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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. No era la primera vez y no fue la última, pero la tragedia del estadio Heysel, en Bruselas, a finales de mayo de 1985 ha sido una de las peores en la historia del fútbol y del deporte en el planeta y en todo caso marcó un hito, un “antes y un después” tras el cual, los gobiernos de Europa y las autoridades de la FIFA comenzaron a enfrentar y vencer el problema de la violencia en ese deporte.
Aquí con el dólar a Bs. 13,18 y petróleo a $20 Topamos con esa noticia revisando las ediciones de Correo del Caroní de aquel año 1985. En nuestro país gobernaba Jaime Lusinchi. Ya había concluido dos años atrás la era del dólar de 4.30 y de hecho, en la edición del día 18 de junio encontramos en primera página la información que nos hace saber que el dólar cerró en las casas de cambio a trece bolívares con 18 céntimos, mientras en el Banco Central estuvo unos céntimos por debajo. En la edición del día 17, se destacaban declaraciones del célebre ministro de petróleo de Arabia Saudita, el jeque Yamani, admitiendo que “el petróleo podría bajar del precio de 20 dólares el barril”. Por esos días se sabía de una desaceleración de la economía mundial, en especial de los países de alto desarrollo en Europa y Asia, por lo que había una leve disminución del consumo. Sin embargo, la causa principal de la caída de los precios era que el mercado estaba inundado por la oferta petrolera de países como la Unión Soviética (aún existía, no se había derrumbado el comunismo) y China. La URSS, acosada por serias dificultades económicas, había aumentado sus exportaciones petroleras -obviamente al margen de la OPEP a la que no estaba afiliada- provocando la caída de los precios. También China exportaba petróleo porque aún no iniciaba su “larga marcha” que la ha convertido hoy en la más poderosa economía capitalista en crecimiento aunque sigue siendo un país “comunista”. Yamani advierte, que pese a su preocupación por la baja sostenida en el precio del barril, el reino Saudita no bajaría la producción debido a sus propias dificultades económicas. Hace saber que ellos podrían, eventualmente, llegar a exportar “10 millones de barriles diarios”. Fanáticos y asesinos en la grada En ese marco, el 29 de mayo de aquel año se fijó el partido entre Juventus de Milan y Liverpool de Inglaterra por la final de la Copa de Europa. El lugar “neutral” establecido fue Bruselas, Bélgica. Mas exactamente, el estadio Heysel con capacidad para 70 mil espectadores. Hacia allá viajaron millares y millares de italianos, “tifosis” de la Juve. También cruzaron el Canal de la Mancha y Francia para alcanzar Bruselas, otros millares de ingleses provenientes del puerto de Liverpool, el mismo hogar originario de los Beatles. A minutos de iniciarse el partido, varios miles de violentos “hinchas” ingleses, muchos de ellos totalmente borrachos y algunos drogados -como luego probaron las pesquisas policiales- se abalanzaron contra el sector de la grada que ocupaban los italianos. La desquiciada violencia tuvo más efecto, porque el estadio no contaba con medidas de protección adecuadas, enormes sectores sin sillas y un pobre resguardo policial. Tampoco hubo medidas preventivas. Las ya conocidas bandas de “hooligans” no fueron atajadas por la Policía belga en las horas previas. La batalla campal a palos y golpes concluyó con cuarenta muertos (24 de ellos italianos) y 250 heridos, una verdadera tragedia. “Somos la escoria del mundo” El horror se apoderó del planeta y en especial de Europa. La primera ministra de entonces en Gran Bretaña, Margaret Thatcher, se declaró “horrorizada” y fue tajante: “me hicieron hervir la sangre. Vamos a sancionarlos severamente”. El papa Juan Pablo II denunció “la conducta feroz e irracional que degrada a la humanidad”. La prensa inglesa del día siguiente no ocultó su vergüenza y consternación: “Somos la escoria del mundo” decía un titular que calificaba a aquella fecha como “el miércoles negro”. Dos días más tarde, la Unión Europea de Fútbol, UEFA, anunció que el fútbol inglés sería desterrado por dos años de la temporada UEFA. A partir de allí se cambiaron normas y leyes para eventos de ese tipo. Se obligó a que los estadios cambiaran su fisonomía y organización. Se fueron eliminando las enormes gradas sin asientos, se delimitaron bien los espacios para grupos rivales y se diseñó un fuerte control policial. Se establecieron controles policiales en las adyacencias de los estadios pero también en puertos y aeropuertos así como en terminales de trenes y carreteras. Se inició un fichaje de los grupos violentos a los que se impidió el ingreso a los campos. Todo eso se registró en las ediciones de Correo del Caroní de los días subsiguientes a la tragedia, especialmente en las ediciones del 30 y 31 de mayo y el 1 de junio. |