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Era finales de septiembre de 1982 y ya se habían iniciado las obras preliminares para la futura represa Macagua II que inauguraría Rafael Caldera 15 años más tarde. Eran apenas los primeros pasos, para ese proyecto -otro símbolo de la continuidad administrativa- que no sólo aportaría más megavatios al desarrollo nacional sino que cambiaría la faz urbana de Ciudad Guayana, uniendo mucho más a Puerto Ordaz con San Félix y abriendo paso a la ampliación del Parque La Llovizna. No obstante, el tema se hizo noticia por aquellos días por un aspecto negativo: surgieron fundados temores de que el proyecto podría poner en peligro la existencia misma del legendario salto de agua que ha maravillado a millones de personas desde el inicio de los tiempos. Como sabemos, Macagua II está construida justo antes de La Llovizna y se denunciaba que en las épocas en que las compuertas de la represa estuvieran cerradas no fluiría el agua hacia el salto. La polémica duró varios días, incluyendo alguna declaración de un funcionario que señalaba que "no se puede detener el progreso". En la edición del 28 de octubre se anuncia la visita a Ciudad Guayana de la proyectista principal y el 29 se registran sus declaraciones asegurando que "no se secará La Llovizna", explicando que con un modelo hidráulico a escala se corrigió el problema. |