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(Las noticias tal como fueron publicadas en su día y la forma como se ven hoy) Fotos Henry Ortega Quien escribe esta sección dominical no votó por Jaime Lusinchi en las elecciones de 1983. Tampoco estuvo a gusto ni de acuerdo con su gobierno. Seguí opinando lo mismo cuando concluyó su gobierno en 1988, persuadido de que, además de muchos otros defectos irritantes, el populismo (era eso y no neoliberalismo que también ha fracasado) de dilapidar las reservas internacionales para mantener una ficción de medio-bienestar social era un pésimo camino que iba a desembocar en males mayores más adelante, como en efecto ocurrió en febrero de 1989 con el Caracazo. Hoy, a la distancia, sigo teniendo el mismo juicio sobre aquel gobierno. Y con más argumentos dada la experiencia que hemos vivido desde entonces. Si en lugar de "comerse" las reservas internacionales, hubiese tenido una política económica basada en el crecimiento, aunque a corto plazo hubiese pagado algo en impopularidad, a mediano plazo habríamos logrado progreso. I nversión en Interalúmina La anterior introducción, algo larga y matizada con una opinión personal, viene a cuento, porque revisando los archivos de Correo del Caroní del mes de noviembre de 1987, encontramos una noticia que resultó bastante destacada. "Ampliación de Interalúmina aprobó Consejo de Ministros", era el titular de aquella información del día 5 de noviembre. La nota informa que el proyecto aprobado significa una inversión de 6 mil millones de bolívares, es decir, unos 200 millones de dólares al cambio de entonces, que era de unos 30 bolívares por dólar. El objeto de la ampliación era llevar la producción de alúmina de un millón a dos millones de toneladas anuales para cubrir la demanda de Venalum y Alcasa y mantener un extra para la exportación. Recordemos que Interalúmina junto a la entonces naciente empresa Bauxiven, encargada de extraer la bauxita de Los Pijiguaos, conforman desde hace algunos años la empresa Bauxilum. La nota de ese día, lamentablemente, no ofrece mayores detalles pero el contexto si es rico en hechos comparables con los de hoy. El barril de petróleo OPEP andaba en aquellos días oscilando entre 16 y 19 dólares el barril. No era tan desastroso el nivel de ingresos del país, pero sin duda no hay punto de comparación con la inundación de petrodólares de los que dispone el actual gobierno. Así, con ingresos algo escasos, un gobierno que la historia nos señala como no muy positivo, pudo sin embargo, emprender una obra significativa como la ampliación de la capacidad de producción de alúmina. El gobierno de hoy, con petróleo que ha subido desde 30, 40 dólares el barril hasta 70 $/b que se encuentra a estas fechas, no ha sido capaz de inyectar los recursos para hacer las ampliaciones de Alcasa y Venalum que tanta falta hacen. Renueva contrato con Curazao Tres días antes, el mismo presidente Lusinchi estuvo en la capital de Curazao, como ya reseñamos en nuestra entrega anterior.
Allí acordó con el primer ministro de la isla de entonces, Don Martina, la renovación del contrato de arrendamiento de la refinería de Pdvsa en Curazao. Negocio que con los años ha demostrado ser un instrumento útil para Venezuela y una fuente de empleo importante en las Antillas Neerlandesas, aspecto importante para Venezuela que se ve beneficiada de la prosperidad en una isla-país tan cercana. Aboga por "solución responsable" de deuda externa El mismo Lusinchi, muy activo por aquellos días, habla en Curazao en un evento universitario en el que le otorgan un doctorado Honoris Causa y señala: "abogamos por una solución al problema de la deuda externa que compatibilice la corresponsabilidad y el derecho al desarrollo". Se refiere el entonces Presidente de Venezuela a que para muchos países en desarrollo el peso de la deuda, es decir, el monto demasiado elevado de las cuotas de pago, le impiden disponer de fondos para invertir en el desarrollo y por tanto le condenan a mantenerse subdesarrollado. No obstante, reconoce también lo que reclaman organismos internacionales y los más variados sectores: que la deuda se contrajo sin que esos países en desarrollo hubiesen utilizado los recursos con suficiente prudencia y acierto como para dejar obras y sembrar empresas productivas. Así se habla de "corresponsabilidad" y al mismo tiempo de "derecho al desarrollo". Numerosos organismos de aquel tiempo, planteaban que más que condonar la deuda externa, lo que se necesitaba era un plan para que los recursos de los organismos multilaterales y lo que se pudiese condonar de la deuda se usasen bajo estricto control en programas de inversión hechos con estudios de factibilidad serios. Consalvi habla de contrastes En simultáneo, el entonces canciller de Venezuela, Simón Alberto Consalvi, declara su satisfacción por el avance de las democracias en América Latina -habían ido desapareciendo casi todas las dictaduras militares- pero advierte su tristeza contrastada por "la deuda externa y el peso que ésta tiene en obstaculizar el desarrollo, así como por la injusta distribución de la riqueza". Ordenan vigilar el gasto Días más tarde, se conoce de una nueva baja en los precios internacionales del petróleo. Suficiente como para afectar seriamente al fisco nacional y obligar a un nuevo recorte presupuestario para el gobierno.
El gobierno trata de minimizar el impacto negativo de aquel recorte ante la opinión pública (recordemos que era el año preelectoral) y habla de hacer esfuerzos por ahorrar en todo lo que no sea indispensable, pero asegura que no se detendrán ni las inversiones ni las obras públicas, cosa que no resultó del todo cierta como veremos más adelante. "Vigilar el gasto exige el Presidente", titula Correo del Caroní el lunes 9 de noviembre de aquel 1997 y explica que "hay que aplicar medidas de austeridad porque han bajado más los precios del petróleo" y por tanto los ingresos del país. El reporte desde Miraflores indica que "se han ahorrado 6 mil millones en diversos recortes al presupuesto, pero sin afectar los programas sociales (así se llamaban entonces lo que ahora el gobierno denomina Misiones) ni paralizar la construcción de viviendas". La Catedral de Ciudad Guayana Al día siguiente, el entonces Obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana, monseñor José de Jesús Núñez Vitoria muestra a Correo del Caroní la maqueta y el proyecto para edificar la Catedral de la ciudad en los terrenos que popularmente conocemos como "La Cruz del Papa" en Alta Vista, por ser el lugar desde donde Juan Pablo II ofició una misa.
El proyecto, dice Monseñor, costará 40 millones de bolívares y comenzará en corto tiempo. No fue así, los recortes presupuestarios del gobierno sí afectaron muchas obras en todo el país y una de ellas fue la Catedral de Ciudad Guayana que al sol de hoy, 19 años más tarde, sigue sin completarse. Pinochet arremete contra la prensa Entre los días 17 y 21 de aquel mes de noviembre de 1997, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) realiza en Santiago de Chile su Asamblea anual.
Era un reto hacerlo allí en respaldo a la prensa de aquel país, sometida a censura. La SIP asumió la convocatoria y el evento para dejar claro, desde allí dentro de su desacuerdo con la dictadura militar pero al mismo tiempo para favorecer las fuerzas que luchaban por una apertura. La declaración final de la asamblea dice que "el gobierno del general Pinochet no respeta la libertad de prensa" y hace una serie de observaciones críticas concretas a normas "legales" existentes en Chile. No obstante, invitan a Pinochet al acto. Y el general, ya en el decimoquinto año de su gobierno dictatorial lanza un discurso muy agresivo "contra la prensa internacional" a la que acusa de "conspirar y desinformar contra Chile". ¿Les resulta familiar y conocida esa argumentación? Los gobiernos militares, las dictaduras y los regímenes autoritarios de izquierda o derecha son siempre iguales en ese aspecto. Les molesta la "prensa internacional", les causa escozor la crítica y no aceptan sino sus verdades oficiales. Todo lo demás es "conspiración de enemigos de la patria". Dice Pinochet en su discurso, reflejado en las páginas de información internacional de Correo del Caroní que "debemos sufrir la campaña de desinformación más brutal y la mentira más enconada que el comunismo ha lanzado contra nuestra patria (...) ningún país y ningún gobierno ha sufrido al incomprensión de la prensa extranjera como Chile". Es algo que hemos escuchado repetidamente en Venezuela en los años mas recientes solo que no es "el comunismo", sino "el imperialismo y la oligarquía", los acusados. Una reciente ley aprobada por el Congreso de Pinochet sanciona a los medios de comunicación "por difundir informaciones sobre partidos y dirigentes proscritos". Pinochet, en su discurso justifica esa Ley porque "hemos levantado sólidas barreras constitucionales que impiden a los partidos y personeros totalitarios que utilicen la prensa en su acción proselitista". Y culmina Pinochet con otro argumento muy típico de los gobiernos totalitarios de toda clase y que al venezolano de hoy le resultará muy familiar: "sabremos defender nuestra soberanía". La soberanía siempre ha sido la excusa "nacionalista" de los gobernantes autoritarios y especialmente de los militares para disfrazar su voluntad de que la comunidad internacional no pueda impedirles cometer desmanes contra la población de su país y contra los derechos humanos. |