|
El río Caroní se presentó pleno en un recorrido realizado por el equipo de Turismo este jueves. Gracias a una lanchita del señor Isaías Medina, miembro de la Brigada Forestal que tiene sede en la comunidad de Sabana de Piedra en San Félix, pudimos observar espacios como el Parque La Llovizna, la represa Macagua, el Parque Cachamay y la Isla de Fajardo en una travesía por gran parte del río.
Juan Manuel Carvajal Foto Julacci Brito  La Llovizna luce espléndida en esta temporada Ciudad Guayana es una de esas pocas localidades en nuestro país que cuenta con la suerte de tener hermosos ríos, que nunca dejan de ser parte del paisaje diario. El Orinoco es el río padre y sus aguas de un tenue color ocre, son sin duda un sello que dan demostración de las bondades del Creador. Sin embargo, a diario los guayacitanos trajinan de San Félix a Puerto Ordaz y viceversa, pasando los puentes sobre el río Caroní, caudal de agua que con su apariencia oscura se muestra prodigioso ante los ojos de los visitantes. En la mayoría de los casos observamos a este río desde las avenidas, o desde el mismo puente. Imaginamos las personas que formaron sus vivencias alrededores de la ribera, y sólo observamos como pequeños detalles en blanco la incidencia del viento sobre las aguas del Caroní. Para hacer distinto nuestro recorrido de este jueves, el equipo de este medio impreso atendió la invitación formulada por Isaías Medina, de la Brigada Forestal que tiene su sede en la comunidad Sabana de Piedra en San Félix, para aventurarnos por espacio de dos horas a navegar en su pequeña lancha. Armados sólo con una cámara fotográfica y la respectiva libreta de apuntes, no perdimos el tiempo y con el sol de la mañana que cubría con una especie de velo amarillo a la ciudad, arrancó un ni tan breve recorrido por el Caroní. Comienzo En el recorrido, orientado por Medina y su sobrino Alexander, visitamos -muy de cerca- uno de los monumentos naturales más famosos de nuestra ciudad, mismo que deja con la boca abierta a los miles de turistas que visitan nuestras tierras cada año. Y es que desde que comenzamos a navegar, la cascada de La Llovizna era uno de los puntos que se incluían en el paseo, es por ello que no podía pasar desapercibido. Desde lejos se contempla como un manto blanco, algo bullicioso, no hay chance para pensar. En ediciones anteriores mostramos la maravilla que contempla el Parque La Llovizna, pero nos quedamos cortos al visitar nuevamente el sitio, esta vez no mirando desde los paraderos dispuestos en el recinto natural para observar el salto, no, sino acercándonos un poco más hasta la caída, para escuchar más fuerte el ¡shhhhhhhhhh¡ del salto, y para sentir en la cara la llovizna que da nombre a este lugar. Lo menos que provoca es ver los alrededores, ni los bonitos árboles que crecen en la ribera, ni el "puente de los maestros" del Parque La Llovizna que también se divisa. Eres solo tú y ese encantador monstruo de agua. Con el señor Isaías como guía, quien lleva más de 30 años navegando las aguas del Caroní y el Orinoco, recorrimos áreas cercanas a la represa de Macagua. En este punto del río las aguas se mueven con una fuerza increíble, y nuestra pequeña lancha hace las veces de un jeep tratando de hacer "rustiqueo" en el Caroní. Un panorama parecido se presentó cuando llegamos a las caídas de agua del Parque Cachamay. En este punto las aguas se muestran más turbias y el viento sopla fuerte. De todo Navegando en la parte central del Caroní, se puede observar el perfil que presenta Ciudad Guayana adornada entre árboles verdes, edificios y grandes torres hacia Puerto Ordaz, y una hilera de humildes viviendas hacia San Félix. Desde nuestra pequeña embarcación se observa el hotel Intercontinental Guayana, uno de los pioneros en el impulso del turismo en la zona, según relata Medina, quien asegura que más que el público local, son turistas extranjeros los que continuamente visitan estos lugares. Se observan varias edificaciones de Puertos Ordaz, la marina del Club Náutico y una vista de los avances en la obra del polideportivo Cachamay. El otro motivo de nuestro recorrido fue llegar hasta el punto del encuentro de las aguas del río Caroní con el Orinoco, límite que se diferencia perfectamente por los colores de cada uno de ellos. En la zona cercana al encuentro, se notan especies de "parches" donde se presenta una interesante trama de retazos de Orinoco y Caroní. Todo un espectáculo que se acompasa con la lucha de la diferencia entre corrientes de agua. Tanto el inicio del recorrido como el retorno fue a todo dar, aunque en ciertos puntos del río el clima hacía de las suyas y eso influía en el torrente de agua. Lo cierto es que después de ver bien cerca el color del Caroní, que dista del azul cielo que proyecta, no viene al caso otro asunto sino el respectivo llamado a la conciencia. Muchos son los que se nutren con la fuerza del río, no sólo a nivel de hidroelectricidad sino por su riqueza en peces, que otorga a los pescadores de la zona buenas temporadas. El señor Isaías se coloca a la orden si desea realiza paseos en su lancha. Es cuestión de hablar. Los precios son bien solidarios. Para mayor información diríjase a la Brigada Forestal en San Félix. Buena acción En su lancha Isaías Medina transporta diariamente no menos de 36 niños y niñas habitantes de varias islas que se encuentran a lo largo del Orinoco, quienes vienen a recibir clases en la Escuela Brigada Forestal de la comunidad Sabana de Piedra en San Félix. Medina se muestra muy contento por lo que realiza, lo que no le resulta una tarea pesada ni fastidiosa. "Los busco tempranito a las seis de la mañana y después como a eso de las 3:00 de la tarde ya los estoy devolviendo, y van comiditos y todo", señala con una gran sonrisa. |