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Al hablar de literatura guayanesa Mimina Rodríguez Lezama es una referencia ineludible, una mujer que asegura que su mayor fortaleza y al mismo tiempo su mayor debilidad es la poesía.
Ivonne M. Rincón Moreno
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Mimina Rodríguez nació para la poesía. Ella forma parte de una generación de oro de guayaneses que sin haber seguido estudios formales lograron convertirse en puntales de las letras y el arte no sólo de Guayana, sino también del país y del mundo.
Vive en Ciudad Bolívar, en pleno casco histórico en una casa en la que se respira el arte por todas partes: al entrar los techos altos dejan espacio para los sueños artísticos y literarios de cualquiera. Recorriendo el pasillo uno encuentra una mesa, varias obras y más adelante en el tercer cuarto, estaba ella… tumbada en su hamaca y rodeada de libros, periódicos y muchos sueños. Tiene 78 años, aunque fue enfática al aclarar -entre risas- que Soto tiene 80. A pesar de esta confesión sus ojos azules son la más clara evidencia de la juventud que ha sabido tomar prestada de cada uno de los jóvenes poetas que han sido guiados magistralmente por sus manos. En la actualidad, además de mantener su actividad literaria, Mimina Rodríguez Lezama es directora de la Casa de la Cultura Ateneo Carlos Raúl Villanueva, donde da una mano a los nuevos valores guayaneses para que consigan su camino en el mundo de las artes. Nació en Upata, sus primeros años los pasó en el campo de un hato llamado Las Peñas. En esa época no sabía leer ni escribir, pero ante la necesidad de expresarse hacía jeroglíficos en los árboles. “La poesía me vino con la vida, con la luz del alumbramiento soy yo poeta. Yo no lo adquirí ni en las jaulas de las universidades, ni tampoco en los pupitres de la escuela primaria”. Inicios en la escritura “Yo me mudé de Upata y me vine con mi familia a vivir en la casa de mis abuelos en Ciudad Bolívar que es la misma donde mataron a Tomás de Heres… allí me levanté. Yo vivía con mi abuelo que era el general Marcelino Torres, que fue el presidente del estado para la época, aquí fue mi primera infancia, continuó. Luego fui a Caracas, me casé muy joven con un oficial del Ejército y su hermana era -en ese entonces- la poetisa más importante de Venezuela, Graciela Rincón Calcaño, a ella le di un día mis poemitas y cuando los revisó se emocionó y me dijo que yo era poeta”. Graciela Rincón Calcaño se convirtió entonces en la primera guía para Mimina Rodríguez Lezama, ella se encargó de la revisión y corrección de su obra y logró publicarla por primera vez en la revista El Cedro del Centro Líbano Sirio de Caracas. “De allí pasé a escribir en La Esfera, Ballarino tenía una columna de poesía y empezó a publicarme mis poemas y me sentía emocionadísima, al ver publicados mis primeros poemas”. A medida que va hablando de esos inicios sus ojos adquieren una expresión muy especial, porque sin duda esta es su gran pasión. Los primeros versos que escribió Mimina Rodríguez Lezama los dedicó a su natal Upata y llevaban por nombre Upata y El Orinoco. “Uno de esos primeros versos decía: canto a las verdes colinas de mi infancia y esas verdes colinas era el hato en el que yo me crié con los conejos, los animalitos del monte, yo me crié en una forma muy telúrica”. De Caracas a Barquisimeto “Empecé a escribir y a escribir poco a poco me fui imponiendo. Fui a Barquisimeto, porque cambiaron a mi esposo a la guarnición de Barquisimeto y allá había una mujer muy importante que era Casta J. Riera, ella tenía la academia cultural Mosquera Suárez y cuando me encontró me asumió como hija suya”. Otra persona fundamental para el desarrollo literario de Mimina Rodríguez fue el poeta Pascual Venegas Filardo quien además de ser profesor de la Universidad Central estaba encargado del Índice Literario del diario El Universal, y fue entonces a partir de allí que sus obras comenzaron a proyectarse. Recuerda que en esa época fue presidenta de las Damas Bolivarianas “pero no eran damas bolivarianas como las de ahora, jajajaja, luego fui subiendo y subiendo y fui nombrada directora del Salón de Exhibición del Ministerio de Fomento y yo hice el primer catálogo de artesanía del país”. Luego, regresó a Caracas y de la mano de Venegas Filardo se incorpora al Índice Literario de El Universal. Además ha publicado excelente poesía en los diarios El Luchador, Correo del Caroní, El Bolivarense y El Expreso. Entre poesía ¿Cuál es esa poesía con la que se identifica más? - Mira, yo he escrito varios libros: La palabra sin rostro, Este vino salobre, Trece climas de amor, uno de teatro de títeres y ahorita cuando se murió mi hijo escribí un libro que se llama Garabato, que lo acaba de editar el Conac. Ese libro Garabato es terriblemente cruel. ¿Por qué? - Yo estaba escribiendo y cuando me enteré de que mi hijo se había muerto… yo no me puse a llorar ni nada, yo seguí escribiendo la nota para el periódico y escribí: Cómo es posible que hasta el perico que tiene un hueco debajo del pico pueda comer… esa fue mi expresión de dolor, yo no sé por qué me acordé de ese perico, pero empecé a escribir ese libro Garabato. ¿Cuál es el libro más hermoso? - El más concreto como literatura es La palabra sin rostro. Ese libro me lo hizo traducir Pascual Venegas Filardo al italiano, alemán y hay otros países nórdicos que también recibieron el libro. Generación de oro Mimina Rodríguez Lezama pertenece a la misma generación de Jesús Soto y Alejandro Otero. En relación con Alejandro Otero, Mimina confesó que como él era oriundo de El Manteco y ella de Upata eran muy “pegados” y la mayoría de la gente llegó a creer que ambos eran novios, lo que ella desmiente. “Yo fui una de las promotoras del Museo de Jesús Soto, y yo amo mucho a Soto”. ¿Usted y Soto se conocieron de jóvenes? - Nos conocimos aquí cuando él tenía el sueño de su museo y vino con el poeta Luis García Morales, nos encontramos y yo me puse con pasión a trabajar y se logró. Pascual Venegas Filardo fue la persona que me guió en la literatura y él siempre decía: Mimina se metió a crítico de arte y está haciendo un museo, jajaja, él decía que yo estaba perdiendo tiempo, pero no lo estaba perdiendo y nunca abandoné mi poesía. Entre memorias y sentimientos Mimina Rodríguez Lezama está trabajando en sus memorias, que pretende convertir en un legado para las nuevas generaciones. Advierte que en este momento la misión que debe cumplirse en lo inmediato dentro de la sociedad es la sensibilización del hombre “dentro de tanta metralla… no es que le vamos a decir al hombre este es el camino, sino sensibilizarlo para que a través de su emoción comprenda cuál es su camino”. ¿Ese podría ser el secreto para cambiar la sociedad tan hostil que tenemos en ese momento? - Sí… pero este es un problema del planeta, este es un estallido planetario. El drama no es ni de Venezuela, ni tampoco de América, es planetario. No solamente los hombres se están destruyendo, el planeta está vomitando protestando los atropellos de las perforaciones, de las cosas… es una angustia cósmica. Cuando escribe, ¿En qué se inspira? - Eso es como una sentencia, un estallido que uno tiene que expresar. Ser escritor es un compromiso, pero ser poeta es una sentencia. Dentro de la literatura la poesía es la abstracción. ¿Usted nació para ser poetisa? - Nací… ese ser cósmico maravilloso me sentenció a ser poeta. Si volviera a nacer ¿Volvería a trazar el mismo camino? - Sí, porque ese es mi compromiso. Es un compromiso doloroso y amoroso a la vez. En Ciudad Bolívar ¿es fácil salir adelante en el mundo de las letras? - Muy difícil. Porque nosotros en Ciudad Bolívar no tenemos un auténtico desarrollo artístico, todavía estamos en el estallido sin una integración. Como toda la provincia tenemos que masificar pero también concienciar. Entre versos y poesías ¿Cuál ha sido el momento más satisfactorio? - Es tan difícil expresártelo, porque tengo tanto dolor que la satisfacción se me ha quedado diluida en lo trágico. Mi primer hijo, un día antes de cumplir 5 años, con el revólver de su padre se mató -era yo una muchacha de 18 ó 19 años- mi segunda hija fue esposa del primer presidente del Conac y tuvieron que ir a Europa a inaugurar la Plaza Venezuela en París con el pintor Cruz Diez y de allí pasaron a Roma a otro compromiso similar de su esposo y allí le vino un derrame cerebral y se murió, al día siguiente me trajeron fue una cajita. Un día asistí al cementerio y ese día le decreté mi guerra a la muerte y no he vuelto nunca más ni a un velorio, ni a un cementerio porque yo no voy a su banquete de flores marchitas. A pesar de estos dolorosos acontecimientos, Mimina Rodríguez Lezama es una mujer fuerte, que se levanta y lucha cada vez que sea necesario, así lo ha demostrado durante estos 36 años al frente de la Casa de la Cultura, y donde pese a todos los contratiempos y dificultades sigue edificando y fortaleciendo con mucho trabajo un espacio para el arte y la cultura. Cuando se levanta en la mañana ¿Qué es lo primero que piensa? - Pienso ¿Qué hago hoy para que sobreviva la Casa de la Cultura? Es terrible cómo se tiene que luchar todos los días para que subsista y para que puedan entender los sueños de Carlos Raúl Villanueva. ¿Cuál es el sueño que le falta por cumplir? - Tengo tantos… yo quisiera que los jóvenes entendieran que tenemos un proceso de país, pero no desde el punto de vista de gobierno -porque esos son transitorios- sino de luchar definitivamente por conformarnos en una gran idea. Y pensar que somos América, que somos el aliento divino de la divinidad cósmica. ¿Cuáles son sus autores favoritos? - Son tantos, pero Walt Whitman me ayuda mucho. A Whitman lo consulto cuando me siento más angustiada. Para mí la religión es la poesía y ruego a Dios, porque mi Dios es toda luz, toda vibración… es una fuente de luz. ¿Qué es para usted la poesía? - La vida entera. ¿Cómo le gustaría que la recordaran? - Que me recordaran tal cual me están viendo ahorita, en mi escombro amando a mis titiriteros y en pie de lucha, pero no en pie de lucha por el hombre sino por la idea. ¿Cuál es su mayor debilidad? - La poesía por dedicarme siempre más a la poesía. Te digo algo, yo no me considero ciudadana yo me considero habitante, soy la guardiana de la cajita de música de los espantapájaros. ¿Cuál es su mayor fortaleza? - La poesía que me ha sostenido. Refugio en la infancia
Hoy en la Casa del Congreso de Angostura en Ciudad Bolívar, el Consejo Nacional de la Cultura presentará la más reciente publicación de Mimina Rodríguez Lezama, el libro Garabato. La cita es a partir de las 6:00 de la tarde, cuando el arquitecto Camilo Sexto y Laura Nazoa presenten esta obra literaria que no es más que un “libro de vivencias personales” de la escritora guayanesa. Mimina Rodríguez Lezama asegura que Garabato es un libro que realizó en una época dramática de su vida, porque estuvo signada por la muerte de algunos familiares y de tres de sus hijos. La autora quiso a través de esta nueva obra “refugiarse en su infancia”. El poema más fuerte de Garabato es un titulado “Estas cruces son un pueblo” dedicado a su Upata natal. |