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Hace menos de una semana falleció Dora Márquez de Linares, una de las primeras mujeres ingenieros de nuestro país, quien dejó en Ciudad Guayana una estela de afectos incontables, por su gran calidad humana y profesional. En esta oportunidad reproducimos en su honor una entrevista de personalidad publicada originalmente en noviembre de 2003, en la sección Gente y firmada por la periodista Ivonne Rincón.
Ivonne M. Rincón Moreno
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 Dora Márquez de Linares rompió paradigmas educativos. Foto Archivo “Yo no me preocupo, yo me ocupo”… así nos recibió Dorita, mientras acomodaba un mantel en la mesa de la terraza de su casa y nos ofrecía un cafecito. Dora Márquez de Linares -o Dorita, como le gusta que la llamen- siempre ha sido una mujer que no tiene límites para desarrollarse en las áreas que le gustan. Fue la primera mujer que se graduó de ingeniero civil en la Universidad del Zulia y la quinta mujer de todo el país que se convirtió en ingeniero, además siempre ha sido una enamorada del deporte. Esta caraqueña rompió con todos los esquemas en una sociedad, en la que las mujeres se dedicaban exclusivamente a la familia. Es sin duda, una mujer de vanguardia. Toda su vida ha estado signada por el empuje, mucho trabajo y constancia y por ello surgió sin problemas en un mundo que estaba limitado a los hombres, dejando muy en alto la capacidad de las mujeres venezolanas. Dorita y su esposo, Oscar Linares, llegaron de Caracas con un equipaje lleno de sueños y de empuje y hoy tienen una vida hecha en esta tierra de tepuyes, ríos e industrias. Sentada en el patio de su casa, deja claro que a sus 74 años de edad se siente como si estuviera “53 ó 57 años”. Es coquetísima, tiene el cabello plateado, sus labios pintados de rosa, un vestido de flores, sandalias negras y sus zarcillos largos. Insiste en que siempre ha sido así, lo que corroboró de inmediato su esposo. “Yo soy caraqueña rajada, mi amor por la ingeniería es hereditario, porque mi abuelo fue Jesús Muñoz Tébar, un ingeniero que destacó en su época al punto que fue el primer ministro de Obras Públicas, continuó. A mí me sale también la sangre de general por los dos lados, imagínate que soy descendiente de Antonio Muñoz Tébar, él fue secretario privado de Bolívar… al entrar en la Casa de Bolívar, y bajar los escaloncitos ves un cuadro en el que aparece Bolívar y al lado un muchacho joven que era mi tío Antonio Muñoz Tébar”. El 15 de junio de 1814 en la batalla de la Puerta, Antonio Muñoz Tébar perdió la vida en cumplimiento de su deber. Acotó, “todo eso me lo fueron sembrando desde pequeña… que la patria, que esto y que aquello, y entonces hoy uno se siente comprometido cuando hablan de patria, de vivir por Venezuela y de hacer algo por este país -ya vieja como estoy- por ahí dicen que tengo bríos… pero yo sigo la corriente”. Dorita hace un paréntesis en la entrevista para decirle al fotógrafo “mira que tengo que salir bonita”. En una oportunidad, ella intentó asimilarse a la milicia, porque siempre ha tenido una debilidad por la institución castrense, algo que quizás le viene de familia. “Yo tengo antecedentes de generales por los dos lados. Mi abuelo por parte de papá era el general Agustiniano Márquez Ayala y por parte de mi mamá: Jesús Muñoz Tébar”. Hoy recuerda que su papá solía decir, “Dorita vale por 10 varones”, luego la abrazaba y le daba un beso. No hay duda de que para ella el recuerdo de su papá está en un lugar muy especial de su corazón. Deporte, tradiciones y universidad Dorita Márquez fue una de las primeras bachilleres que se graduó en Caracas. “Para mí fue fácil estudiar porque tenía el apoyo de mis padres. Cuando estaba haciendo el cuarto año se creó el quinto año de bachillerato y me vi obligada a estudiar el quinto año y entonces, tuve que estudiar con varones”. Esa situación generó una reunión de todo el “clan” familiar y allí decían que “cómo es posible que una muchacha tan bonita, deportista -porque ya era volibolista y había competido también los 100 metros planos- iba a estar mezclándose con los negros y con los blancos… Dora es un desastre, me decían”. La familia de Dorita Márquez no sólo estaba conformada por militares, sino también por deportistas, uno de sus primos era Roberto Olivo Márquez, una gloria nacional pues fue el mejor umpire del béisbol venezolano de su tiempo, también era su primo el campeón de tiro, Rodolfo Plaza Márquez… “nuestra familia era numerosa, y ya los que quedamos vivos somos poquitos”. Recuerda entre risas, que ponerse un short para practicar deporte era algo tremendo “y eso que llegaban hasta las rodillas. Ustedes no pueden saber lo que es luchar contra esas tradiciones tan arraigadas en la sociedad, eso fue difícil”. Cuando ingresó a la universidad había muy pocas mujeres estudiando, sobre todo en una carrera considerada “de hombres” como la ingeniería civil. “El primer año de ingeniería yo era la única mujer y en el transcurso de la carrera entró otra que era Julietica Pardo, ella era de la clase alta pero hicimos una gran amistad”. Dora Márquez de Linares se graduó -hace 50 años- en un acto de secretaría en la Universidad del Zulia como ingeniero civil, y al poco tiempo, se decretó un cierre temporal de esa casa de estudios. “Recuerdo que cuando me gradué llegaron con mucho esfuerzo mis padres a Maracaibo en autobús, porque no tenían recursos para montarse en avión. Luego me quedé trabajando en el Zulia, en la Comisión de Urbanismo, planificamos la avenida El Milagro e hicimos el plano regulador de Cabimas”, dijo. Apuntó que en esa época le dieron un Jeep para movilizarse y “en Maracaibo era un acontecimiento ver una mujer en Jeep y entonces, salían todos los muchachitos a ver, entre risas. Allí trabajaba un ingeniero que tenía un mayor conocimiento de planeamiento y aprendimos mucho con él”. En Maracaibo estuvo trabajando unos 5 años. “Un detalle muy significativo de mi vida, fue que me hicieron vencer esa tesis de que (las mujeres) éramos un crisol que tenía que estar encerrado… a mí me tocó romper barreras y sigo rompiendo barreras”, jajajaja. Cuenta que su vida de universitaria no fue nada difícil, y por el contrario por ser mujer siempre había profesores que la halagaban, porque en un principio era la única mujer en un grupo de puros hombres. “Yo siempre he sido muy asomada y por eso a veces me llevo los planazos duros”. Desarrollo de Guayana Dorita Márquez de Linares participó en un concurso que convocó el gobierno de Pérez Jiménez para seleccionar a los ingenieros que iban a intervenir en el programa de desarrollo de Guayana. Ella fue la única mujer que participó en este concurso y fue seleccionada para estudiar planeamiento urbano y desarrollos industriales con una beca. Entonces se fue a Italia a formarse en la Universidad de Roma, como especialista en planeamiento urbano y urbanismo. “En Roma estuve 3 años y luego me fui a Milán a hacer un postgrado, en ese entonces tenía 27 años… imagínate tú, una caraqueña suelta por ahí desde los 21 años”, dijo entre risas. Dorita Márquez de Linares vino a Guayana contratada por el general Rafael Alfonzo Ravard, para trabajar por el desarrollo de la región. “Alfonzo Ravard se dedicó a trabajar por Guayana, él era un enamorado de la zona y aún no era presidente de la CVG, sino un interesado por el desarrollo de la región”. Márquez asegura que el momento más difícil para el desarrollo de la región es el que estamos viviendo en la actualidad, porque “Chávez ha desbaratado todo”. El trabajo de la ingeniero Márquez en San Félix y Puerto Ordaz fue promover el desarrollo urbanístico y habitacional. Recuerda cómo se fueron fundando progresivamente las UD-103, UD-102 y así cada uno de los desarrollos habitacionales que se fueron haciendo en la región y que poco a poco sustituyeron a las invasiones. Con la CVG fue gerente de Bienes Raíces, directora del plan piloto de El Roble y directora del Departamento de Vivienda. Dorita no duda al señalar que se queda con la gente de antes, que compartió con ella esos primeros años en Guayana, porque “la gente era muy sencilla, no tenían ínfulas de nada y sabían oír… todos buscaban soluciones a los problemas, y te oían, en cambio hoy la gente no escucha. Pero nosotros tenemos aquí amigos nuestros con los que tenemos tanta confianza… que es como si fueran familia nuestra”. Amor y fe Dorita Márquez y su esposo, Oscar Linares tienen 41 años de casados, y aseguraron que siguen bailando juntos como la primera vez. Advirtieron que el secreto para que un matrimonio se mantenga unido por tanto tiempo es el respeto y coinciden en que “nunca se han levantado la voz”.
Ambos se conocieron en Caracas, cuando participaban -por separado- en cursillos de cristiandad. El señor Linares entonces tomó la palabra, para decir: “yo conocí a los hermanos de ella, pero no conocía a Dorita. Cuando nos conocimos, yo estaba en el último año de la carrera”. Pero allí la señora Dorita se apresura a decir que lo que le llamó la atención de Oscar es que “una vez en una de esas reuniones de Ultreya en la universidad, él habló con mucha valentía y eso me gustó”, dijo mirando a quien ha sido su esposo a lo largo de 41 años. “Nos comprometimos el 31 de enero del 62, pero ya lo había visto en la universidad y en los cursillos, contó. Yo misma me nombré su madrina de grado sin que él supiera, me senté en la primera fila y desde allí saludé a mis amigos de San Agustín del Sur… aunque me dio pena después y así nos fuimos acercando”. Dorita confesó que en alguna oportunidad pasó por su mente meterse a monja de clausura, pero “me encontré con este hombre tan excelente. Nosotros nunca nos hemos alzado la voz, tenemos 41 años de casados y todavía bailamos juntos”. Se casaron el 7 de julio de 1962, luego se vinieron a vivir definitivamente a Guayana, tienen dos hijos y un nieto en camino, además de los ahijados que esta vida le ha dado a esta hermosa pareja. |