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Creció en una Ciudad Bolívar en la que cultores populares y juglares fueron sellando nuestros valores culturales, y en medio de ese ambiente siempre tuvo la convicción de que quería ser un artista.
Ivonne M. Rincón Moreno
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Foto Anita Marchese En el río Orinoco Ramón Morales Rossi ha encontrado más que un motivo de inspiración, halló los elementos necesarios para incorporarlos a su obra, de forma tal que su trabajo nace para y con el Orinoco.
Tal vez alguna vez usted se ha topado en el Casco Histórico de Ciudad Bolívar con un hombre alto, de contextura delgada, ojos claros, una barba canosa y un sombrero beige de paja, que recorre las calles disfrutando cada espacio, cada piedra y cada vista de Angostura. La obra de Ramón Antonio Morales Rossi se nutre de la propia naturaleza. Su casa-taller queda en pleno centro de Ciudad Bolívar, frente al Fortín El Zamuro. En la entrada hay una mesa de dibujo en la que esboza los modelos de sus obras y en la pared están dispuestas en unas repisas las miniaturas que realiza de modelo para todos sus trabajos. Desde que usted entra se respira arte y Orinoco, arte y río, arte y Angostura. Si sigue avanzando hacia el interior de la casa se va encontrando cada vez con más trabajos artísticos que tienen un elemento común: arena, piedras, palos. moriches y su visión muy particular sobre el Orinoco y su tierra. Nació en Ciudad Bolívar, muy cerca de la Plaza Miranda. Sus estudios de primaria los realizó en la escuela Heres, "yo siempre lo cuento con mucho orgullo, estudié en ese lugar y mis recreos eran a la orilla del Orinoco. Mi padre fue un poeta popular: Angel del Valle y mi madre fue una extraordinaria maestra de primaria. Tuve la suerte de conocer a juglares maravillosos como Alejandro Vargas, al Maestro Telmo Almada, Nicanor Santamaría, Pancho Osorio, Amílcar Carmona... y con el perdón de los demás que no recuerdo". De su infancia y juventud tiene muchos recuerdos. "En esa época el Estado no tenía nada que ver en la cultura, y eran juglares y artistas populares que se daban por entero, no se recibían recursos de ningún tipo y eso alimentó en la generación de nosotros algo bien lindo, que era descubrir ese mundo y participar". Confiesa que siempre le gustó la pintura, pero con el pasar de los años descubrió que su "fuerte" en las artes plásticas era la escultura, pues le daba la oportunidad de experimentar con los volúmenes, las texturas y así descubrió el encanto de una manifestación artística que le permite dar vida a troncos, piedras, pedazos de madera, mecates, metales e incluso arena de su amado Orinoco. Sentado en su taller, y rodeado de escudos indígenas que realizó con madera, hierro y piedras, explica entre risas que esos son "para protegerme. Pero fíjate que hay otros que son una hoja, van cambiando, porque la idea central es el recurso que tengo al frente que es el paisaje del Orinoco... entonces éstas -dice señalando las obras que inundan las paredes- son hojas, aunque para ti puedan ser otra cosa". Los inicios - ¿Estudió arte en Ciudad Bolívar? - Yo estudié en la escuela de Artes Plásticas como cualquier principiante... pero no estudiar, porque ese era un lugar abierto para los interesados y uno hacía las cosas, pintaba bodegones, naturalezas muertas. No había mucha explicación teórica de las artes, realmente era algo muy espontáneo y eso fue canalizando a cada uno de los jóvenes que participaban. Recuerda con mucho cariño sus años de estudio de la primaria, época que califica como "muy intensa" desde el punto de vista cultural, más que la época en la que estudiaba secundaria y la universidad. "Creo que eso fue así por el lugar, primero que mi madre fue mi maestra y fue muy fuerte porque no me permitía errores, y sin embargo era uno de los peores, jajaja, porque andaba siempre en la luna, mirando los pajaritos, escuchando cosas y atendía muy poco". Esa primera etapa marcó definitivamente a Morales Rossi, pues creció y estuvo muy atento a lo que ocurría siempre alrededor de la Plaza Bolívar, "estaba cerca de los sitios históricos, de la iglesia, el Orinoco y todos esos elementos que nos envuelven en la magia de Angostura y ahí me fui formando". - ¿Cuándo pasó a la escultura? - A la escultura pasé cuando ya era un hombre mayor. Me fui a Mérida porque descubrí a través de un amigo un taller de microfundición de metales, y es curioso porque yo vivo en Guayana donde tenemos la siderúrgica y no conocimos eso en la escuela, lamentablemente. Me fui a Mérida y ahí ya hacía escultura, descubrí nuevas técnicas en la Unavit que es la Unidad de Artes Visuales que hoy forma parte de la facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes, que fue una gran batalla que se ganó, porque empezó como un taller libre y hoy forma parte de la Universidad como carrera, egresando como técnico en microfundición, técnico en escultura, en cerámica, telares. En Mérida fue donde Ramón Morales Rossi empezó a trabajar la escultura en grandes formatos. "Siempre he trabajado con mis piedras, con mis arenas y con todo, cuando me fui a Mérida yo me llevé mi saco de piedras, arena y troncos", suelta entre risas. Confesó que no terminó los estudios de escultura en la ULA y entre risas aseveró que "es muy clásico en Ramón que nunca termine nada, en ninguna parte". - ¿Por qué? - No sé, duraba dos o tres días en un sitio y luego me iba... tres meses y luego me iba porque sentía que ya todo estaba listo y no había más nada que buscar. Descubriendo el Orinoco - ¿Cuándo descubre que la arena, troncos y cuerdas del Orinoco son buenos materiales para integrarlos a sus obras? - Hubo una época, no sé hace cuántos años, que me preocupaba mucho la ciudad, el deterioro de Ciudad Bolívar, entonces yo trabajaba mucho la fotografía y empecé a hacer fotos de las casas, las puertas, las ventanas y todas esas fotos en blanco y negro las trabajaba y logré hacer un trabajo serigráfico con arenas del Orinoco. En esos primeros intentos, Morales Rossi intentaba mostrar la belleza natural de su Ciudad Bolívar natal, de todo el entorno del río, pero también denunciar el abandono en el que se encontraba. Esa muestra que se llamó Angostura la real, se expuso en el Colegio de Abogados y luego fue presentada en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Mérida, y "por ahí se encaminó poco a poco el trabajo que he ido realizando". "Yo sigo con mis temas y hoy en día estoy trabajando con piedras amarradas, espigas, canoas, paisajes... todo lo que tiene que ver con el Orinoco", dijo. - ¿Cuando necesita algo se va al río a pescar materiales? - Sí, jajajaja, un amigo mío siempre me dice: "vamos para que hagas tu mercado", jajaja... pero lo hago cuando lo necesito realmente, porque no saco cosas por sacar, quizás antes lo hacía pero hoy le tengo respeto a eso. Si necesito una pieza de tantos centímetros voy con mi metro y me traigo sólo lo que necesito. Confiesa que aunque hay personas en Ciudad Bolívar a las que no les gusta la extracción de recursos de la naturaleza, él cree que de alguna manera hay que mostrar lo que tenemos y concienciar sobre la preservación de nuestra ciudad. "Es un problema sobre todo de filosofía, porque no es posible que uno viva en este lugar tan hermoso y tan mágico y que uno no pueda centrar las cosas con su entorno y presentarlas a los demás. Esa es una idea que estoy trabajando". Al lado de las repisas en las que están colocados los modelos a pequeña escala de su trabajo escultórico, Morales Rossi tiene otras piezas que son unas piedras del Orinoco amarradas con cuerdas o mecates que coloreó con arena roja del río para darles mayor identidad. - ¿Por qué amarra las piedras? - Es interesante, yo las amarro porque pienso que se me están perdiendo las cosas, siento que la identidad cultural es muy frágil... entonces, tendemos a perder muy fácil la información por la globalización y la tecnología. Las generaciones tienden a perder el norte de las cosas y yo las amarro para hacerlas mías, para que no se pierda ese símbolo de identidad de una tradición, de una cultura, de un entorno; y aparte de hacerla mía disfruto mucho la manera de amarrarlas porque cada una de ellas tiene una forma diferente y el amarre también es distinto. La riqueza del Orinoco A medida que este guayanés va hablando de su tierra y de su arte su mirada adquiere otro matiz, se llena de vigor, de fuerza... la misma fuerza que pone en el proceso de creación de cada una de sus obras. - ¿Cuando va a trabajar ya tiene una idea preconcebida de lo que va a hacer? - Bueno, es relativo, recuerda que tienes una información y un discurso de vida que vas madurando con el tiempo y va mejorando, y eso forma parte del trabajo. Se va haciendo un estudio de las piezas de acuerdo al formato, tú puedes guiar la pieza, tú puedes hacer los dibujos, pero cuando se presenta la realidad y tienes la piedra, y tienes la madera que puede ser una madera, que encuentres flotando en el Orinoco o un trozo de madera que compres en un aserradero, la textura del material es diferente. Es necesario adaptar los materiales a ello y eso forma parte de un trabajo técnico. Es probable que el resultado final se parezca al dibujo que hiciste, pero tiene variantes, a lo mejor no se sostiene de un lado sino de otro. El concepto sí siempre es el mismo y es muy rico, porque puedes tener el estudio de la forma, pero en la realidad es otra cosa... a lo mejor se parte el material. Morales Rossi explicó que no talla las piedras, sino que las utiliza "tal y como están, excepto algunas que tengo por allí y que les hice lo que yo llamo unos Códigos espaciales, pero por lo regular utilizo las piedras como las consigo. Eso sí, las limpio, las lavo, les paso un poco de cera para que brillen y se ven más agradables, pero no las transformo. - ¿En su obra está siempre la naturaleza? - Siempre. - Nunca le pasó por la cabeza cambiar el motivo de su obra. - No, no, porque creo que hay muchísimas cosas... cada vez que aparece una escultura aparecen 4 ó 3 posibilidades diferentes, este tema nunca se agotará y es más, es rico porque todos los días vas experimentando cosas cóncavas, planas, pero siempre trato de manejarme con la horizontalidad del Orinoco. - ¿Cualquier día es bueno para trabajar? - Yo le dedico toda mi vida a mi obra artística... todos mis momentos, todos mis espacios, por supuesto puedo visitar a mi madre, hablar hoy contigo, pero mi vida es mi obra. - ¿Usted siente el arte como su trabajo? - No, esta es mi vida, mi pasión... esto no es forzado, ni es una competencia con el tiempo, es mi vida. - ¿Qué es lo más difícil de su trabajo? - No hacer nada... eso me pone nervioso. Hay momentos en que uno necesita un tiempo y llega un momento en el que dices que vas a contemplar, pero a veces piensas que basta de contemplar y hay que trabajar. - ¿Y lo más satisfactorio? - Ver la obra lista, porque es como hacer un hijo, es como hacer algo para los demás. Cuando Ramón Morales Rossi no está trabajando en su obra le gusta "bailar con mi mujer, me gusta cocinar y cocino muy bien, tengo la letra bien bonita... jajajaja, no, me gusta vivir en mi casa, leer y creo que estoy marcado, no tengo tiempo para otra cosa que no sea esto. Puedo ir a una fiesta y bailo y canto y disfruto, pero siempre estoy pensando en mi trabajo". - ¿Con qué palabra definiría lo que ha sido su vida hasta este momento? - Pasión. De todo un poco - Un color. - Rojo. - Una ciudad. - Bolívar. - Una receta. - Alcachofas al Ramón, jajaja. - Un motivo para trabajar. - Cualquiera. - Un sueño. - El río. - El arte. - La vida. - Un paisaje. - Mi entorno. - Un lugar para retirarse. - La isla El Degredo, frente a Ciudad Bolívar. |