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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Aníbal Barreto Por aquellos días se reanudaba con mucha fuerza el conflicto entre la ONU, EE UU y el régimen de Saddam Hussein en Irak.
El Gobierno iraquí se negaba a abrir las instalaciones nucleares a los grupos de inspectores de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Anunciaba Saddam que reanudaría sus esfuerzos por desarrollar armas nucleares y por ello, el gobierno de Bill Clinton en Washington comenzó una serie de demostraciones de fuerza, incluyendo la movilización de una “fuerza de tarea” de portaaviones y tropas hacia el Golfo Pérsico. El sábado 14, el titular de primera plana era “Clinton decidido a usar la fuerza en Irak”. En días previos y subsiguientes se mostraba la movilización militar, mientras los inspectores de la ONU eran expulsados de Bagdad. Saddam parecía medir que tan real era la amenaza de Clinton y tensaba la cuerda, quizás pensando que el gobernante demócrata preferiría otra opción a la militar. No obstante, para la tercera semana del mes, el secretario general de la ONU, Kofi Annan intenta una última carta diplomática, mientras la aglomeración de fuerzas militares hacía evidente la inminencia de una invasión. El viernes 20, Saddam cede. “Bagdad afirma estar dispuesta a cooperar con Kofi Annan”, reza el encabezado de la información. Y de inmediato se recibe de nuevo a los inspectores nucleares, tras lo cual, la “fuerza de tarea” estadounidense se desacelera y regresa al punto de expectativa. |