como debe ser), ingeniero químico, graduado en la Universidad Santa Fe de Mar del Plata, Argentina, fue contratado por las empresas del grupo Márquez Barry, específicamente por Pedro Márquez, para que se viniera a trabajar. Fue escogido entre un grupo de estudiantes de esa casa de estudios superiores en Argentina. El contrato era, inicialmente, por dos años.
Con esa perspectiva de futuro llegó a Ciudad Guayana, no le gustó y como a los 40 días de permanencia en nuestra incipiente ciudad, llamó a su esposa Monique para notificarle su decisión de volverse a su país natal. Pero el destino juega las cartas, a veces, totalmente diferente. La respuesta de su esposa fue "ya mandé los libros, (que hay que decir que al lado de sus obras de arte, son el centro de su vida), por barco, así que ya estaba planteado, tenía que quedarse en esta ciudad que no le agradaba pero que terminó siendo la tierra escogida. Converso con Oscar Giménez en una mañana de sábado, temprano y es que es un adicto al trabajo. Lo normal es que llegue a su oficina, antes de las seis de la mañana sin saber a qué hora saldrá de ahí; disfruta un habano, otra de sus adicciones de siempre, los recuerdos le llegan con una facilidad impresionante, las fechas, las anécdotas, los chistes a costa de tiempos difíciles y por supuesto, los logros. Puerto Ordaz, nos dice, fue un choque emocional como ciudad, y es que hay que conocer Buenos Aires para entender esta expresión, "aquí el único escape era el trabajo". Así transcurrieron los dos años de contrato inicial con las empresas Márquez Barry y cuando viaja a Caracas a entregar los resultados de su gestión, regresa con un aumento salarial y otro contrato que duró 8 años, de los cuales, dos fueron de preaviso. Nace el empresario Al renovar el contrato con Pedro Márquez, las palabras de su compañera de siempre fueron: "si renuevas el contrato, nos mentalizamos a que vamos a morir en Venezuela". Y lo hicieron, se mentalizaron, se venezolanizaron, compraron su casa, fue la primera raíz y luego se trazaron como meta independizarse, convertirse en empresarios. Varias alternativas se les abrían en el camino, recuerda Oscar Giménez, la primera independizarse y la segunda era una excelente y hasta tentadora oferta de Fior, pero escogieron el riesgo, la independencia y así nace Indorca en 1975. "Por ética arranqué mi empresa en un área industrial totalmente diferente a los refractarios para no competir con el grupo Márquez Barry. Comenzamos en el sector metalmecánico, con un taller alquilado, que estaba ubicado frente al aeropuerto". Después se mudaron a sus propias instalaciones en Matanzas. Fueron años difíciles, Oscar Giménez recuerda que Indorca nació cuando el sector metalmecánico de Guayana atravesaba su peor momento. Pero se autodefine como especialista en manejo de crisis y fueron muchas las crisis, "no sabía si llegaba a fin de mes", recuerda. En ese manejo de crisis tuvo un rol fundamental el apoyo de Monique, su esposa. Entregando 100 por ciento Habiendo tenido ambas experiencias, le preguntamos sobre el rol de empleado y el de empresario, en este punto plantea: "como empleado das el 100%, trabajas como que la empresa fuera tuya". Esa fue su experiencia en la empresa de Refractarios, a la que llegó por 2 años y permaneció 8, "como empresario te entregas igual, la ética y la moral son el motor". Afirma, subrayando que son estas premisas el secreto del éxito. Porque la palabra por ejemplo, debe tener más peso que un documento firmado, "eso es una enseñanza de cuna, de familia, que lamentablemente se ha perdido, mis amigos pueden dar fe de mis negocios de palabra". Otro secreto del éxito empresarial nos dice, es superar el miedo. Esa es la diferencia fundamental para ser empresario, más aún agrega, que a medida que pasan los años es más difícil tomar las decisiones que te llevan a emprender el compromiso de arrancar y llevar al éxito un proyecto empresarial. En este sentido y hablando del temor al riesgo, Giménez, asegura que no es un jugador, pero en su camino empresarial ha jugado siempre a caminar en el filo de la navaja. Al mismo tiempo recuerda de inmediato que para Indorca, trajeron a la región la primera máquina de control numérico: "nos decían que estábamos locos, pero igual nos endeudamos en momentos en que esa deuda parecía una locura"; ese es el mejor ejemplo de lo que significa jugar al filo de la navaja. Apoyo incondicional Por supuesto que al hablar de riesgos, Oscar Giménez recuerda hoy con una sonrisa, lo que en su momento congelaba la sonrisa, las crisis financieras que tuvieron que superar desde el crecimiento de Indorca para alcanzar los logros de hoy. Eran épocas en que el insomnio tenía una causa inmediata, cómo pagar los créditos y las nóminas, en esos momentos fue un problema de dos, su esposa Monique se dedicó a la administración y Oscar a producir. "Tuvimos momentos difíciles, al borde de la quiebra, la administración de la empresa estaba controlada por el Banco Royal, no teníamos chequera, pero ella, (Monique) ponía la cara, asumía los compromisos con los proveedores, el compromiso de "no tengo dinero ahora, pero te voy a pagar", fue sellando la confianza que depositaron tanto los trabajadores como los bancos y proveedores, hasta que fueron cancelándose efectivamente todas las deudas y la empresa se enrumbó, creció. Y creció tanto la confianza en nosotros, que el banco le ofreció a Monique la Vicepresidencia de recuperación de créditos". Superados los obstáculos financieros de Indorca, los Giménez se arriesgaron de nuevo, así nació Equipetrol, una empresa cuya trayectoria data de 18 años y en cuyo seno, también hubo innovaciones para el sector, al desarrollarse válvulas de tecnología propia para el mercado nacional y la exportación. Se convirtió en banquero Y como muestra también de ese juego al que si apuesta, de caminar al filo de la navaja, Oscar Giménez pasó de empresario exitoso del sector metalmecánico a banquero. Al mundo financiero entra por casualidad, "porque creo en el destino de acuerdo a lo positivo o negativo van saliendo las cosas", por el camino del sector bancario lo ubica su amigo de siempre, Jorge Roig, quien le habló del interés de un grupo para invertir en la compra del Banco Guayana, que hoy orgullosamente preside y empresa que se lleva la mayor parte de su tiempo de trabajo. Hay que decir que Oscar Giménez es un adicto al trabajo, llega a su oficina antes de que despunte el sol, sin hora de salida, trabaja incansablemente porque pretende seguir creciendo no sólo en el Banco, sino en el sector industrial, en el cual se ha ido diversificando. Para entrar al sector bancario Monique y él volvieron a su jugada, se endeudaron completamente una vez más, como él mismo reconoce, ella es el motor y él, el amante de la adrenalina. ¿No te arrepientes de haberte re-endeudado?, asegura que no, porque considera que ser banquero es más fácil y le gusta más, en el banco, el éxito, depende del servicio al cliente y considera además que la gran ventaja con la que cuenta, es provenir del sector industrial y saber lo que es obtener y administrar un crédito, porque eso le da el mayor de los conocimientos, para darle al banco como misión, el apoyo al la industria. Integración empresarial Más de dos mil empleos generan las empresas de Oscar Giménez, quien a propósito de la experiencia adquirida en el camino recorrido, asegura que el futuro está en la integración del sector empresarial, pero un sector empresarial maduro, que tenga claro los riesgos que hay que tomar, que entienda que ganar dinero inmediato no es ser empresario, que es necesario planificar a mediano y largo plazo, y sobre todo, que hay que estar preparado para el sacrificio y para ver los frutos. Hay que explotar los sectores de producción vírgenes, en Guayana por ejemplo, señala al sector de la manufactura que está a la espera de la inversión y la visión del sector empresarial, "mientras ello no se haga no saldremos adelante". "En Guayana es importantísima la integración empresarial, porque en la integración está el futuro y el crecimiento, aquí no ha habido desarrollo por falta de inversión en tecnología, es necesario asociarse y esa fue una de mis luchas desde la Cámara de Industriales de la región, pero hay un empresariado renuente a hacerlo", así se expresa al preguntarle sobre recomendaciones para el sector empresarial industrial de Guayana. Familia de empresarios A Argentina, donde nació ya con el gusto por los vinos, va con frecuencia, pero Oscar Giménez es venezolano por escogencia, tiene una familia venezolana, sellada con 4 nietos venezolanos. Sus hijos salieron, estudiaron y volvieron; y hoy, son una familia de empresarios que le apuestan completo al país con visión de futuro, a mediano y largo plazo. Oscar y Monique tiene el mismo ahínco que les dio la juventud que traían cuando llegaron a Ciudad Guayana, los años no solo les han dado experiencia, sino más amor por lo que juntos han emprendido y mantienen. |