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Juan Manuel Carvajal Foto Henry Ortega  La vista de la caída de agua es hermosa desde cualquiera de los miradores En medio de todo el agite de Ciudad Guayana, joven urbe ubicada al sur del estado Bolívar, se levanta imponente un salto hermoso, distintivo por naturaleza de esta tierra entre ríos. Una impetuosa caída de agua, es la reina del parque; sitio en el que sus cortesanos son los pozuelos, los senderos y las caminerías. Ella rocía con su encanto a todo el que se detiene a contemplarla, refrescando el alma y lavando las penas, para que una vez fuera de sus dominios, el visitante se sienta como el “rey de la selva” y escuche en el viento su nombre: Llovizna. Se trata del Parque La Llovizna, con dirección en la avenida Leopoldo Sucre Figarella, en la vía Macagua II, carretera que une a San Félix y Puerto Ordaz; lugar de mágicos recorridos que emulan un laberinto verde del que no provoca salir. Primer paso Si uno se coloca en la entrada al parque, jamás imagina que esa carretera bordeada por banquitos de piedra, encierre cerca de 160 hectáreas de recorridos, además de contar con su propio conjunto de pequeñas islas y lagunas internas. Este parque forma parte de un sistema de espacios para el esparcimiento y sano disfrute con el medio ambiente, que están asentados al margen del río Caroní, fluvial que baja desde la represa Macagua II o “Antonio José de Sucre”, y en el que se incluyen otros puntos referenciales como el Parque Cachamay y Punta Vista. Dentro del parque todo es como un “lapsus eterno” en el que los problemas desaparecen sólo con el hecho de acercarse y alimentar a los peces que se encuentran en la Laguna El Danto, en donde además puede dar un paseo en bote o kayac y sentirse como en uno de esos programas de televisión de turismo de aventura. En el mismo lugar también destacan los senderos de piedra, colocadas a estilo de un puente que contraría la corriente del agua que baja como azorada para echarse un chapuzón saltando desde la cascada La Llovizna. En forma Hay quien dice que el contacto con la naturaleza renueva las energías, por eso, bien temprano en la mañana, numerosas personas acuden a hacer sus rutinas de ejercicios en La Llovizna. Ligeros paseos en bicicleta, espacios para realizar yoga, ejercicios básicos de respiración o por qué no, sentirse un artista haciendo bailoterapia en el Teatro de Piedra, son algunas de las opciones que tiene el visitante. En este sentido, durante la visita del equipo de Correo del Caroní al parque, los pequeños alumnos del Colegio Los Próceres de Puerto Ordaz, se encontraban disfrutando de un paseo en compañía de sus docentes. “A los niños les gusta mucho venir al parque, porque aquí se pueden realizar juegos, actividades al aire libre. El parque está muy limpio y bien conservado, es muy apropiado que las personas vengan acá, uno se siente bien aquí”, señaló Carolina Franco, maestra. El palco VIP Sin duda, después de que el visitante recorre el parque, y se deja encantar por la variedad de plantas y animales como los monos y las potoquitas, vale la pena llegar y sentarse en primera fila a disfrutar de la garúa que deja salir la caída del agua, cuando la fuerza del Caroní se hace sentir sobre las rocas y los demás riachuelos internos dejan salir a sus pequeños hijos espumosos para que rindan tributo a ella, la reina Llovizna. Pareciera como de cuento, cuando el turista se coloca en el puente -antes colgante- y contempla el salto de agua, sin más ruido que un ¡shhhhhh! que te invita a quedarte callado y a vivir tu propio momento. Puedes abrir los brazos y hacer tu propia escena de Leonardo Di Caprio y Kate Winslet en la taquillera película Titanic. Para poder observar con propiedad toda de punta a punta el salto, una cadena de miradores que recorre frontalmente La Llovizna, permite sentir de cerca la fría brisa mojada. Del mismo modo, se puede contemplar la represa de Macagua y parte de Puerto Ordaz, dibujante ante el lente de los que lleven cámaras fotográficas un espectacular cuadro digno de por lo menos un premio a la mejor fotografía. Otros lugares Los espacios del parque se prestan para estupendos domingos familiares, en donde puede tender una manta en la grama, bajo uno de los altos árboles que se encuentran cerca del Teatro de Piedra, y acostarse a mirar las formas de las nubes. Las áreas se prestan para competencias en carreras de saco y otros juegos tradicionales. Los puntos de información están distribuidos a lo largo de la visita al parque. El primero se encuentra en la caseta de vigilancia, justo en la entrada y hay otros cerca de la fuente de soda y en las adyacencias de la Laguna El Danto. Allí puede ver mapas sobre el sitio y si, por cosas del destino se extravió no dude en recurrir a estos puntos, en los cuales se les suministrará toda la información necesaria para que continúe sin premura su visita. Los fines de semana, son especiales en los parques, pues funciona el servicio de trenes. Esta nueva estrategia de los encargados del parque, ofrece la posibilidad de realizar una visita guiada, estilo safari, para que además de disfrutar de la maravilla natural que significa la Llovizna, aprenda algo nuevo del parque más famoso de Ciudad Guayana. Asimismo, sábados y domingos está abierto el servicio de botes y kayacs para que las personas hagan paseos de 30 minutos en la laguna El Danto. Los precios oscilan entre los 2.500 y los 13.000 Bs. Atrévase a recorrer el estado Bolívar, vaya al Parque La Llovizna deje que la suave garúa de la cascada le toque la piel y renueve con el agua del Caroní las pilas que mueven su vida. Recomendaciones * Todo visitante debe estar consciente de que debe contribuir con el estado del parque. Por eso debe evitarse el echar desperdicios en las áreas del mismo. * Si es la primera vez que visita el parque, guíese por los carteles de madera que ofrecen oportuna señalización de los lugares que puede recorrer. * Use ropa cómoda y aplíquese repelente para mosquitos. * Por más gordos que vea a los peces “cachamotos”, en el parque está prohibido pescar. * Las horas de la mañana son las ideales para las caminatas. * No puede dejar de comprar algún recuerdito en los puestos de los artesanos que allí se encuentran. |