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Ana Corinaldesi es uno de los motores dentro de la Fundación Me Diste de Comer, junto a su esposo Carlos. Gracias a ella, cantidades de infantes guayaneses han conocido amor y cuidado en la sede ubicada en la parroquia Unare.
Ivonne M. Rincón Moreno
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Foto Pablo Ruiz  Desde la Fundación Me diste de Comer los Corinaldesi ponen un granito de arena a favor de los más necesitados Detrás de la Fundación Me Diste de Comer hay un conjunto de hombres y mujeres que dan el todo por el todo para sembrar un mejor país. En una casa bien sencilla, pintada de rosado y azul, todos los días niños y adultos de todas las edades se acercan no sólo para conseguir un sitio cálido que le ofrezcan un plato de comida, sino además la atención necesaria para sobrellevar todas las carencias a las que han sido sometidos por la pobreza que se vive en los sectores más necesitados del país. El motorcito que ha mantenido viva a esta fundación lo constituyen Ana de Corinaldesi, a quien todos conocen como Lolita, y su esposo Carlos. Para ellos todos los días de la semana, incluyendo sábado y domingo son para dedicarlos a lo que más les gusta: esta acción social que han visto como un servicio a la sociedad y a Dios. Al llegar a la fundación lo primero es dar un recorrido por este pequeño espacio que se ha convertido en sinónimo de esperanza y de vida. Todo es muy pulcro y sencillo, y en la cocina ya las madres voluntarias empezaban a cortar los aliños y las verduras para el almuerzo de ese sábado. Ana empezó a trabajar en la fundación para ayudar y estar cerca de su esposo, pero con el tiempo ahora es ella quien lleva las riendas de ese sueño de voluntariado. Desde el principio su esposo ha sido el motor, pero ahora ella es la chispa que permite que este hermoso proyecto siga adelante y con proyecciones de seguir creciendo con el apoyo de la Iglesia y de muchos voluntarios que hacen posible este sueño. Uno de los sueños que tiene esta pareja es encontrar el apoyo necesario para abrir nuevas sedes de la fundación para seguir llenando de vida a los niños guayaneses. Ya en Las Amazonas está operativa una nueva casa y una de las aspiraciones de los Corinaldesi es que se concrete la apertura de nuevas casas en San Félix, especialmente en Brisas del Sur. Los orígenes Ana Corinaldesi es guayanesa de pura cepa, creció en Guasipati, pero nació en un caserío que se llama Cabeza Mala. Sus estudios de primaria los hizo en Guasipati, luego se fue a El Tigre a realizar sus estudios de secundarias y luego se fue a Caracas a estudiar contaduría pública, egresando de la UCV en esa área. Cuando culmina sus estudios universitarios se regresó a Bolívar, tenía a un familiar que vivía en Puerto Ordaz con el sueño de buscar otros horizontes y empezó a laborar con su hermano en sociedad para trabajar en un negocio comercial de venta de cosas para el hogar. Luego de 8 años dedicada a ese negocio familiar, conoció a su esposo, Carlos, con quien al poco tiempo se casó y tuvo dos hijos, una joven de 21 años de edad y un varón de 19 años. "Me retiré entonces de la sociedad con mi hermano y puse un negocio propio en mi casa, con el que estuve trabajando durante 20 años, pero antes de esos 20 años ya se había creado la fundación por una inquietud que siempre habíamos tenido, continuó. Siempre hemos pertenecido a esta parroquia, porque siempre hemos vivido en el sector de Caura y luego conocimos al padre Cliver, que era el encargado de la parroquia, mi esposo era el presidente de la asociación de vecinos y entramos a formar parte de esa gran iglesia que es la Sagrada Familia". Tanto Ana como su esposo han sido colaboradores de la parroquia, sobre todo en lo que se refiere a actividades de mantenimiento, electricidad y en una oportunidad una señora de la parroquia -que era muy devota del Divino Niño- le pidió ayuda para recuperar los asientos del templo y ahí empezó el trabajo voluntario de esta pareja a favor de la comunidad. "Mi esposo siempre ha tenido mucha inquietud por los niños, siempre le ha gustado trabajar por los niños, y recuerdo que cuando hicimos nuestro encuentro conyugal él quería trabajar con los indígenas... pero no se llegó a dar. Después nos hablaron de los niños que pasaban mucho trabajo, porque las mamás se iban desde muy temprano a buscar empleo y pasaban todo el día sin comer, y él entonces me dijo: "¿por qué no ayudamos a esos niños?... y así fue como empezamos en este trabajo con 10 niños". Entusiasmo total La clave que durante todos estos años le ha permitido a los Corinaldesi y a muchos voluntarios que apoyan la Fundación Me diste de Comer, ha sido la perseverancia y el compromiso con el que han asumido este compromiso de ayuda social. Ana Corinaldesi recuerda entre risas que la primera colaboración para la fundación se pidió luego de una misa, en aquella oportunidad se anotaron 32 personas entre quienes se dividían la compra del arroz, el pollo, la carne y cada uno de los ingredientes que les permitieran poder ayudar y alimentar el cuerpo y alma de esos niños que solicitaban atención. "Uno hacía una lista y cada quien colaboraba con algo, y en aquella época no eran las mamás de los niños las que colaboraban, sino que eran señoras voluntarias de la iglesia las que ayudaban en la preparación de los alimentos. En esa época yo no estaba completamente involucrada en esto, porque yo atendía mi negocio y colaboraba en el área de relaciones públicas de la fundación, yo buscaba los colaboradores, llamaba por teléfono, si había que ir a la prensa... todas esas cosas que podía hacer al mismo tiempo que atendía mi negocio". Confesó entre risas, que otro factor que la hizo comprometer más tiempo con la fundación es que tenía celos de su esposo, por cuanto Carlos pasaba todo el día trabajando en la fundación. "Yo le decía a mi esposo tú quieres más a la fundación que a nosotros, te la pasas en la fundación y le decía que no me gustaba que almorzara en la fundación, sino en su casa"... y ahora los papeles se invirtieron, ella pasa todo el día trabajando de manera comprometida. "Mi esposo tuvo que empezar a trabajar en la calle y creo que Dios nos va preparando poco a poco y va tejiendo una maraña, y lo va enredando a uno y él me enredó, jajajaja. Viendo la necesidad que mi esposo tenía de trabajar en la calle, tuve que venirme para acá y la mayoría de las veces dejaba el negocio solo y me venía a la fundación, y llegó el momento en el que tuve que cerrar ese negocio y hoy... quien permanece todo el tiempo en la fundación soy yo, y ahora mi esposo es el que se pone celoso y mis hijos se quejan, jajajaja". - ¿Qué le gusta de su trabajo? - Yo no sé, pero siento que esta es mi segunda casa. Siento que puedo realizarme aquí, yo no ejercí mi carrera por dedicarme al comercio, pero ahora siento que estoy haciendo lo que quería. Es un trabajo hermoso que tiene una cantidad de sacrificios y dolores de cabeza, pero también muchas satisfacciones. Ana asegura que en la fundación se "ve la presencia de Dios todos los días y eso hace que me enamore cada día más de este proyecto". En este momento el radio de acción de la Fundación Me Diste de Comer se ha ampliado, ahora no sólo se ocupan de ofrecer alimentos a aquellos niños, viejitos e indigentes que viven extrema necesidad, sino que tratan de dar una atención integral a su familia, para ello cuentan con un equipo médico voluntario que ofrece servicio y orientación en salud. Además los donativos permiten ayudar a las personas que necesiten medicamentos e incluso reciben ropa, alimentos y otros insumos que la fundación aporta a su vez al hogar que mantienen las misiones de la Madre Teresa de Calcuta y donde atienden a pacientes con HIV y a otras personas necesitadas. De todo un poco - ¿Qué es lo más difícil de este trabajo? - La formación de la familia, y por eso necesitamos un psicólogo a tiempo completo, que no lo tenemos, para que ellas (las madres) entiendan que aunque sean pobres, con necesidades y con tantas carencias, hay un Dios en el que ellas tienen que confiar. Además queremos que las madres entiendan que ellas mismas tienen que buscar la manera de salir adelante, que tienen que trabajar y no sólo esperar que las cosas le lleguen del cielo. - ¿Y lo más satisfactorio? - Lo más satisfactorio cuando veo ese comedor full de muchachos. Nosotros tuvimos una época en que era bellísimo y también ver que algunas mamás entienden que pueden superarse. - ¿Qué ha sido lo más duro que ha visto aquí? - El que en un momento dado no podamos satisfacer las necesidades de muchos, por ejemplo, cuando hay que hacerle un tratamiento a los niños, me da mucho sentimiento que no podamos ayudar con más... es muy difícil, igual que cuando veo mamás que no se preocupan por los niños, eso me pone mal, porque para una madre lo más grande es su hijo y uno siempre quiere que su hijo sea lo mejor. - ¿Es fácil conseguir personas que la acompañen en esta tarea? - No es fácil, porque justamente nosotros necesitamos manos amigas que nos ayuden. La gente aporta y nos ayuda mucho, tenemos cientos de colaboradores y vivimos de la gente que nos ayuda, así es que podemos mantener este proyecto y esta es una obra de Dios. Hay gente muy bondadosa y caritativa, incluyendo a personas y empresas privadas que nos ayudan. |