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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Henry Ortega Los gobiernos latinoamericanos de siempre, salvo las dictaduras militares, han guardado distancia de las políticas de Estados Unidos en la región, han marcado sus diferencias sin perder la amistad y han mostrado independencia para criticarlas y oponérsele mediante fórmulas propias cada vez que esos gobiernos estadounidenses han pretendido actuar de forma unilateral e intervencionista.
Una cierta propaganda de Fidel Castro -ahora repetida por regímenes como el de Hugo Chávez- ha querido hacer ver lo contrario, vendiendo la imagen de que las democracias latinoamericanas son apoyantes incondicionales de Washington. Con mayor o menor claridad, numerosos gobiernos han dejado muestra en la historia de políticas que sin ser "antiestadounidenses" han tenido independencia de criterios. Fox y Lagos dan ejemplo Recientemente, cuando el gobierno de George W. Bush decidió invadir Irak para sacar del poder al dictador Saddam Hussein, los gobiernos de Vicente Fox (México) y Ricardo Lagos (Chile) que eran los representantes de América Latina en el Consejo de Seguridad de la ONU, votaron en contra de tal acción militar. No usaron discursos estridentes, no se prestaron a la campaña del sangriento dictador Hussein y mucho menos lo justificaron, abrazaron o apoyaron. Para nada, pero votaron en contra de EE UU, se manifestaron discrepantes de tal acción y remarcaron su independencia. Fox, un presidente conservador de la centroderecha y Lagos, socialista de centroizquierda, coincidieron en la misma actitud. No redujeron su amistad ni dejaron de avanzar en acuerdos comerciales y de todo tipo con EE UU pero tampoco se dejaron presionar a respaldar algo que va contra sus propias convicciones en política internacional. Así también fue 20 años atrás Lo bueno de revisar las viejas ediciones de Correo del Caroní, como hacemos cada domingo en esta sección Correo de Ayer, es que el testimonio histórico de los hechos quedó escrito. No se puede borrar ni cambiar. No es posible mentir ni reescribir la historia. Lo que dijeron e hicieron los protagonistas de nuestra historia local, nacional, o mundial quedó en tinta sobre papel. Así, por ejemplo, al revisar las ediciones de mayo de 1985, encontramos entre las noticias más destacadas de entonces, la crisis política centroamericana y en particular las presiones y amenazas del gobierno de Ronald Reagan contra el gobierno sandinista de Nicaragua. El mismo 1° de mayo de ese año, Reagan anuncia un bloqueo comercial contra Nicaragua, mediante el cual no se permitirá la venta de productos de su país a los nicas. No era un conflicto nuevo. De hecho, ya se mantenía por varios años. Presiones diplomáticas, amenazas militares, apoyo militar a los "contras" eran acciones concretas que llegaron en un momento hasta el anuncio de una intervención militar directa. Intervencionismo militar de Fidel Los sandinistas de Daniel Ortega tampoco eran unos "angelitos". Centenares de "asesores" militares de la Cuba de Fidel y de la Unión Soviética y un armamentismo sin límites proveniente de esos dos países eran parte del escenario típico de la llamada "guerra fría" de aquellos tiempos. La penetración militar cubana sobre el Ejército Sandinista no era oculta. El general Arnaldo Ochoa, el mismo que dirigió las operaciones de intervención militar cubana en Angola y que años más tarde sería fusilado por Fidel Castro, era el jefe de las fuerzas militares cubanas en Nicaragua. En la edición de ese 1° de mayo de 1985 de Correo del Caroní se muestra en primera plana una foto de un acto público, cumplido en el aeropuerto de Managua, en el cual 100 asesores militares cubanos abandonan Nicaragua como parte de los acuerdos de paz logrados con mediación del llamado Grupo Contadora, un acuerdo de gobiernos latinoamericanos (Panamá, Venezuela, Colombia y México) para evitar la guerra y buscar acuerdos negociados. En la edición del día siguiente se amplía la noticia. Daniel Ortega, poco antes de partir en viaje a Moscú para buscar más apoyo militar y económico, asegura que en su país aún se encuentran "300 militares cubanos más y 200 soviéticos" y agradece la "gran labor de enseñanza cumplida por los militares cubanos que se van". Leyendo eso 20 años más tarde, uno no sabe si Ortega se daba cuenta que confesaba con sus palabras la ausencia de independencia política y militar de su gobierno y la entrega de su soberanía nacional a una potencia militar regional y otra mundial. Venezuela en desacuerdo con ambos Ese mismo día se registra en Correo del Caroní la declaración del entonces presidente de la Cámara de Diputados, el copeyano Leonardo Ferrer, pidiendo una reunión urgente del Grupo Contadora para rechazar el embargo de EE UU a Nicaragua y buscar soluciones. Dos días más tarde, el presidente Jaime Lusinchi emite una primera declaración en la que critica claramente el embargo de EE UU pero igualmente hace observaciones críticas al viaje de Daniel Ortega a la URSS. También el ex presidente Carlos Andrés Pérez, que había sido uno de los promotores del Grupo Contadora cuando estuvo en la presidencia, exige "que intervengan la OEA y el grupo Contadora". Coincide en criticar la decisión de Reagan del embargo y la actitud de Ortega de seguir abriendo la intervención militar extranjera en su país. El día 6 se publica un comunicado oficial del Gobierno venezolano en el tono ya conocido, llamando a Estados Unidos y Nicaragua "a reanudar conversaciones y superar diferencias". El comunicado critica el embargo, el cual "afecta globalmente el desarrollo económico y social de ese país, al pueblo y también a la empresa privada que es garantía de una economía mixta". Señala que "el viaje de Ortega a Moscú no contribuye hacia la búsqueda del entendimiento". El tema siguió siendo noticia todo el mes aunque sin hechos de mayor relevancia. |