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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Pablo Ruiz Para el 27 de junio, fecha aniversaria de Correo del Caroní y Día del Periodista, un reportaje con abundancia de gráficas registra el reclamo airado del monseñor Crisanto Mata Cova:
“Nadie me puede negar el estado deplorable en que viven los indígenas”, dice monseñor sin ocultar su disgusto. El sacerdote agrega con verbo afilado y sin dar concesiones a las autoridades que “quien permita tan inhumana situación sufre de insensibilidad criminal”. En el reportaje se explica que la Iglesia tiene y mantiene un colegio y una Casa Hogar, denominada Santa Inés para apoyar la educación de numerosos venezolanos de las etnias indígenas del sur de Venezuela. “Hemos logrado que egresen unos cuantos muchachos para que vayan a las universidades”, dice con alegría. El reportaje nos lleva a varias reflexiones. La Iglesia siempre reclamó por la suerte de los menos favorecidos. Ahora también lo hace. En aquellos años los gobernantes seguramente se molestaban con el verbo duro, la denuncia y el reclamo de los obispos y sacerdotes pero ningún Presidente se atrevía a emprenderla a insultos y ofensas, ni a llamar “diablos con sotana” o cosas parecidas a los religiosos. Mucho menos llamarlos golpistas, conspiradores u oligarcas por defender y reclamar por los derechos de los mas pobres. La segunda reflexión es que mirando las gráficas, se notan pueblos indígenas con pobreza, sin muchas ventajas en cuanto a servicios, con casas humildes de palma, pero nada que se parezca a esta tragedia de miseria, marginamiento y abandono que vemos hoy en día, por ejemplo, en los grupos indígenas que acampan en la terminal de chalanas del lado monaguense del Orinoco. Si monseñor Crisanto Mata Cova reclamaba airado en junio de 1985 por el “estado de abandono” de aquellos años, hoy no tendría palabras para protestar por la indigencia y el foso social a que han sido condenados a sobrevivir nuestros indígenas ante la indiferencia y desidia de los gobernantes actuales, incluyendo a ministros, gobernadores, alcaldes concejales y hasta el Presidente de la República. Hoy, en esta Venezuela que la propaganda asegura que “es de todos”, la indignante miseria se ha multiplicado por mil. (Las noticias tal como fueron publicadas en su día y la forma como se ven hoy) |