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Investigación, selección y comentarios Damián Prat C. Foto Julacci Brito Revisamos el libro que contiene las ediciones de Correo del Caroní de los meses de septiembre y octubre de 1982.
El presidente de la República es Luis Herrera Campins ya en su cuarto año de gobierno aunque ya el país está en campaña electoral con un año de adelanto. AD proclamó a Jaime Lusinchi como su candidato y por ese mes hace su primera gira en ese rol a Guayana, el MAS lanza dos semanas más tarde a Teodoro Petkoff. Previamente, una alianza entre el PCV, el MEP y la Nueva Alternativa (separación del MIR) designa a José Vicente Rangel quien decide seguir como candidato, ahora con apoyo de otros, una vez que el MAS resuelve no apoyarlo luego de dos campañas. La Causa R comenzó esa campaña con Jorge Olavarría de candidato y solo faltaba Copei por decidir formalmente que Caldera sería su candidato. Los signos de la crisis que vendría Hay que recordar que Luis Herrera, al asumir la presidencia en 1979, dijo en su discurso: "Recibo un país hipotecado", en referencia a la gruesa deuda externa contraída por su antecesor, Carlos Andrés Pérez, parte de la cual era deuda de corto plazo, cuyos pagos gravitaban pesadamente sobre el presupuesto anual de la nación. Contra lo que podría suponerse por aquellas palabras, el gobierno de Herrera siguió endeudándose, de modo que para aquel mes de septiembre de 1982, un informe del contralor general de la República, Manuel Rafael Rivero, alerta sobre la gravedad del problema y sitúa la deuda en 150 mil millones de bolívares. Eran tiempos, por cierto, en que la Contraloría era un organismo vivo, no cómplice del gobierno de turno, que cumplía sus funciones. El alerta del contralor indicaba lo que ocurriría seis meses más tarde: la devaluación del bolívar por primera vez en más de 20 años de estabilidad de una moneda "dura". El adiós al dólar de 4.30. Responde molesto LHC En la edición del 3 de septiembre de aquel 1982, Correo del Caroní destaca las declaraciones del presidente Herrera: "Es alarmista el contralor, no está planteada la devaluación ni control de cambios". LHC también reclama prudencia del contralor "ya que declaraciones así, sin fundamento, afectan las finanzas públicas y la credibilidad del país". El mismo día, Humberto Celli, dirigente nacional de AD, aprovecha para sacar provecho político del tema y cobrarse el trancazo recibido en 1979: "Hoy es un chiste aquella frase de Luis Herrera de que recibía un país hipotecado", dice. Las cifras del Presidente Con apoyo de sus ministros del área económica, Luis Herrera Campins habla al país el día 6 y así queda reflejado en la edición del 7 en Correo del Caroní. La deuda pública es de 111.782 millones de bolívares, dice el Presidente y refuta informes publicados en el exterior. "No es cierto que sean 54 mil millones de dólares, ni es cierto que vayamos a entrar en moratoria". Detalla el ministro de Hacienda Luis Ugueto que la deuda venezolana se discrimina así: 1.- 41 mil 945 millones de bolívares de deuda externa de largo plazo. 2.- 37 mil 693 millones de bolívares de deuda externa de corto plazo. 3.- 25 mil 747 millones de bolívares de deuda interna, es decir, con la banca nacional. Reacciona el BCV Mas allá de la diatriba política, era cierto que el fisco nacional no lograba ingresar suficientes dólares para mantener al día los pagos de la deuda de corto plazo y para cubrir las compras de productos en el exterior, pues, igual que hoy, nuestra economía es de puertos, basada en la importación más que en la generación de riquezas propias. Obviamente que eso ocurría porque los precios internacionales del petróleo habían caído mucho con respecto al período anterior, el de CAP, que alcanzaron récords históricos de hasta 40 dólares por barril. Así el 27 de ese mes de septiembre, el Banco Central de Venezuela anuncia una nueva política cambiaria. No se trata de control de cambios, pero sí de que las empresas del Estado entreguen al BCV todas las divisas que obtengan por sus productos de exportación, en lugar de usarlas para sus propias compras en el exterior. "Cuando las empresas del Estado necesiten divisas para tales adquisiciones, las solicitarán al BCV", dice la explicación publicada como noticia en Correo del Caroní del día 28. Francisco Natera reclamaba por la autonomía de Pdvsa Una vez más, debemos escribir: "Las vueltas que da la vida". Sí señor, en la edición de día 29 de ese mes, encontramos una pronta reacción del dirigente de Fedecámaras y del empresariado de Guayana, Francisco Natera ante el anuncio del BCV. "En peligro la autonomía de Pdvsa", dice el titular, aludiendo a lo declarado por Natera, quien no podía imaginar que 20 años después sería ministro de un gobierno -y por tanto copartícipe de sus acciones- dirigido por un militar autocrático que acabaría totalmente con la autonomía de Pdvsa, convertiría a esa empresa en "caja chica" para manejar sus recursos a su antojo, sin control, a incluso acabaría con la autonomía del Banco Central. 20 años después, es decir ahora, Francisco Natera mira para otro lado cuando se habla de la autonomía de Pdvsa y aunque nunca habla del tema, era integrante del Consejo de Ministros cuando se aprobó el desmantelamiento de la principal empresa del Estado. Pero volvamos a sus declaraciones de 1982. El entonces dirigente empresarial admitía "la importancia de aumentar las reservas internacionales para responder a las exigencias de una exitosa negociación para refinanciar la deuda externa de corto plazo", pero se muestra inquieto y pide garantías acerca de la autonomía de Pdvsa que ahora quedará dependiendo del BCV para sus operaciones en divisas. Es obvio, que la autonomía de Pdvsa le parecía demasiado importante, seguramente para impedir que fuese manejada como caja chica del gobierno de turno. ¡Que vueltas da la vida! José Vicente ayer En toda esta historia no podía faltar José Vicente Rangel. El inefable José Vicente que sin ningún escrúpulo hace hoy como gobernante todo lo que criticaba ayer. En declaraciones desde Caracas, publicadas en Correo del Caroní del día 8 de septiembre de aquel año, Rangel dice: "si el contralor Rivero dice que la deuda son 150 mil millones de bolívares y el gobierno dice otra cosa, yo le creo al contralor. Luis Herrera no acepta esa verdad porque es confesión de su fracaso". En esa ocasión no completa su explicación pero en sus columnas de El Universal en los años noventa, agregaría una razón permanente: "Los gobiernos siempre mienten". ¿Y la deuda de hoy? Leyendo las cifras del Ministerio de Finanzas, uno se entera que en el año 2004, el gobierno de Hugo Chávez se endeudó en el exterior -en dólares- por 1 mil 580 millones de dólares más, para acrecentar esa deuda externa de largo plazo a 26 mil 416 millones de dólares. El lector que desee, multiplique esos 26.416 millones de dólares por 2.150 que es el cambio oficial de dólar a bolívar y obtendrá la cifra en bolívares de la deuda externa venezolana. Este redactor confiesa que tantos ceros son indigeribles y hace quedar como una "ñapa" sin importancia los 111 mil millones de bolívares (o 150 mil millones) que provocaban todo aquel debate en 1982. Porque hay más. La deuda interna del Gobierno venezolano hoy asciende a la cifra de 27.9 billones de bolívares, cuando en 1999 era de tan solo 2 billones. Con petróleo a 40, a 50 y hasta 60 dólares el barril, el gobierno de Hugo Chávez, del cual es vicepresidente el mismo José Vicente Rangel, en lugar de pagar parte de la deuda, endeudó al país con la banca y los proveedores nacionales en 25 billones mas de lo que estaba, es decir 25 millones de millones. ¿Cuántos ceros son esos? ¡Y todavía el caradura hace una cadena para venirnos con el cuento de que no le debemos nada al FMI! Será al FMI al que no le debemos, pero al resto de la banca mundial le adeudamos mucho mas que un ojo de la cara. Lo peor es que los créditos del FMI son los que cobran intereses más bajos. |