|
Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Julacci Brito El otro tema que se repite como noticioso en aquellos días de noviembre de 1996, era el de la debatida reforma del régimen de prestaciones sociales y su adjunto: la seguridad social del trabajador. El gobierno, conciente de las dificultades políticas que implicaba dejar el debate únicamente en el Congreso donde políticos y parlamentarios, pendientes de los votos, quizás habrían preferido dejar todo como estaba en lugar de buscar soluciones que implicaban tomar decisiones polémicas y difíciles; buscó un novedoso mecanismo de participación social: la tripartita, donde empresarios, trabajadores y gobierno debatieron el tema hasta hallar un consenso. Aún en ese escenario el debate había encontrado trabas y se encontraba paralizado. El punto era que el antiguo régimen de prestaciones había convertido a los pasivos laborales en un problema inmanejable. Para las empresas privadas era cada vez más difícil acordar aumentos salariales por la carga en prestaciones que se multiplicaba hasta el infinito. La cosa era peor para el Estado. Las cuentas arrojaban cifras inimaginables. El estado jamás podría responder por las prestaciones sociales de su más de un millón de empleados. Cada año que transcurría sería peor a medida que era necesario mejorar los salarios. Y eran los propios trabajadores los que pagaban los platos rotos de esa quiebra virtual. El sistema de seguridad social era –y sigue siendo- un fracaso total. El IVSS era poco menos que un “elefante blanco” que ni atendía los hospitales ni garantizaba nada en materia de pensiones. En siete años no se regresó a nada Tan era cierto ese análisis que tras el cambio de gobierno y para satisfacer un reclamo político antiguo de la nueva clase política gobernante, la del chavismo, en la nueva Constitución de 1999 se aprobó en teoría “regresar al antiguo sistema de prestaciones”, pero eso jamás se pudo implementar. Luego de siete años, ni se regresó a nada (el ministerio de Finanzas de la “revolución” emitió un informe demoledor) ni hay nuevo sistema de seguridad social ni hay nuevo sistema de pensiones. La Ley marco de Seguridad Social aprobada a finales del quinquenio de Caldera como subproducto del acuerdo sobre prestaciones, fue “congelada” por la nueva mayoría política pero jamás pudieron sustituirla, porque sus promesas son irrealizables para la realidad económica del Estado a pesar del gigantesco ingreso petrolero de hoy que no había en 1996 ni en 1997. Un cambio para destrabar Para la edición del día 4, Correo del Caroní registra una noticia proveniente de Caracas, según la cual el entonces presidente de la cámara de diputados, Ramón Guillermo Aveledo, exige que el gobierno, que es el mayor patrono del país, “debe asumir el liderazgo para lograr un acuerdo factible en el régimen de prestaciones sociales por uno que facilite posibilidades de aumentos de salarios, alternativas al actual seguro de paro forzoso y un sistema de pensiones que garantice un retiro digno de la gente”. Ese mismo día, el gobierno designa al ministro de Planificación, Teodoro Petkoff para que sirva de mediador “para buscar un acuerdo en las conversaciones para la reforma del régimen de prestaciones sociales”. Días antes Petkoff había estado en Guayana -.igual como lo estaba haciendo en toda Venezuela- dando la cara, hablando, explicando y debatiendo sobre ese tema, el de la privatización y todo el conjunto de reformas destinadas a frenar la inflación y relanzar la economía. Un artículo de opinión de Miles Useche, publicado el día 4 registra el interesante debate efectuado en el Colegio de Ingenieros en el que el ministro debatió de tu a tu y muy de cerca con dirigentes gremiales, profesionales y ciudadanos sobre el tema. “Si en alguna parte se está construyendo el futuro de Venezuela es aquí en Guayana” habría dicho Petkoff según la cita de Useche. Pitcher relevo El día 9 otra nota informativa desde Caracas indica que el gobierno designa a Petkoff para que sustituya el ministro del Trabajo en la comisión tripartita a fin de agilizar la búsqueda de un acuerdo, como en efecto ocurrió tras algunos meses de trabajoso debate. El día 19 del mismo mes, el mismo Petkoff anuncia que Venezuela ha podido pagar 1.700 millones de dólares de la onerosa deuda externa, justo de aquellas con intereses más altos. “La idea es bajar la carga de la deuda en el presupuesto y estamos aprovechando algunos ingresos adicionales por mejoras en los precios petroleros para crear una cuenta donde hemos depositado 3 mil millones de dólares que usaremos para seguir bajando la deuda a menos de 20 mil millones de dólares y luego abrir otra cuenta para inversiones especiales”. ¡Cuan diferente a la realidad de hoy, cuando pese a los colosales ingresos petroleros, la deuda externa e interna trepó por encima de 31 mil millones de dólares, creando una muy pesada carga sobre el presupuesto nacional de obras!
|