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Amor por la cerámica PDF Imprimir E-Mail
domingo, 15 de octubre de 2006

Llevar 30 años de su vida dedicados al trabajo de la cerámica, la vuelven una especie de ángel de la guarda de esta labor.  Rosa Ruiz de Pérez, es una artesana guayanesa que pasa sus días entre arcilla, pinturas de colores y la emoción de poder hacer lo que quiere sin que nadie la contraríe.

Juan Manuel Carvajal
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Foto Henry Ortega

 Cuando se ingresa a la vivienda de Rosa Ruiz de Pérez, ubicada en la urbanización Simón Bolívar (UD-102) en San Félix, se tiene la impresión de entrar a otra dimensión en la que los problemas se rinden ante la barbotina, las preocupaciones se diluyen con la pintura y las ideas se tornan palpables en cerámica.

 Y es que desde la entrada y hasta la última esquina del patio de dicha casa, cuenta con tantos detalles, hechos a mano, pintados por ella, una ama de casa que pasa sus días haciendo formas a punta de dedos.

 Rosa Angélica Ruiz de Pérez nació hace casi 70 años en Barcelona, estado Anzoátegui, 30 de los cuales ha dedicado a la noble y por demás talentosa labor de moldear figuras con arcilla conservando la tradición del vaciado de la cerámica.

 Desde muy niña sintió esas inclinaciones por las cosas bonitas, por los detalles, hecho que no vino a demostrar a profundidad sino hasta que, una vez casada y con un futuro por delante, se trasladó con su esposo, Cruz Pérez, a la naciente Ciudad Guayana.

Distracción
 La ceramista pasa sus días dentro de la tranquilidad de su casa. Sus dos hijas ya están grandes y tienen sus propios hogares. "Yo cierro la puerta de la calle de la casa y la gente piensa que yo no estoy. Me quedo, aquí en el patio, tranquila pintando, vaciando en los moldes. Me distraigo mucho. Estoy enamorada de la cerámica", aseguró.

 De sonrisa gigante y relatos alegres, esta guayanesa de corazón ha dedicado 30 años de su vida al trabajo de la cerámica brillante, técnica hoy en día muy poco trabajada, ya que en su mayoría los gustos actuales van hacia la porcelana fina y la cerámica en frío.

 Su trabajo artístico inició gracias a "un taller que hice en el Centro Comunal de la UD 102. Antes se daban muchos cursos allí, ahora esos espacios fueron cedidos a una escuela de niños especiales. Allí aprendí cómo se hacían los moldes, cómo se preparaba la arcilla, la barbotina y como me llamó mucho la atención, comencé a trabajar y de una vez a vender", comentó entre risas.

 La artesana explicó que lleva más de 44 años viviendo en Ciudad Guayana y que ha visto el crecimiento y la evolución de la urbe. "Cuando llegamos aquí que Pérez Cruz venía a trabajar en Sidor, esto era pura tierra. No había avenidas, apenas se estaban comenzando a construir las casas de la UD-102 y Manoa. ¡Muchacho! Está ciudad antes no era así tan grande, ha crecido a millón", manifestó.

Gusto por lo que hace
 Aileen -su hija- al momento de la visita de Correo del Caroní trabajaba junto a su madre en la elaboración de  unos recuerdos para los 15 años de Crisbelys, su nieta.

 Aunque no tanto como su madre, también ha dedicado parte de sus ratos libres a pintar. "Mi mamá disfruta mucho haciendo esto, a ella le encanta pintar. Lo que ella hace no es otra cosa que una obra de arte. Fíjate -dice mostrando una flor de porcelana- ella hace esto a mano, lo trabaja y le queda hermoso", apuntó.

 En la casa de la familia Ruiz-Pérez "puede faltar la mantequilla pero la barbotina, la arcilla y la pintura, no" comentan entre risas, pues así como la abuela, los nietos también han aprendido a valorar esta forma de arte.

 "Ahorita se ha perdido mucho eso del trabajo de la porcelana en caliente, con colores brillantes, a veces hasta tenemos que ir a Ciudad Bolívar o pedir a Caracas los materiales porque aquí no se consiguen", acotaron.

 "Yo hago flores, muñecas, nacimientos, casitas, bases, soperas, potes de cocina, cartelitos. Hay que tener mucha creatividad a veces voy a un sitio y veo algo que me gusta, me lo grabo en la cabeza y cuando llego a la casa lo hago", afirma la ceramista.

Como un trabajo
 Rosa Ruiz nunca ha ejercido un trabajo formal, pero a tiempo completo y sin vacaciones se dedica al negocio de la cerámica. Sin un local como tal, vende en su casa todo cuanto se pueda imaginar en el mundo de la artesanía en cerámica. "Yo le mando cajas y cajas a mi hermana en Barcelona y me vende bastante. Trabajo por encargos, con recuerditos y mi hija y mi nieta me ayudan a sacarlos. Se hace una buena plata", explicó.

 En el fondo de su casa tiene varios cuartos en los que guarda los moldes, la mercancía ya terminada y tiene varios hornos en los que da el acabado de primera a sus creaciones.

 Más de 500 piezas de cerámica en todas sus facetas, piezas de gres, arcilla de gran variedad de figuras y tamaños conforman las obras que "a veces pinto y entonces como quedan bonitas no las quiero vender y las dejo para mí, por eso es que tengo tantas cosas en la casa".

 A pesar de nunca haber participado en exposiciones ni haber dictado clases de pintura, la artesana se muestra muy contenta de cada piecita que hace.

 "Lo bueno de este trabajo es que no tengo horario ni jefe", asevera.

 En su casa en la carrera Anzoátegui de la UD-102, recibe a sus clientes. "En este momento estoy haciendo cosas de navidad. Espíritus navideños, casitas para nacimientos, arbolitos. Algunas piezas les coloco bombillos, para eso me ayuda Pérez Cruz (su esposo) porque a mí me da miedo la corriente", expresa.

 Hasta los momentos no le ha pasado por la mente dejar de hacer cerámica. "El día que me muera,  ya le dije a mis hijas que si no van a trabajar la cerámica, que vendan todos estos moldes para que otras personas puedan seguir trabajando. Yo voy a hacer cerámica hasta que pueda, aunque ya tenga que usar tapaboca para hacer los vaciados o trabajar con los moldes o necesite ayuda para levantar los moldes cuando son muy pesados", señaló.

 Mientras tanto, con una fuente de energía, una hiperactividad que pareciera no agotársele y una sonrisa casi fija en su rostro, esta artesana seguirá siendo amiga de la pintura al frío y cerámica en caliente. Para encargos coloca a disposición el teléfono 0286-9314926.

 Como ella, muchas personas forman parte del acervo cultural que mueve al enorme motor que hace de esta ciudad una de las más hermosas y artísticas de Venezuela.

Deshojando la "Rosa"

 Un color favorito: Me encanta el azul cielo.

 Una canción en especial: Me gusta mucho una de Reinaldo Armas que se llama "Los viejos están mandando", jajaja.

 Lo mejor del mundo: La vida.

 ¿Qué es para usted su familia?: Mi adoración.

 Y, ¿la cerámica?: Mi distracción. Uno de mis amores.

 Una frase que siempre diga: ¡Ah caramba muchacho!

 ¿Qué significa Guayana?: Lo mejor que me ha pasado. Desde que estoy aquí, me siento bien.

 
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Correo del Caroní - 2008
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