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Para Jesús Alexis Bello el arte es “la expresión subjetiva de Dios”, y por eso a través de cada una de sus obras ha intentado comunicar el amor universal, la energía del Sol, del cielo, de la Luna, en fin de un cosmos que nos habla de energía de Dios.
 La obra de este biólogo dedicado a las artes plásticas trata de comunicar el amor universal y los valores humanos más profundos Si hay un artista plástico guayanés que ha sabido conjugar en su obra la técnica con la espiritualidad y los valores, sin duda es Jesús Alexis Bello. Sus obras Un altar por el sol, Si, si, si y tu espíritu, Guardián del jardín, sus altares y cada una de sus creaciones son el resultado de densos procesos de meditación para lograr comunicar el amor del espíritu, el amor universal, el cosmos, la energía y por supuesto la mística universal. Sin duda, lo ha logrado y es que el arte es precisamente la alternativa para comunicar desde adentro, para tocar las fibras más intimas del ser humano. La entrevista con Jesús Alexis Bello se llevó adelante por fases, primero conversamos en su taller en el casco histórico de Ciudad Bolívar, ubicado en el Instituto de Artes Visuales Armando Reverón, desde donde ha desarrollado su propuesta artística al tiempo que sirve de guía a noveles artistas guayaneses que se han enrolado en la ardua tarea de impulsar el arte en su natal Ciudad Bolívar. En todo taller de arte reina el caos, y Jesús Alexis Bello acababa de recibir unas piezas que habían sido expuestas en la Sala de Arte de Sidor. Con cuidado va descubriendo cada una de esas obras que forman parte de una propuesta artística que pretende comunicar desde el espíritu. Desde el Instituto de Artes Visuales Armando Reverón, Jesús Alexis Bello ha trabajado duro por sembrar la semillita del arte. Del taller fuimos a la casa del artista, donde tiene otra área de trabajo que comparte con su familia, su esposa que lo ha acompañado en todo este trajinar y su hijo Jean de Jesús. De la biología al arte Con un especial orgullo asegura que nació en Ciudad Bolívar y deja claro que es hijo de Luis Pablo Alexis Rosso y de Eloína Bello Valera de la Plaza Miranda de Ciudad Bolívar. “La presencia del arte estuvo siempre en mí, desde pequeño. Pero yo sí estaba consciente de que quería ir a la universidad a estudiar una carrera de ciencia y tecnología. Soy biólogo egresado de la Universidad de Oriente y tengo una formación metodológica bien importante que me ha ayudado en este proceso”, dijo. - ¿Cómo se compagina la biología con el arte? ¿cómo se vinculan las ciencias exactas a algo tan abstracto como el arte? - Ese es un error, porque todo está interrelacionado. En el Renacimiento todo se vinculaba como una sola situación, y el Positivismo en el siglo XVIII separó el conocimiento en la formación, y por un lado dejaron la parte religiosa, la parte metafísica y la parte de la ciencia y tecnología la dejaron solita… y eso es lo que pasa ahorita por eso es que tenemos este gran desastre en la educación. Porque un egresado en ciencia y tecnología llega entonces a pensar que las humanidades no tienen un vínculo en su proceso de formación, y eso es un error. Bello asegura que la búsqueda del arte y de las humanidades viene del “propio espíritu que está en una búsqueda incesante de la metafísica, de los valores y también requiere el conocimiento científico. El problema es que ¿cómo enderezamos esta situación?... es difícil”. - De qué forma ha incidido esa vinculación en su obra artística. - Siempre estuvo presente en mí. Yo estudiaba biología y siempre estaba tratando de vincularme con la otra mitad, y yo tenía que atenderla. Yo trabajé en la universidad… amé profundamente mi biología ¡y con qué dolor la dejé!... pero vino el arte. Estuve hasta los 38 años dedicado al trabajo docente y de investigación, pero después ha sido un trabajo intenso en el arte. Yo tengo 58 años, y 20 años dedicado a las artes plásticas. La formación Estudió arte en el Instituto de Arte Federico Brandt en Caracas, “y allí me encontré con personalidades bien especiales. La primera persona que provoca que yo asuma el arte con responsabilidad fue la doctora Bélgica Rodríguez, porque recuerdo que cuando yo estaba en la universidad una amiga me regaló un libro que se llama La Pintura abstracta en Venezuela, cuando yo abrí ese libro me dije: Dios mío… que labor tan interesante, que convicción, que entrega”, y así fue que Jesús Alexis Bello decidió tomar la decisión que lo llevaría a dedicarse en cuerpo y alma al mundo de las artes plásticas. La otra persona que fue fundamental en este arranque de la actividad artística de Jesús Alexis Bello fue Manuel Espinoza, quien fue ministro de Cultura, y quien le orientó sobre la “estructura y el lenguaje de su obra”. En su rostro destacan unos grandes lentes que -confesó entre risas- lo acompañan desde que tenía 16 años de edad y no los piensa cambiar porque son “su gancho”. Recuerda que en el taller libre de artes plásticas también recibió clases de Alejandro Otero. Cuenta que por esos años de inicio en el arte, se convocó a los artistas a un salón de arte y él envió una obra. “Ahí quedamos Santiago Romero y yo, él se quedó con el primer lugar y yo con el segundo premio… luego tuvimos la oportunidad de ir a un concurso nacional y gané una beca para estudiar artes plásticas. Con esa beca me fui al Brandt con algo de dinero, le dejé algo a mi familia y pagué allá mis estudios por tres años. Yo dormía en el Instituto, en el piso con un cartoncito porque no tenía con qué pagar residencia, y a mí me pareció chévere, porque yo iba dispuesto a todo. Yo sabía que venía una época difícil porque el mundo del arte no es fácil, es muy complejo, no te da la estabilidad de un sueldo 15 y último. Esto es una aventura”. “Mi esposa cubría parte de las necesidades básicas, ella es licenciada en inglés y yo me quedé con la dedicación a las artes plásticas”. Todo con pasión A pesar de que en este momento el arte es todo para él, confiesa que cuando ve los avances de la biología molecular, los mapas genéticos, piensa que le hubiese gustado estar allí para aprovechar todos esos avances. “Amo profundamente la biología, pero uno en la vida no puede llevar dos cosas a la vez, se queda con una o con la otra. Pero la biología siempre ha estado presente en mí, y creo que en todo este proceso yo he combinado mis dos pasiones”. Bello trabaja con pintura abstracta y siente que en muchos casos esas ondas y esos trazos que realiza son una expresión muy subjetiva de la vida terrenal y también espiritual. “Si uno no tiene un conocimiento abstracto profundo, uno no puede sostener ese concepto, porque entonces parece como si faltara algo. Entonces, para profundizarlo hay que tener toda esa conceptualización, sobre todo con la matemática la física, y la biología… son ciencias duras pero importantes”. - ¿Nunca intentó con el arte figurativo? - Nunca intenté con el arte figurativo. Yo lo que trato de comunicar es el amor del espíritu… es difícil, pero lo que quiero expresar es esa expresión universal del cosmos, de ese amor universal, de esa energía mística universal que organiza las cosas. Allí es donde está el planteamiento del problema de toda esta obra. Y cuando tu ves en el microscopio ves también el desplazamiento de esa energía. Lo que buscamos Se confiesa como “judeo-cristiano” y deja claro que no es necesario tener una imagen de Dios para sentir esa energía de un poder superior. Algo que sí le preocupa es que en el día a día de la ciudad la gente ha “perdido la capacidad de ver el cielo… nosotros más nunca nos hemos parado a ver las nubes, el cielo o las estrellas, eso no puede ser. Entonces, tenemos que buscar otra vez ese mundo”. Con su obra Bello quiere lograr que todos rescatemos esa riqueza espiritual, esos valores que son nuestra esencia. “Cuando tu separas el conocimiento creas un caos y un control, porque la gente no halla dónde sujetarse, y en algunos casos ni los mismos religiosos saben defenderse ante una situación. En cambio, tú vas a la cultura Yanomami y es integral, es esa visión sintética”, dijo. - ¿Es eso lo que intenta hacer con su obra? - Sí, buscar otra vez esa respuesta, buscar otra vez las respuestas integrales, de todo el conocimiento. En mi obra se tiene que sentir este conocimiento de ciencia y tecnología en la estructura conceptual de la obra, la parte sacra que viene con mi mamá que fue ese altarcito con una velita prendida. - ¿Cómo es el proceso de creación? - Es automático, es una locura. Yo hubiese querido ser figurativo… porque era más fácil, porque para mí la creación de una obra es un gesto automático. - ¿Cuándo inicia una obra sabe de antemano qué es lo que va a hacer? - Absolutamente nada, porque es un impulso artístico, y después de ese impulso tú canalizas. El concepto sí lo tienes claro, pero tú no sabes lo que va a pasar y eso no se puede repetir. Tú podrás repetir una obra como la Monalisa, es fácil copiarla pero en la pintura gestual es muy difícil. - ¿Incide su estado anímico en el proceso de elaboración de una obra? - Es una entrega, es una meditación pura. Tú entras en un proceso de meditación, esa es la fase que te va llevando a una expresión que es automática. Después, como uno tiene la idea de un concepto se va armando el concepto… y esa es otra fase. Fíjate en mis altares que son bien rudimentarios comparados con las grandes estructuras. - ¿Cuáles son los materiales que utiliza? - Logro las texturas que quiero con pintura industrial acrovinílica, además de madera, arena, hierro, objetos encontrados. - ¿Hay sufrimiento en su obra? - No, en mis obras se ve pura alegría, no me interesa ese aspecto, porque si le vamos a llevar a la persona más drama del que estamos viviendo, me gusta llevarle a la gente alegría y sobre todo los valores, los aspectos religiosos que tanta falta hacen. Tiene que sentirse que la religión es importante, que la formación religiosa es importante. - ¿Cómo es su rutina, tiene que trabajar a una hora determinada del día? - No, esto no tiene horario, no hay ni sábado ni domingo, esto es corrido. Como pueden haber días que no hay nada. Es un proceso complejo porque la motivación para trabajar es muy íntima, es muy casual pero está permanente y no me puedo desprender de eso, porque tiene una presencia en el día a día. Valores y religión Jesús Alexis Bello se revela como un hombre sencillo, para quien ante lo material siempre prevalecen el espíritu y los valores. En su casa cuando no está creando una obra le gusta cocinar, no puede vivir sin música, le gusta leer y disfruta compartiendo con su familia. - ¿Qué es lo más satisfactorio de dedicarse a las artes? - Lo más satisfactorio es que uno está cumpliendo con una responsabilidad desde el punto de vista ético y desde el punto de vista del conocimiento, de la convicción. La responsabilidad de cada quien en su trabajo es importante, a unos nos toca en un área y a otros en otra, lo que tenemos es que echarle pichón, vamos a organizar los trabajos. Como artista plástico tengo que dar ejemplo de trabajo y de responsabilidad. - Si no se hubiese dedicado a esto ¿qué le hubiese gustado ser? - Ayyyyyyy, no….. yo me hubiese muerto. Lo que me gusta hacer es esto, creo que me hubiese ido para otra dimensión. - ¿Valió la pena cambiar la biología por el arte? - Sí, si valió la pena. Con esto concluyo mi vida y doy mi ejemplo para la ciudad. - ¿Qué significa para usted Guayana? - Ufffff… imagínate, nuestro origen, nuestra vivencia social, nuestros genes, todo el amor del mundo. Guayana es todo el amor de nosotros los que nos quedamos acá. - ¿Y el arte? - Es la máxima creación del hombre sobre la tierra, porque si no hubiese arte no se justificaría nada. El arte es la expresión subjetiva de Dios. - Un color. - El violeta. - Una ciudad. - Ciudad Bolívar. - ¿Y si no fuera Ciudad Bolívar? - El Callao. - Un escultor. - Ramón Morales Rossi. - Un pintor. - María Teresa Natera. - Un libro. - El Principito. - Una hora del día. - La una de la tarde, es mi hora preferida. - Un motivo para pintar - El amor por Dios. - Una forma. - El círculo, porque es el origen. Ivonne M. Rincón Moreno
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Foto Anita Marchese |