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Las puestas de Sol en el Delta del Orinoco, nombrado hace poco reserva de biosfera, son un espectáculo natural único en el que las nubes se engalanan de colores para rodear al astro rey, que es el centro de atención de tan mágica belleza.
Natalie García ngarcia@correodelcaroni.com
Naturaleza, creencias religiosas y cultura aborigen caracterizan al Delta del Orinoco, un rinconcito “tocado por Dios” donde el agua hace de las suyas, dando vida a innumerables especies animales y vegetales. Recientemente la Organización de Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró esta zona como una reserva de biosfera por su importancia, dándole así valor agregado a este lugar mágico habitado por los waraos. Para recorrer tan especial sitio, lo mejor es ir explorando la capital de Delta Amacuro, Tucupita, que es un abreboca de todo lo que se puede encontrar y una oportunidad para hacer turismo dentro del país y conocer las bondades de los estados vecinos de Bolívar. En Tucupita, a la orilla del caño Manamo, se pueden presenciar inolvidables puestas de sol, llenas de tonos rojizos, naranjas y morados que contrastan con un intenso amarillo del astro rey. El reflejo del sol en el agua es sencillamente un espectáculo que se intensifica cuando pasa una embarcación. Para escoger Así como en esta zona, en el resto del Delta hay un sinfín de lugares donde se presencian amaneceres y atardeceres sin igual. Los más de 70 brazos y canales de agua que desembocan en el Océano Atlántico son terreno fértil para inmortalizar semejantes “pinturas del cielo” que encierran tras de sí misterios e historias de colores, cuya paleta es inagotable. Pese a estas bellezas, aún no hay una infraestructura turística consolidada, sin embargo privados e indígenas, con ayuda de la Corporación de Turismo de Delta Amacuro, unen esfuerzos para lograr que en un futuro no muy lejano haya suficientes campamentos con comodidades para albergar a los visitantes. Por ahora los alojamientos, en su mayoría son rústicos y en perfecta combinación con la naturaleza, lo que permite disfrutar de algo distinto. Para gozar de una estadía en el Delta lo mejor es contactar a las operadoras de turismo en Tucupita y conversar en detalle cómo son los traslados y todo lo que se refiere al viaje y a las actividades. Como se trata de turismo ecológico y de aventura se debe ir preparado, en especial llevar protector solar, ropa fresca y cómoda, así como repelente de mosquitos. Disfrute variado Si por el contrario sólo quiere gozar de un buen atardecer y de la tranquilidad de un pueblo donde la inseguridad no ha hecho de las suyas, entonces su destino es Tucupita. Desde allí, en el Paseo Manamo, a la orilla del caño que le da nombre, puede disfrutar de intensos atardeceres. También en ese lugar puede comprar artesanía indígena. Si es devoto de la Virgen del Valle no se pierda el monumento que le hicieron a la Virgen a la entrada del pueblo y mucho menos las imágenes que están en las iglesias. Los tucupitenses son muy creyentes de la “Patrona de Oriente” y la Virgen es omnipresente. Tanto en la Iglesia San José, la más antigua, como en la Catedral Divina Pastora se respiran aires solemnes y de profunda paz, muchas veces buscada por quienes llegan a estas “tierras de gracia”. Además de esto, Tucupita es un buen lugar para comprar pescado fresco a buenos precios. Los pescadores suelen ponerse a la orilla de la carretera con sus productos y sorprenden con alguna que otra especie rara pero sabrosa, ideal para quienes gustan de los frutos de río. Datos importantes El Delta del Orinoco es una amplia región que tiene unos 70 caños o canales de agua que desembocan en el Océano Atlántico, son aproximadamente 18 mil metros cúbicos de agua por segundo que van al mar. Estas ramificaciones forman un “intrincado laberinto acuático” con una extensión aproximada de 40 mil kilómetros cuadrados. Dependiendo de la zona, la vegetación es bosque húmedo tropical o morichales y manglares. Esta zona es el habitad de los waraos “gente de las canoas”, quienes viven en palafitos sobre el agua y aún conservan muchas de sus costumbres. Entre sus tradiciones está el comer gusanos de la palma de moriche, los cuales suelen freír o asar. Los waraos son grandes tejedores y hacen espectaculares hamacas, cestas y envases de usos variados, que usualmente tienen vistosos colores. Los indígenas suelen vender sus productos y estos a su vez se comercializan en Tucupita y otros destinos. |