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Especialistas en el área ecológica y de conservación advierten que un proyecto de este tipo no se debe decidir únicamente por el aspecto económico, sino que además deben tomarse en cuenta aspectos sociales y ambientales.
Ivonne M. Rincón Moreno
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Profesores e investigadores del área de biología y ecología están realmente alarmados por el riesgo ambiental, social y cultural que implicaría llevar adelante el proyecto de gasoducto que está impulsando gobierno de Hugo Chávez, conjuntamente con los presidentes de Brasil y Argentina. Este costosísimo proyecto de inversión que aspira levantar un gasoducto de aproximadamente 8 mil kilómetros, desde el Complejo de Jose hasta Argentina, sigue levantando resquemor en los sectores ambientales, por el riesgo inmenso que correrían las inmensas masas de bosques, vegetación, sabanas, selvas, morichales y ríos que hay a lo largo de la Gran Sabana y de la Amazonia. Juanita Figueroa, coordinadora de la maestría de Ciencias Ambientales de la Uneg, y quien recientemente presentó un trabajo de investigación sobre el uso de los recursos forestales en Sierra Imataca, advierte que el primer riesgo que estamos corriendo con este proyecto de gasoducto es que habrá que deforestar y eso conllevaría a la pérdida de la biodiversidad y de la masa boscosa, con todas sus implicaciones. "Quizás desde el punto de vista económico hay alguna ventaja, pero habría que hacer análisis tanto social como ecológico. En un proyecto como este tipo no debe privar únicamente lo económico, porque de repente sólo están considerando la parte económica y rentista a corto plazo, pero tenemos que tener una visión futurista para prever el daño ambiental, social y no sólo ver la rentabilidad económica", dijo. Figueroa desconoce si se han realizado consultas en los sectores académicos, sobre la viabilidad de este proyecto, pues hasta ahora hay muy poca información. "Yo no tengo conocimiento de que se haya hecho una consulta en Bolívar sobre este proyecto, y pienso que en este momento lo primero que debe hacerse es un estudio de los diferentes impactos, incluso antes de proponer este proyecto, y de todas maneras creo que es muy riesgoso, porque la Gran Sabana son ecosistemas muy frágiles y de alta biodiversidad, y las incidencias que podría generar un incidente con una tubería de gas en ese ecosistema podrían ser irreversibles, pues hablamos de pérdida de biodiversidad y masa boscosa". Figueroa añadió que dentro de los lineamientos que existen el reglamento de uso y legislaciones que regulan las actividades del Parque Nacional Canaima, deberían quedar por fuera este tipo de proyectos que vulnerarán el equilibrio de la zona. "Estamos muy preocupados por este proyecto", aseveró. Beneficio ¿para quién? El docente e investigador de la línea de ecología y manejo de fauna silvestre del postgrado en Ciencias Ambientales de la Uneg, Hernán Castellanos, no entiende cómo si presuntamente en Brasil hay bastante gas es necesario llevar adelante este proyecto para facilitarles los recursos de nuestro país. "Si Bolivia y Ecuador tienen gas, Brasil también debería tener, entonces y si eso es así, ¿por qué vamos a suministrarles gas? Lo que sucede es que los países 'imperialistas' no utilizan sus reservas energéticas y ¿cuál es la estrategia?... utilizar nuestras reservas y cuando eso esté agotado, utilizan las suyas... esa es una hipótesis que hago como investigador". Castellanos se pregunta entonces ¿qué va a ganar Venezuela con este gasoducto? y si realmente se compensaría el costo de inversión por parte de Venezuela, y el costo ambiental. Apunta que hay varias experiencias en otros países que han dejado al descubierto las consecuencias graves para el ambiente que han generado algunos gasoductos, uno de ellos el gasoducto de Camisea en Perú. Castellanos insiste en la necesidad de realizar el levantamiento de la biodiversidad y de información base, y los estudios de impacto ambiental antes de realizar un proyecto de esta envergadura en La Gran Sabana, a fin de prever cualquier situación que ponga en riesgo el equilibrio ambiental y a las comunidades asentadas en el sector. Riesgos al por mayor El biólogo precisó que los riesgos que se corren con este gasoducto se refieren fundamentalmente a que la Gran Sabana, y especialmente el sector conocido como La Escalera, son zonas sumamente frágiles y "si allí ocurriese una eventual fuga de gas y un accidente que generara grandes llamaradas y fuego, se arrasaría con lo poco que nos queda de bosque en ese trayecto, sobre todo porque pasaría por Imataca y por la escalera. A lo que se añade que como es gas natural y es una zona húmeda en esa zona uno se imagina la tragedia que podría ocurrir". Un riesgo adicional es que una tubería de gas que pasaría por un bosque húmedo requeriría un mantenimiento especial, pues esa estructura presentaría signos de corrosión de una manera acelerada por la humedad que hay en el ambiente. "Sí podemos prever cuáles pueden ser los desastres, y vemos ejemplos en Colombia cuando los guerrilleros disfrutan explotando gasoductos, y lo que tenemos que evaluar es qué garantías ofrece el Estado venezolano para salvaguardar el área de influencia o de servicio de ambos sistemas, es decir, del sistema eléctrico y también del gasoducto, porque así sea una fuga pequeña que tenga o una llamarada, puede dañar el medio ambiente y también el sistema eléctrico, que es bien costoso y tenemos además un compromiso con Brasil". Calificó de grave el que no se haya realizado un proceso de consultas, ni entre las comunidades indígenas que están asentadas en esa zona y que serán afectadas directamente por el gasoducto, ni tampoco en las universidades que es precisamente donde están los técnicos y los profesionales que están especializados en el área ambiental. "A las comunidades indígenas con el tendido se les ofrecieron villas y castillos y -según tengo entendido- no les cumplieron nada. Y ahora, viene otro proyecto de desarrollo y no sé de qué manera ellos pueden obstruir ese proyecto porque el Gobierno no ha intentado conciliar o entrar en conversaciones con ellos, sino que simplemente ha seguido la imposición". Insiste al preguntarse en qué nos beneficiamos los venezolanos y la nación con ese proyecto, porque en primer lugar nosotros estaríamos perdiendo reservas y si partimos de la premisa que tenemos que parar o detener la fuga de materia prima, no deberíamos seguir regalándola o vendiéndola. "Brasil y Argentina obviamente se van a beneficiar de este convenio, y Brasil más todavía, porque si ellos tienen una reserva de gas muy grande van a seguir preservándola, entonces ¿por qué más bien no nos beneficiamos de las reservas de Brasil?, si lo que se quiere es integración qué me das tú y qué te doy yo, como sucedió con la Unión Europea. Tenemos que analizar entonces si existe una compensación, porque el gas es nuestro, son nuestras reservas y a qué costo social y ambiental lo estaríamos cediendo". Efecto invernadero El docente universitario que maneja la línea de investigación de Ecología y Manejo de Fauna Silvestre en el post-grado de la Uneg, advierte que de registrarse una fuga o derrame de gas natural se puede generar fuego, contaminación del suelo, contaminación a la atmósfera por la liberación del CO2 y otros gases de efecto invernadero. Y si hay un escape de gas o derrame de este tipo estaríamos contribuyendo al efecto invernadero en el planeta. Castellanos advierte que el papel aguanta todo, y por ello existe una regulación que limita y restringe las actividades que deben hacerse en un área protegida como el Parque Nacional Canaima y al final, se considera hasta un proyecto de construcción de un gasoducto que podría comprometer el futuro de esta reserva natural. "Sucedió igual cuando se planteó el tendido eléctrico, no se consultó las demandas de las comunidades y luego el Estado incumplió los compromisos que se habían adquirido con las comunidades indígenas, y en esta oportunidad probablemente puede ser igual porque hay intereses políticos muy particulares", dijo. El especialista en ecología, advierte que es preocupante la situación que se presenta con este proyecto. "No es conveniente desde ningún punto de vista el trazado de un gasoducto por la Gran Sabana, para salvaguardar nuestra soberanía, nuestros territorio... y hay que hacer realmente -porque nunca lo hacen- una evaluación de impacto ambiental antes de que se ejecute el proyecto y hacerle seguimiento, porque aquí se hacen estudios de impacto ambiental y se convierten en parapetos, porque no se les hace seguimiento, simplemente se presentan y ya", puntualizó. Considera fundamental que antes de que el Gobierno central tome una decisión se escuche la opinión de especialistas y técnicos del área ambiental, pues de ello dependerá la posibilidad de prever los daños a los ecosistemas. "Es fundamental que haya control y vigilancia, que se establezcan planes de contingencia -aunque aquí nunca se cumplen- y tiene que haber un monitoreo continuo para determinar si hay una fuga y sólo así se garantiza atacar rápidamente el problema. Y el Estado además debe presentar al país los planes que tiene para atacar con inmediatez cualquier contingencia, a fin de evitar secuelas sobre las comunidades que residen en esa zona. Si no hay un buen plan de contingencia, nos podemos olvidar de la Gran Sabana, porque allí tú tiras un fosforito y es una chispa que se corre rápidamente, entonces imagínate verter por ruptura o falta de mantenimiento combustible, se generaría un incendio que arrasaría con todo". La clave estaría entonces en la realización de un estudio de impacto ambiental y social, pues de ello dependería la puesta en marcha de los planes de contingencia que se requeriría activar en caso de una emergencia. Beneficio para los otros Alicia García, miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Civil, Amigos de la Gran Sabana, advierte que el problema no es solamente el gasoducto que de por sí va a hacer daño, sino toda la explotación que hay que hacer para poder alimentarlo. "No se sabe si tenemos suficiente gas para inyectarle al gasoducto, porque Venezuela es la que va a poner gas, y eso precisamente es lo que hay que analizar con mucho cuidado, si vale la pena todo el riesgo que estamos corriendo". Está convencida de que con este convenio se están beneficiando más los otros países que Venezuela, porque además "han mencionado que existe una cláusula en la que se establece que si Venezuela no tiene gas para inyectar al gasoducto tendrá que pagarle a Brasil y a los otros países un monto determinado. Entonces nosotros estamos en desventaja y somos lo que vamos a sufrir la mayor parte de los efectos y contaminación tanto con el gasoducto como la explotación; y por otro lado, si no les damos gas tendremos que pagar una penalidad, igual que sucede con el tendido eléctrico".
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