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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Henry Ortega Han transcurrido cerca de 9 años desde que se iniciaron las obras para construir la represa hidroeléctrica de Caruachi que esta semana culminó en su feliz inauguración oficial al entrar en servicio la casa de máquinas que completa la obra.
En realidad, el proyecto Caruachi tiene varias décadas pues es parte de una plan para el aprovechamiento del potencial hidroeléctrico del río Caroní que se inició en los años 50 con la hoy pequeña represa de Macagua I, oculta detrás de la moderna e impactante represa 23 de Enero más conocida como Macagua II, inaugurada en 1997. En el medio de ambas, construida a lo largo de 18 años como magnífico ejemplo de continuidad administrativa quedó la presa gigante: Guri, bautizada con mucha justicia como "Raúl Leoni". El proyecto Caruachi había sido visualizado con mucho detalle desde los años 60, se desarrolló como proyecto a finales de los 80 cuando ya estaban muy avanzados los trabajos de Guri. Sus obras preliminares y de movimiento de tierra comenzaron en la segunda mitad de los años 90, en pleno gobierno de Caldera II. Es así que al revisar los libros contentivos de las ediciones de Correo del Caroní de febrero de 1998, nos topamos con una noticia que mereció un titular de primera plana, justo el viernes 13: "Mano obra abundante requerirá Caruachi en Mayo", decía. Era el año final del segundo gobierno de Rafael Caldera. Era un año de elecciones presidenciales que tendrían lugar en diciembre. La nota de primera estaba acompañada de una fotografía panorámica que mostraba cuan avanzados estaba los trabajos preliminares y la nota ofrecía cifras impresionantes acerca de los millones de metros cúbicos de tierra desplazada de un sitio a otro y que sería utilizada luego, pero que de momento servían para desviar el curso del río y por el otro para construir la primera ataguía. Explicaba la nota que el presidente de CVG de la época, Elías Ynatti había hecho una visita de inspección, constatando que además de esas labores previas de movimiento de tierra, se habían construido las edificaciones necesarias para el posterior funcionamiento de las obras: campamentos, oficinas administrativas, depósitos de materiales, plantas de concreto y obras de excavación. Se anunciaba que para hacer la presa se necesitarían 1 millón 900 mil metros cúbicos de concreto, lo cual significaba una colosal producción de cemento y una mas colosal aún mezcla. Eso se traduciría a su vez en numerosos empleos, tanto en la obra como en las plantas productoras, como en efecto ocurrió. Finalmente -y eso era lo que daba pie al titular- se anunciaba que para el mes de mayo comenzarían las obras de ingeniería civil propiamente dichas, es decir, la construcción de la presa, lo cual implicaría un aumento sustancial del personal tanto en el consorcio responsable de la obra como en las numerosas contratistas encargadas de trabajos colaterales o específicos. Han transcurrido ocho años y 45 días de aquella noticia que dio origen a la otra noticia: la inauguración oficial de la obra. Es el resultado positivo de técnicos y gobernantes que tuvieron la visión de futuro de soñar con esa cadena de presas hidroeléctricas, junto a otros técnicos y gobernantes que supieron echarlas adelante, buscar el financiamiento con el Banco Interamericano de Desarrollo, darle continuidad hasta completarla. Es el mérito de la continuidad, de no haber cedido a la tentación de desbaratar lo que los anteriores dejaron marchando.
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