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Desde hace más de cuarenta años Marco Antonio Rodríguez se inició en la talla de la madera, gracias al oficio este indígena de la etnia piapoco ha logrado subsistir dignamente y darse a conocer -junto con su familia- a nivel nacional, a través de sus versátiles creaciones, basadas principalmente en representaciones animales.
Natalie García
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Foto William Urdaneta  Las tallas de la familia Rodríguez se distinguen por la vistosidad de sus colores y los perfectos acabados En 1967 el indígena de la etnia piapoco Marco Antonio Rodríguez, padre de tres hijos, tuvo su primer encuentro con la talla de la madera. Con ganas de buscar un sustento poco a poco fue haciendo animales de diversos tamaños, aunque su primera creación fue una embarcación con cuya proa era la cabeza de un animal y la popa su respectiva cola. A partir de ese momento su vida ya no sería la misma y hasta su familia se uniría a su pasión por reproducir con gran detalle cualquier figura animal que se pida. Hoy día dos de sus hijos y él continúan dándole vida a la madera, haciendo de ella las más insospechadas figuras. Muchas de estas artesanías se pueden encontrar -por ejemplo- en el aeropuerto de Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz, de seguro las reconocerá por la delicadeza de la talla y sus espectaculares colores, vivos y radiantes. Tras más de cuarenta años confeccionando obras de arte en madera, Marco Antonio Rodríguez dice que las cosas han cambiando mucho, sobre todo en la presentación de sus artesanías. "Antes lo dejaba al natural, no se usaban pinturas porque dicen que si nosotros vendemos 'pintao' entonces los criollos dicen que no es hecho de indio, tiene que ser hecho de criollo porque indio no tiene pintura, entonces antes vendía color natural, y los ojos eran peonías (semillas) bien 'acabaitos', bien terminados, pero ahora no, hoy en día la gente ya quiere pintura, brillo, broma y no sé qué más, pero hace muchos años no". Trabajo de todos El secreto de esta humilde familia ha sido mantenerse unida, todos conviven y se ayudan a la hora de hacer las artesanías. Mientras unos van y cortan la madera tipo "balsa" del río, otros están en la brega de tallar las figuras y otros las pintan. Todos están involucrados en el proceso creativo de una u otra manera, lo cierto es que esta familia ha logrado subsistir y darse a conocer gracias a este oficio que les depara unos ingresos constantes. Marco Antonio Rodríguez, afirma que ahora solo confecciona sus mini obras de arte, ya que son sus hijos los encargados de darle el vistoso colorido. Sentado en su silla a las afueras de la humilde vivienda, este hombre trabaja la madera huyendo del calor sofocante de Maripa, pueblo que lo acogió desde hace doce años atrás cuando salió del Amazonas en busca de mejoras para sus hijos. "Tengo cuarenta y pico de años, desde el 1967 y al día de hoy todavía estamos trabajando, cuando yo tenía tres hijos yo comencé a hacer madera, ya ellos pintan, yo no, yo solo hago y ellos pintan, y cuando no los tenía a ellos yo pintaba yo mismo, y así fue, hasta ahorita estoy dándole". Wilfredo Rodríguez, hijo de Marco Antonio, es quien de los hermanos lleva la batuta en el negocio familiar. Desde que tiene uso de razón coopera con su padre en procura de un sustento para todos. "Tenemos que trabajar, no podemos sin hacer nada y esto es lo que hacemos, en esta humilde casa tenemos las artesanías, ahora casi no tenemos porque se acaban de llevar un pedido, hacemos muchas piezas de animales, y encargos también". Gustos extraños Entre estas peticiones la más rara hasta ahora ha sido una momia egipcia que una vez le solicitó un turista extranjero. Wilfredo Rodríguez, admite que cada quien tiene exigencias distintas, por ejemplo a los "criollos" les gustan las piezas grandes, las que llevan mucho color. En cambio a los foráneos les parece mucho más práctico comprar artesanías pequeñas y si están al natural mejor. Pocas han sido las oportunidades de los Rodríguez para participar en ferias o exposiciones, ya que usualmente son invitados algo tarde. Pese a ello, han podido llevar sus obras a lo largo de la geografía nacional donde se dan a conocer en cada viaje que efectúan de vez en cuando. Los animales más pedidos por los turistas son los vistosos guacamayos y los loros. Los cachicamos y los peces son otros de los preferidos y usted los podrá ver en los distintos aeropuertos de la región, donde son asiduos proveedores de artesanía indígena. Recuerdos inolvidables Estar en el taller de los Rodríguez y no llevarse algo es un pecado, porque de seguro cualquiera de sus creaciones llamará su atención. Desde los bolígrafos de loro, tucán o guacamayo hasta los móviles de peces, sin olvidar los caimanes para colocar en la nevera. También puede preguntar por los bancos de madera con representaciones animales, que seguramente será uno de los elementos decorativos que cause sensación en su residencia. En fin todo lo que quiera imaginarse, hasta las figuras de los próceres de la independencia es confeccionado por esta sencilla pero acogedora familia de piapocos que emigró de su tierra para ser adoptados por el estado Bolívar. Para encargos especiales 0426-893.73.49. |