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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Aníbal Barreto Era el mes de febrero de 1998. Ya andábamos en campaña electoral aunque muy lejos de suponer cuantas angustias nos depararían los años por venir.
Mucho menos podían imaginar aquellos venezolanos que repetían “la política no me interesa” que nueve años más tarde, su mayor reclamo sería por lograr elecciones limpias y transparentes, que se respetara el voto. En aquel mes de febrero de 1998 se discutían los contratos para una posible privatización de las empresas del aluminio que al final no se darían, ya que nunca hubo suficientes empresas interesadas en adquirirlas en las condiciones exigidas por el Estado venezolano. Lejos estábamos los venezolanos en suponer que ocho años después Alcasa seguiría con números en rojo y que Venalum sería -como antes- rentable, aunque sorpresivamente diera pérdidas por más de 40 mil millones en el ejercicio de 2005. Nadie sabía que ocho años más tarde, Alcasa seguiría sin tener su V Línea de Reducción ni que Venalum mantendría sus líneas actuales pero sin la VI Línea. Mucho menos los venezolanos imaginábamos que el precio del petróleo andaría por sobre los 50 dólares y que a pesar de varios años en esos niveles estratosféricos, el Gobierno no habría invertido casi nada en mejorar a Venalum y Alcasa. En palabras llanas: ni logramos que se lavara ni nos prestaron la batea. Las muy necesarias inversiones en el aluminio no se hicieron por la vía de la privatización ya que no se consiguieron compradores interesados pero el nuevo gobierno ha dejado pasar siete años sin hacer esas inversiones y ampliaciones por sus propios recursos ya que no ha querido usarlos en obras. Un eclipse nos asombró Así el 26 de febrero de aquel año 1998, cuando casi se cumplía una década del tristemente recordado Caracazo que se llevó varios cientos de vidas, el tema que acaparaba el interés de los venezolanos -al igual que el de cientos de millones de latinoamericanos- fue un maravilloso eclipse solar total, al que los científicos y conocedores calificaron como “el último en 100 años en el hemisferio occidental”. “Espectacular e inolvidable último eclipse total de sol del milenio en el hemisferio occidental”, era el largo titular con el que en aquella edición de Correo del Caroní del 27 de febrero de 1998 se encabezaba un amplio reportaje con magníficas fotografías del fenómeno y de la reacción de los guayaneses. En el reportaje, parte del cual fue escrito por los periodistas locales y parte a través de lo reportado en las agencias internacionales de prensa, se especifica que en Venezuela, el fenómeno fue visto en todo su esplendor pues aquí el eclipse alcanzó un 91.5% de la visibilidad de la superficie solar, es decir, que siendo primera hora de la tarde, el país quedó a oscuras casi como si se hubiese hecho de noche en pocos segundos y durante un poco más de tres minutos. Los venezolanos observamos el fenómeno usando algunos lentes con filtros o simplemente colocando ante los ojos trozos de película fotográfica velada para evitar daños a los ojos. En Panamá, sin embargo, hubo frustración general pues una intensa nubosidad impidió disfrutar el eclipse. En la localidad de Turbo, en Colombia, muy cerca de la frontera con Panamá se registró la mayor duración del fenómeno pues el eclipse se extendió hasta por cuatro minutos y tres segundos. Cuba, Dominicana, casi todo Centroamérica y el Caribe y en general todo el hemisferio occidental o el continente americano fue escenario privilegiado de la superposición de la luna sobre el sol en nuestro ángulo visual.
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