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Juanita Figueroa, investigadora del Centro de Investigaciones Ecológicas de la UNEG, realizó un estudio que demostró que la población indígena y criolla de Sierra Imataca reconoce la importancia y los usos medicinales de algunos recursos forestales.
Ivonne M. Rincón Moreno
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 La Reserva Forestal Imataca es una fuente importante de oxígeno para el planeta Es vital para todos cuidar a Imataca. La Reserva Forestal Imataca además de ser una zona en la que se desarrollan actividades económicas como la caza y la explotación forestal, cumple otras importantes funciones ambientales, como por ejemplo, convertirse en fuentes de oxígeno. De allí que desde las universidades y ONGS se hagan todos los esfuerzos posibles para mantener y preservar una reserva de biosfera importante no sólo para Guayana y Venezuela, sino también para todo el mundo. Entre agosto y septiembre del 2004, la profesora e investigadora de la Universidad Nacional Experimental de Guayana, Juanita Figueroa, realizó un estudio de valoración económica de los productos forestales no maderables de la Reserva Forestal Imataca. El estudio –cuyos resultados fueron presentados a la comunidad universitaria en enero del 2005- evaluó el valor económico y social que tienen algunos recursos no maderables que son aprovechados por las comunidades indígenas y criollas asentadas en la cuenca alta del río Botanamo, en el área central de la Reserva Forestal Imataca, ubicada en el municipio Sifontes, del estado Bolívar. Figueroa precisó que el área de estudio ha estado sometida a diversos impactos ambientales, sociales y culturales y se encuentra habitada por comunidades de diferentes etnias indígenas que utilizan los productos forestales no maderables con valor medicinal. De acuerdo a una nota de prensa enviada a la redacción por la UNEG, el estudio de la profesora Figueroa reveló que “los principales usos de las especies son: medicinal (35%), alimentos (32%), fibras y artesanías (13%), forrajes (11%), colorantes (7%) y ornamentales (2 %), con lo que se desprende que “las categorías medicinales y alimentos son necesidades básicas ligadas a la cultura de la población “. Conscientes de su valor La investigadora y profesora universitaria explicó que según los datos arrojados por el estudio, las poblaciones que residen en la zona conocen bien cuáles son los recursos con que cuenta y tratan de utilizarlos con “respeto”. “No es que los recursos no se utilicen, sino que se usen de manera sostenible, se trata de desarrollar un plan estratégico no a corto plazo sino con visión futurista. Ya existía un inventario de especies que había hecho la UCV y aquí mismo en el Centro de Investigaciones Ecológicas, pero el objetivo que nos propusimos nosotros fue únicamente valorar ese recurso no maderable”, dijo. Figueroa advierte que los resultados de este estudio “bastarían para justificar la conservación de estos ecosistemas, independientemente de cualquier tipo de valoración monetaria”. Sostiene que estos resultados nos deben llevar a la aplicación del modelo de gestión establecido en la Cumbre de Río 1992 y que está inserto en la Agenda 21, pues facilitaría “la interrelación entre la sostenibilidad local y las variables ambientales, económicas y de participación ciudadana”. Figueroa sugiere que para “orientar la gestión y conservación de este ecosistema debe hacerse de forma global –todo el ecosistema natural y cultural en su complejidad- y garantizar su conservación ilimitada, a partir de la base de que el desarrollo sostenible es una tendencia mundial creciente para el siglo XXI, donde la única forma coherente de gestionar los productos forestales no maderables es la sostenible”. Decreto Imataca Con respecto al nuevo Decreto 3.110 que regula la Reserva Forestal Sierra Imataca, Figueroa considera que generalmente en Venezuela las leyes ambientales son muy buenas, pero el problema siempre está en la aplicación. “El decreto 3.110 está muy bien, pero habría que meterle la lupa a otras partes del decreto, por ejemplo, hay zonas que habría que demarcar mejor y darle una mayor prioridad en las áreas protegidas, en donde conviven las comunidades indígenas, porque ese es su hábitat natural, y no se puede ver al indígena como un perturbador, al contrario”. - ¿Usted cree que pueden convivir la actividad minera con la forestal en un ambiente como Imataca? y precisamente esa es una de las observaciones que se le ha hecho al decreto que autoriza la actividad minera y la forestal en unas mismas áreas. - La actividad minera en sí, por definición y por práctica no es una actividad sostenible. Se puede hacer que sea menos dañina, pero en general no es sostenible, pues no es compatible con el ambiente de ninguna manera. En ese punto habría que meterle mucha lupa al decreto, creo que hay muchas cosas en el decreto que quedan a libre interpretación. Indicó que el Decreto se consultó con las universidades en un acto público que se realizó en la sede de la CVG, pero “como todo, al final hay muchas cosas, opiniones y observaciones que se hacen y que quedan fuera por falta de tiempo”. Alertas para preservar La investigadora del Centro de Investigaciones Ecológicas considera que por la fragilidad de la Reserva Forestal Imataca y la intervención minera y forestal que se está desarrollando en esta área reservada, es necesario que “todos estemos alerta ante las cosas que estén pasando y en segundo lugar es importante la educación, tanto el conocimiento de lo que significa la biodiversidad como los beneficios que proporciona un ecosistema forestal, porque en la medida en que lo conocemos se quiere y se respeta”. “Hay que tener siempre en cuenta la necesidad de lograr un equilibrio entre los componentes ambientales, socio-cultural y económico”. - ¿En el caso de Imataca se ha logrado ese equilibrio? - Eso es lo que se quiere, y parte de este estudio es ir a la comunidad y darle información de esta investigación y tratar de aplicar la agenda 21 local. |