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(Las noticias tal como fueron publicadas en su día y la forma como se ven hoy) Fotos: Aníbal Barreto El pánico de ser devueltos a La Habana desata la violencia En Venezuela se nos ha hecho común la violencia en las cárceles. Las bandas internas, la incapacidad de las autoridades para mantener el orden y el control, el tráfico de drogas y armas y en fin, los asesinatos y motines son moneda corriente.
Cerca de 150 muertos dentro de las cárceles venezolanos en lo que va de año es un horror inimaginable pero tan real que hasta parece rutinario. Acabamos de enterarnos que también en Sao Paulo, Brasil, es igual y en algún sentido peor. Sin embargo, en Estados Unidos -cuando ocurren sucesos de esa magnitud- son hechos totalmente inéditos. Las cárceles de máxima seguridad lo son en verdad. Hay abusos e irregularidades -incluso las películas lo reflejan- pero ni se acercan a la cotidianeidad venezolana. Por eso, Estados Unidos fue estremecido el 22 de noviembre de 1987 cuando la prisión de Oakdale, en el estado Louisiana fue el escenario de un gigantesco motín que en pocas horas se extendió a otra prisión de la ciudad de Atlanta. El saldo final no resultó tan sangriento pues un recluso resultó muerto y una docena más resultó con heridas de consideración, lo cual es una cifra modesta si se considera que una de las prisiones fue incendiada, que se fugaron 36 detenidos y que el conflicto se extendió por 14 días, incluyendo la toma de 96 rehenes y un gran escándalo internacional que se originó en una negociación entre los gobiernos de Ronald Reagan y Fidel Castro. Todo comenzó en Mariel 7 años antes Ciertamente, la noticia que impactó el 22 de noviembre de 1987 y que resultó la noticia más destacada de la sección internacional de Correo del Caroní del día 23, tuvo su origen en el Puerto de Mariel, en Cuba en 1980.
En medio de una gran presión y descontento social dentro de la Isla, una mañana de aquel año, el 1 de abril de 1980, Héctor Sanyustiz, un conductor de ómnibus desempleado, de 31 años, arremetió en un autobús que llevaba a otras cinco personas contra la cerca de la embajada del Perú, en el barrio de Miramar, en La Habana, que como todas, estaba fuertemente custodiada por la policía de Fidel Castro para impedir la huída de los habaneros. Al romper el muro, los 6 cubanos pudieron entrar y quedar fuera del alcance de la policía castrista. El gobierno de Castro reclamó al de Perú que devolviera a los refugiados pero Lima se negó debido a las leyes internacionales sobre asilo. En represalia, Fidel Castro anunció que la policía no vigilaría más esa embajada de modo que quien quisiera podría entrar. Se produjo una avalancha de varios miles de cubanos que invadieron la residencia diplomática convirtiendo aquello en un caos. Treinta y seis horas más tarde habían allí ¡10 mil ciudadanos cubanos! La cifra exacta fue de 10. 856. Sacarlos al exterior costó un mundo. Entonces los militantes comunistas comenzaron a hacer pequeñas manifestaciones ante la embajada insultando a los exiliados y apedreándolos. Las presiones internacionales llevaron a Castro a anunciar que por una semana permitiría que los cubanos que desearan irse podrían llegar al puerto de Mariel sin trabas y que permitirían que a ese puerto llegaran barcos civiles de cualquier clase para llevar a esas personas a Estados Unidos. La avalancha fue mayor. El 19 de abril la bahía de Mariel, cerca de La Habana, se vio atestada de yates, lanchas, barcos de pesca, de paseo, de carga, provenientes en su mayoría del sur de Florida y manejadas o de propiedad de exiliados cubanos. Eran 42 barcos diversos. El 14 de mayo, ya habían entrado a Florida 50 mil cubanos y el gobierno de Carter debió admitirlos. Al concluir la operación admitida por los gobiernos de Castro y Jimmy Carter, en septiembre, 125 mil cubanos habían abandonado la Isla, con lo que la cifra de exiliados desde el inicio de la revolución alcanzó a dos millones y medio. Aún estaban en Mariel varias decenas de embarcaciones, pero Castro ordenó poner fin a la estampida. Para no perderlas todas, Fidel Castro liberó a varios cientos de presos comunes de sus cárceles, unos cuantos, reos de delitos graves como violación y asesinatos, y los llevó a Mariel. Quiso sembrar la semilla del caos. Amenaza de deportación Empezando noviembre de 1987 se produjo un acuerdo entre el presidente Ronald Reagan y Fidel Castro. Unos 2 mil delincuentes comunes cubanos, prisioneros en varias cárceles de Estados Unidos, casi todos de los llamados "marielitos", serían devueltos a Cuba, directamente a las cárceles de allá.
A cambio, Reagan recibiría a 2 mil cubanos que desearan salir de la Isla y que tuvieran familiares en EE UU. La noticia se corrió como reguero de pólvora y el 22 de noviembre estalló un motín en Oakdale, prisión de Lousiana con casi un millar de reclusos cubanos. La primera noche del motín, tres secciones de la cárcel fueron incendiadas, 24 reclusos escaparon (14 fueron recapturados) y los cubanos tomaron control del penal tomando 28 empleados como rehenes. Exigían la anulación de la deportación. Nada de regresar a Cuba. En EE UU aunque estuvieran presos. Pica y se extiende Al día siguiente, la rebelión se extiende y en un penal de Atlanta se amotinan los 1.400 cubanos tomando 96 rehenes. Todos eran presos que Fidel envió a EE UU a través del Mariel y que seguían purgando sus penas por los delitos cometidos en Cuba. Es allí donde fallece un recluso y otros 30 resultan heridos. Voceros de los amotinados explican que no aceptan la deportación, que muchos ya estaban por cumplir sus penas, y otros tenían sus casos en revisión, por lo que albergaban la esperanza de salir en libertad. "Si vamos a Cuba nos van a matar o a meter en aquellas cárceles infames", decían. El día 25, Fidel Castro ofrece que si cesa el motín, los presos que sean devueltos a Cuba no serán objeto de represalias pero los amotinados en ambas cárceles no toman en cuenta esa oferta y exigen que el obispo de Miami sea mediador para lograr un convenio. Pese a varias amenazas de asesinar rehenes, nada de eso ocurre y el 1 de diciembre, los negociadores de ambas partes logran un acuerdo que no es hecho público pero que supone que no habrá deportación aunque sí se mantendrán las sanciones de ley. El acuerdo es sometido a votación entre los presos y es aprobado el día 2 de diciembre, por lo que las fotos de aquellas ediciones de Correo del Caroní, provenientes de las agencias internacionales de prensa, muestran a los presos saliendo bajo custodia para ser repartidos en varias cárceles de EE UU. Comienza la V Línea de Venalum Bajo el título de "Impresiona la V Línea de Venalum", Correo del Caroní tituló su noticia de abrir en la edición del 23 de noviembre de aquel 1987.
La noticia refiere a la vista -acompañado de los periodistas y los socios japoneses de Venalum- que hizo a la planta el entonces ministro Leopoldo Sucre Figarella para observar el proceso de instalación de las modernas celdas de reducción de lo que a partir de enero siguiente sería la V Línea de producción, para elevar la capacidad de la planta a 453 mil toneladas. Ya en un plano más técnico, el periodista que redacta la nota explica que se hizo la "el arranque de prueba en frío de la primera celda electrolítica". El ministro Sucre y los técnicos explicaron que la nueva línea de celdas será más eficiente porque "habrá más toneladas por colada, menos celdas y más productividad, menor consumo de electricidad y menos consumo de carbón". La nota lo no lo dice, porque nadie podía suponer lo que el futuro nos depararía, pero aquella inversión de ampliación se hizo cuando el precio del barril de petróleo estaba en 18 dólares. Hoy se compara que con el precio del barril en 60 y 70 dólares, el gobierno no ha podido hacer la V Línea de Alcasa ni la VI de Venalum. En la rueda de prensa, también habló el señor Makoto Murata, ingeniero físico, japonés, presidente de la firmas Chiba y Showea Denko de ese país, socio inversor quien admitió que para ellos lo más importante es la garantía de suministro de aluminio. Destacó las ventajas comparativas de Guayana y de Venezuela en general para la producción de aluminio. Dijo que Japón consume 1 millón 800 mil toneladas de aluminio al año y que el 10% de ese total lo suministra Venezuela. |