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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. No es venezolano pero como si lo fuera. Sus novelas, relatos e incluso su obra periodística están tan entrelazadas con el alma latinoamericana, andina y caribeña que aquella noticia fue igual para todos, no sólo para Colombia.
El 22 de octubre de 1982, Correo del Caroní desplegó a ocho columnas, con letras muy grandes y una fotografía destacada la noticia: "Gabriel García Márquez gana el Nobel de Literatura". La nota de primera página estuvo acompañada de más despliegue en páginas interiores. De hecho, la contratapa fue entera para reacciones mundiales al tema y otra página interior ampliaba las informaciones. En una se incluye una fotografía de la agencia UPI, cuya leyenda explica que se trata de "archivo" pero lamentablemente no dice de qué año y en qué laboraba García Márquez entonces, aunque parece ser de su época de periodista, quizás incluso en la Venezuela de finales de los años 50, cuando como él ha contado muchas veces, "la caída del dictador Pérez Jiménez lo agarró en lugar privilegiado: Caracas". Lo cierto es que se trata de una fotografía rara, donde el gran escritor costeño colombiano luce irreconocible. Locura en Colombia "Cien años de soledad" cautivó la imaginación de millones de latinoamericanos e incluso de personas de todos los continentes. El realismo mágico, fue la expresión, acuñada desde entonces, que mejor definía aquella literatura, mitad novela de hechos insólitos, con colores que sólo la imaginación podía construir; mitad realidad de hechos, culturas y vidas de verdad. "Gabo" no se quedó en esa, su obra cumbre, por lo que El Coronel no tiene quien le escriba; El Otoño del Patriarca; El General en su laberinto; Crónica de una muerte anunciada; El Amor en los tiempos del cólera; colecciones de cuentos cortos y una antología de sus relatos y crónicas periodísticas muchas antes de ganar el Nobel y otras más tarde, reforzaron su nombre para afirmar que no era "flor de un día". "Colombia enloqueció de alegría", rezaba el titular de una de las notas publicadas en aquella edición de Correo del Caroní del 18 de octubre de 1982 explicando las diversas reacciones en el vecino país. "La academia de Suecia (organizadora de los premios Nobel), en su dictamen comparó a Gabriel García Márquez con el escritor estadounidense William Faulkner y con Honorato de Balzac", dice la reseña, en tanto explicaba que "su tumultuosa autenticidad refleja muy bien al continente americano". Entre Betancourt y Castro El presidente de Colombia, Belisario Betancourt, encabezó el júbilo nacional: "Los grandes son como el Gabo", dijo. Betancourt, jefe del partido Conservador, fue quizás el mejor de los amigos del escritor entre los presidentes de su país, a pesar de las diferencias ideológicas con García Márquez, hombre de izquierda, muy amigo a su vez de Fidel Castro. Esto último es quizás lo único que ensombrece la admiración de millones de latinoamericanos. Demasiada gente no comprende como armoniza un hombre de la universalidad de García Márquez con su amistad fiel a un dictador que ostenta un largo historial de crímenes y abusos a los derechos humamos convertidos en sistema y norma de vida. ¿Cuál es la diferencia entre ese tirano decrépito que es gobernante vitalicio de Cuba con el personaje de El Otoño del Patriarca? Hoy, tantos años después, millones de admiradores esperan ansiosos la segunda parte de las memorias de Gabriel García Márquez donde se cree que abordará el tema. |